Islas Revillagigedo, ¿reserva marina fast-track?

¿Por qué una iniciativa con un proceso ejemplar de participación pública para manejar el Parque Nacional Bahía de Loreto es detenido por años y la iniciativa para crear el Parque Nacional Revillagigedo con apenas tres meses de consulta pasa en la fila exprés?

Por: Andrea Sáenz-Arroyo

Hace ochos años tuve el privilegio de participar en el proceso de revisión del programa de manejo del Parque Nacional Bahía de Loreto en Baja California Sur,  que fue mediado por profesionales de la negociación. Fue un proceso en el que todos los sectores que se beneficiaban de la riqueza y belleza escénica de este lugar tuvieron la oportunidad de sentarse a negociar y, sobre todo, a dejar de pensar que lo que es bueno desde nuestro punto de vista es bueno para todos los actores.

Un año después de intensas reuniones sectoriales e intersectoriales en presencia de representantes de todos los niveles del gobierno, la sociedad civil le entregó a la autoridad un documento consensuado por la mayor parte de los sectores de lo que sería el nuevo programa de manejo. En el documento,  la sociedad le propuso al gobierno –y no al revés– incrementar las reservas marinas completamente protegidas de 200 a 6000 hectáreas; las áreas de baja intensidad pesquera de 0 a 9,000 hectáreas; proteger el área de alimentación de las ballenas azul y de aleta del ruido de los grandes cruceros, y prohibir el uso de  las motos acuáticas que rompían con el paisaje conservado para admirar la  excepcional belleza natural de este sitio.

El documento fue entregado a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) en 2010 y hasta el día de hoy sigue esperando que se revise en la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (COFEMER),  con la excusa de que había una fila de iniciativas delante de la nuestra. Sin embargo, la iniciativa de crear el Parque Nacional Revillagigedo, cuyo proceso de consulta empezó el pasado septiembre, está ya en COFEMER y corre la voz que se quiere decretar este mes.

¿Por qué una iniciativa con un proceso ejemplar de participación pública es detenido por años y otro pasa en la fila exprés? A pesar de que me cuido mucho del sospechosísmo crónico que padecemos todo los mexicanos, me cuesta mucho trabajo pensar que en esta iniciativa de crear con prisa la reserva marina más grande de Norteamérica en aguas mexicanas no haya ‘gato encerrado’.

¿Qué prisa tiene el presidente Enrique Peña  Nieto de decretar esta área sin el consenso de los usuarios, en particular del sector pesquero al que se les desplaza claramente del gran polígono que se pretende cerrar a la pesca?

La pesca desordenada es efectivamente una amenaza para conservar la integridad ecológicas de los océanos, pero no es la única.  El turismo desordenado puede ser una amenaza aún peor y como muestra tenemos lo que está sucediendo en el estado de Quintana Roo.

En este paraíso turístico la ausencia de incentivos a los municipios para regular el desarrollo urbano, ha provocado que en sitios como Akumal o Tulúm una gran parte de las aguas negras se filtre a los arrecifes de coral, desmantelando todas y cada una de las funciones que solían tener estos ecosistemas.

Satanizar una actividad económica para beneficiar a otra, de hecho, no sirve para arrancar la raíz del problema que es la ausencia de gobernanza. Hay pesca de bajo impacto, como hay turismo de bajo impacto y ambas actividades son compatible en un área protegida siempre y cuando estén bien reguladas.

La Ley General del Equilibrio Ecológico (LGEEPA) en la que se encuentra el capítulo que regula la creación y manejo de nuestras áreas naturales protegidas (ANPs),  fue impulsada hace casi 20 años por mexicanos comprometidos con una política de conservación incluyente. Por eso casi todas las categorías tienen la posibilidad de zonificar las actividades económicas y de conservación de manera que puedan ser evaluadas cada cinco años para saber si están o no cumpliendo con la políticas para la que fueron decretadas dichas áreas.

Si esta administración quiere de verdad aprovechar el momento para crear la reserva marina más grande de Norteamérica y proteger la joya ambiental que son las islas Revillagigedo, debería honrar el espíritu incluyente de la LGEEPA y promover una zonificación que nos permita entender y regular los impactos ambientales y sociales de las diferentes actividades económicas que suceden en el parque. Turismo por supuesto incluido.

Contrario a convertirse en un enorme legado, si el Parque Nacional Revillagigedo se decreta como parece que se pretende hacer, con un proceso rápido y poco incluyente, esta administración le heredará a los mexicanos un enorme conflicto. Cómo casi todo en la vida, el éxito de esta política dependerá del papel que juegue el diablo delineando los pequeños pero importantísimos detalles que definan claramente el por qué y para quién estamos creando esta importante reserva marina.

 

* Andrea Sáenz-Arroyo es Bióloga Marina con doctorado en Economía Ambiental, profesora investigadora del Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) y premio Pew de Conservación Marina en 2011 por su trabajo con las comunidades pesqueras de México para implementar programas de conservación y aprovechamiento sustentable de los recursos marinos.

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Comentarios

  1. Gill Raker

    –tu cierre es genial Doctora ¿por qué tan rápido y a quién le conviene? Beso… 😉 https://uploads.disquscdn.com/images/57e648ff0ccceab054dce77e01ae036293bd1d2c4732e332ca8cf75dc6690fe9.jpg