Que ni una madre más sufra por muertes en accidentes de tránsito

"Se despidió de mi con un abrazo y un beso tan rápidos que si hubiera sabido que era la última vez que tendría a mi hijo en brazos jamás lo habría soltado".

Que ni una madre más sufra por muertes en accidentes de tránsito
J.A.I.M.E. (Jamás Apoyaré Ir Manejando Ebrio) fue creada por Dinorah Alcaraz en memoria de su hijo fallecido en un incidente de tránsito. Cortesía Dinorah Alcaraz

Por: Dinorah Alcaraz 

Mi historia comienza así: el 20 de mayo de 2004, mi hijo Jaime y yo nos levantamos muy temprano; era la graduación de secundaria de Jaime y él era muy puntual. Salimos a tiempo de la casa para llegar a la escuela y tener un buen lugar donde yo lo pudiera ver al momento en que lo nombraran. 

Jaime siempre fue un buen muchacho, cariñoso conmigo, simpático, amiguero, bromista, inteligente y operativo. Le gustaba experimentar y descubrir cómo funcionaban las cosas para después echar a andar su creatividad con inventos; como era muy persistente, lograba sus propósitos. Además le gustaba mucho el deporte, pertenecía a equipos de basquetbol, beisbol y futbol americano, su deporte predilecto, donde era el quarterback del equipo. 

El día de su graduación esperé con ansias su nombre, y cuando lo escuché grité como loca: “¡Bravo Jaime, bravo!”; sabía que él no me alcanzaría a escuchar pero me conformaba con que las personas a mi alrededor supieran que yo era la mamá de ese muchacho. 

Al terminar la ceremonia, Jaime me pidió permiso para celebrar en una comida con todo su grupo; después de comer fueron a la casa de José –uno de sus mejores amigos– donde continuaron la celebración. Más tarde ese mismo día me pidió permiso para dormir en casa de José; accedí, pues no era la primera vez que lo hacía y conocía a la mamá de José. 

Al día siguiente fui a recogerlo antes de emprender un viaje de dos horas para visitar a mi hermano, pero los dos muchachos me insistieron en que dejara a Jaime pues más tarde irían sus amigos. La mamá de José me dijo que ahí estarían. 

Aunque a Jaime nunca le dio pena besarme, abrazarme o decirme “mamá, te amo”, en esa ocasión se despidió de mi con un abrazo y un beso tan rápidos que pensé que le había dado “pena” con su amigo y lo dejé pasar… Si hubiera sabido que era su último beso y la última vez que tendría a mi hijo en brazos jamás lo habría soltado. 

Me fui y dejé la maleta que le había preparado. Ya en casa de mi hermano, en la noche, reíamos recordando anécdotas una pareja de amigos, mi cuñada, mi hermano y yo. Me levanté para ir por un vaso de agua y comenzó a invadirme mucha tristeza y preocupación. Me sentí tan mal que me despedí y fui a ver la televisión; eran las 2:20 de la mañana. A esa hora mi hijo perdía la vida y yo no sabía nada. 

No podía dormir y dos policías llamaron a casa de mi hermano buscándome. Me hicieron preguntas para asegurarse que era la persona que buscaban y, después, me informaron que mi hijo había sufrido un accidente y tenía que regresar a casa. 

Comenzaron las preguntas “¿Cómo está?, ¿dónde está?, ¿qué clase de accidente?”. Los policías sólo repetían que no sabían y que tenía que regresar a casa. Eran las 6 de la mañana, ¡Jaime debería estar dormido! Mi hermano me llevó a mi casa mientras yo trataba de comunicarme con alguien que pudiera darme más información. Le pedí a mi hermano que me llevara “derechito al hospital”, pero se negó y me dijo que mi esposo ya estaba esperándome. Estaba desesperada y enojada; llegué con mi esposo que me pidió, con mucha calma, que pasara a la casa, que teníamos que hablar. Alegamos, yo quería que me llevaran con mi hijo lo más pronto posible hasta que le dije “Ok, voy a pasar, pero Jaime no está muerto, ¿verdad?”; no pudo contestar, pero su reacción fue mi respuesta, volteé a ver a mi hermano para que me sacara de “mi error”, pero lloraba tanto que ya no había más que pensar. No sé cuántas veces grité su nombre, grité que regresara. 

Jaime y José acompañaron a la hermana de José a una reunión de sus amigos esa noche. Después fueron a un McDonalds a comprar algo de comer y, al salir de ahí, un auto en sentido contrario se estrelló contra el coche donde viajaban mi hijo, su amigo José y la hermana de éste, Valeria. Todos sobrevivieron menos Jaime. El impacto fue de su lado. 

Después llegaron a casa muchas personas, amigos, familia, vecinos, a ayudarte a “aliviar tu dolor”, pero nada lo puede curar. Aprendes a vivir con él, pero sigue doliendo como el primer día. 

Dejé de creer en Dios y comencé a culparme, a querer regresar el tiempo, a pedir perdón. “¡Denme chance, regrésenmelo, es mi hijo! Pero no hay nada que hacer, no se puede regresar el tiempo. 

En la capilla funeraria le prometí a mi hijo que iba a hacer algo para que ningún otro joven muriera por culpa de un conductor ebrio. Así, seis años después, nació J.A.I.M.E., siglas para “Jamás Apoyaré Ir Manejando Ebrio”. 

Debemos priorizar la movilidad de los ciudadanos con seguridad sobre cualquier otra consideración, ejerciendo un liderazgo compartido, con diálogo, consenso y pedagogía social para defender los valores éticos de la solidaridad, la convivencia y el respeto a la vida de los demás. 

Es importante que se apruebe la Ley General de Seguridad Vial porque, durante estos cinco años después del lanzamiento del Decenio de Acción por la Seguridad Vial, no alcanzaremos los objetivos ante la falta de compromiso de los gobiernos y esta ley es una medida perfecta para alcanzarlos. Como víctima de la violencia vial exijo voluntad política para tomar medidas efectivas e integrales para proteger la vida en el tránsito.  

Ya no temo a la muerte, ahora sé que cuando muera veré a mi hijo y espero que así sea. 

Dinorah Alcaraz preside J.A.I.M.E. (Jamás Apoyaré Ir Manejando Ebrio).

 

* Dinorah Alcaraz es presidenta de J.A.I.M.E. (Jamás Apoyaré Ir Manejando Ebrio), organización dedicada a promover el consumo responsable de bebidas alcohólicas y los riesgos de conducir vehículos en estado de ebriedad. 

 

Actualmente, en la Cámara de Diputados se discute la iniciativa de Ley General de Seguridad Vial que busca poner un piso mínimo a nivel nacional que nos permita construir ciudades y carreteras más seguras a través de una Agencia Nacional de Seguridad Vial, reglas claras de infraestructura segura, gestión de licencias de conducir, entre otras.

Si bien los datos son importantes, también cada una de las historias que, con una Ley General de Seguridad Vial funcional, pudieron evitarse.

Durante los próximos días estaremos publicando algunas de estas historias tanto en el espacio de opinión de Animal Político, como en TheCityFix México.

¿Tienes una historia similar y crees que una ley general de seguridad vial pudo haberla evitado? Envíanosla a [email protected]

Close
Comentarios

  1. Ines Alveano

    Siempre he pensado que las muertes de personas caminando o en bicicleta son más injustas que aquellas vidas que se pierden dentro de un vehículo. Pero después de leer tu texto, creo que indudablemente, todas las muertes de inocentes, en manos de culpables (velocidad, alcoholismo, negligencia), duelen lo mismo. Gracias por compartir tu historia.