Un futuro distinto

Después de estos días, la lección que queda es la necesidad de utilizar nuestros recursos para actuar proactiva y colectivamente, para conocer a nuestros vecinos, para alzar la mano ante irregularidades y sospechas, para involucrarnos y sumar esfuerzos.

Por: Paulina Cornejo (@pacomova)

Tras el sismo y la crisis detonada por éste podemos al fin detenernos a observar y reflexionar sobre las cosas que funcionan bien, las que no, y las que tal como están no van a funcionar nunca.

El análisis en torno a la responsabilidad de las edificaciones dañadas y derrumbadas exige que hagamos un deslinde claro, el cual no puede ignorar cómo hemos participado como sociedad desde la desinformación, la falta de un sentido de prevención, el exigir cuentas y la denuncia.

Repaso mis innumerables encuentros en lo que son hoy edificios dañados, hogares y oficinas perdidas de amigos y conocidos, las bromas que hacíamos en torno a su aparente descuido, estabilidad, inclinación o falta de mantenimiento… los datos estaban y el hecho de pensar “si sobrevivió al 85, debe ser seguro” parecía ser el pase directo a la tranquilidad. Reflexiono en cómo habitamos y ocupamos espacios desde el desconocimiento -y complacencia-, y es que al elegir un departamento, escuela u oficina, pocas veces o nunca hemos pedido cuentas sobre su estructura, revisiones de seguridad, salidas de emergencia, uso de suelo, o adiciones, como tampoco –en nuestra mayoría- hemos promovido cuestionamientos y denuncias ante intervenciones sospechosas. ¿Qué me dicen de los pisos adicionales, helipuertos, remodelaciones, infraestructura publicitaria, antenas, cisternas y cuanta ocurrencia y adición han salido a relucir en los inmuebles afectados?

Escucho testimonios de inquilinos de edificios que, por cierto, pocas o raras veces saben quiénes son sus vecinos, cuyos propietarios se niegan a la inspección de protección civil o la visita de un DRO (Director Responsable de Obra) ; otros en los que los dueños se rehúsan a compartir información y planos de oficinas, en un inmueble con pisos añadidos y visiblemente deteriorado; otros que denuncian –algunos a través de redes – el estado de destrucción de los inmuebles y previenen sobre la intención de sus caseros de maquillarlos y rentarlos nuevamente, y en mi condominio, la distribución de un dictamen firmado por un DRO recientemente señalado por corrupción y falsificación de documentos relacionados a la gestión del cartel inmobiliario en la Condesa.

El problema principal no parece ser la falta de legislación ni de normativas de construcción adecuadas (siempre mejorables desde luego). En 2008 un sismo en Sichuan ocasionó el derrumbe de numerosas escuelas que habían sido construidas a prueba de terremotos. En 2010 Chile, uno de los países más reconocidos por su normativa antisísmica se vio también afectado por un gran sismo de 8.8 en el que si bien el saldo fue muy positivo dada la magnitud, dejó ver conflictos de intereses entre constructoras e inmobiliarias y gobierno.

En todos los casos, la ignorancia de los ciudadanos y la corrupción se cobraron víctimas mortales y es que delegar a las autoridades la implementación del código de construcción, su verificación y la vigilancia de edificaciones antiguas o en riesgo es una apuesta que sólo puede garantizarse mediante la participación de terceros y de ciudadanos que vigilen, denuncien y exijan de cuentas.

De manera similar al 85, quienes ahora representamos a la sociedad, incluyendo a los mil veces cuestionados millennials –una generación de jóvenes considerablemente más numerosa que la del 85- tenemos la obligación de responder con determinación, innovación y creatividad, tanto para retomar las tareas pendientes de las décadas pasadas, como para abordar los nuevos retos, desde los distintos ámbitos en que participamos.

En este sentido, ha sido alentadora la movilización social y la suma de esfuerzos continuos que en sólo 10 días han empleado sus recursos para difundir información útil, fortalecer labores de rescate, acopio, y promover la denuncia. Desde la publicación de mapas geológicos, el diseño de aplicaciones y la creación de plataformas colaborativas como Mapa Colaborativo (Google y sociedad civil), Verificado19s, Cómo Ayudar Mx, Info Sismo Mx, Localiza tu mascota, o Reporte Responsable; hasta la creación de formatos para la denuncia y recopilación de información como Trabajadorxs en riesgo, Jurídica19S, #MiEdificio; pasando por la creación de chalecos con luz led para los topos.

No obstante los esfuerzos, queda mucho por hacer para crear una conciencia preventiva en la que participemos como ciudadanos; que conozcamos los derechos y obligaciones que tenemos como propietarios y/o inquilinos y, si no existen o son insuficientes, que los generemos; que diseñemos mecanismos y herramientas tecnológicas basadas en datos abiertos para concentrar información sobre zonas de riesgo y del sistema de información geográfica que contiene usos de suelo, trámites y expedientes de predios (ese que según SEDUVI convenientemente “se cayó” con el temblor); que diseñemos espacios con enfoques preventivos. En fin, que utilicemos nuestros recursos para actuar proactiva y colectivamente, que conozcamos a nuestros vecinos, que alcemos la mano ante irregularidades y sospechas, que nos involucremos y sumemos.

Capacidad de organización, talento, herramientas y voluntad quedaron de manifiesto ante la crisis y, aunque tenemos que pedir cuentas y apoyar en la reconstrucción, también debemos aprovechar nuestra experiencia, aprendizajes y talentos para plantear un parteaguas y un cambio de mentalidad que nos lleve a asumir corresponsabilidad de los espacios que diseñamos, habitamos y ocupamos. Dicho esto ¿cómo piensas participar en la construcción de un futuro distinto?

 

* Paulina Cornejo es egresada de Historia del Arte por la Universidad de Barcelona y candidata a maestra en Estudios de Diseño por la Universidad CENTRO. Autora del toolkit “100 Tácticas Creativas para la Seguridad Ciudadana” ([email protected]).

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