Seguridad alimentaria en China; lo que debemos aprender

Para China, la seguridad alimentaria radica en la autosuficiencia. Para México se centra en aumentar la productividad conforme a los requerimientos de los mercados.

Por: Diana Oropeza Higuera

El Plan Agrícola Nacional 2017-2030 de SAGARPA tiene como propósito garantizar la seguridad alimentaria de manera sostenible, pero ¿cómo entiende el gobierno mexicano la seguridad alimentaria? ¿Hemos acaso adoptado la definición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)? Y de haberlo hecho, ¿por qué? La intención de este artículo es invitar a la reflexión sobre el concepto de seguridad alimentaria (frente al avance del cambio climático, será un tema cada vez más relevante). El debate alrededor de las definiciones importa porque marca pautas y objetivos.

La definición de la FAO es la siguiente:

“La seguridad alimentaria a nivel individual, del hogar, nacional, regional y global se alcanza cuando todas las personas, en todo momento tienen acceso físico y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para satisfacer sus necesidades nutricionales y preferencias de comida para llevar una vida activa y saludable” (FAO, 2003).

De entrada, la definición de seguridad alimentaria contempla las tres dimensiones básicas que aseguran la alimentación de las personas: disponibilidad, acceso y estabilidad. Sin embargo, los esfuerzos por erradicar el hambre en términos de seguridad alimentaria sólo han sido codificados como tal desde la crisis alimentaria de 1974. La aceptación oficial generalizada de la seguridad alimentaria como objetivo no implica que la implementación del concepto sea estricta. Aquí hablaré principalmente de China, ya que ha escogido una interpretación muy particular de la seguridad alimentaria que enfatiza la autosuficiencia. En contraste, la visión mexicana se centra el aumento de la productividad conforme a los requerimientos de los mercados.

La FAO busca la seguridad alimentaria mediante tres objetivos complementarios: 1) la erradicación del hambre y la malnutrición, 2) la eliminación de la pobreza y el fomento del progreso económico y social, y 3) la administración y utilización sustentable de los recursos naturales como agua, tierra, aire, clima y recursos genéticos. A pesar de tratarse de tres objetivos distintos, el énfasis se mantiene en el acceso a los alimentos. La relación entre hambre y alimentos, aunque intuitiva, no es directa, ya que influye y es influida por el sistema político, económico, social y ambiental.

¿Qué es más deseable como objetivo universal que la erradicación del hambre? Aún así, no todos están convencidos que la seguridad alimentaria sea la mejor manera de resolver este perenne problema humano. La seguridad alimentaria, como una parte clave del desarrollo nacional, también forma parte de un proyecto político. Algunos académicos, entre ellos Lucy Jarosz (2014), argumentan que la seguridad alimentaria es un discurso político y su propuesta para la solución del problema del hambre proviene de la interpretación de algunos sobre el origen de la problemática. En ese sentido, el discurso de la seguridad alimentaria se asocia con la modernización de la agricultura, una narrativa en la que el incremento en la demanda se debe responder con un aumento en la producción a través de investigación científica–con particular énfasis en tecnología.

Resaltar el carácter político del concepto de seguridad alimentaria tiene la intención de marcar las diferencias con un concepto que, en cierta medida, es su rival: soberanía alimentaria. Este concepto emergió de grupos de la sociedad civil que buscan crear un espacio alterno de debate, pero sobretodo que señalan las relaciones de poder que conectan la producción y el consumo de alimentos con los conflictos sociales, económicos y ambientales. Esta narrativa denuncia el control desigual de los medios de producción agrícolas e introducen elementos de democracia local donde los pueblos nacionales puedan controlar su propio sistema alimentario.

La intención de este breve artículo no es evaluar las ventajas y desventajas de ambos conceptos, sino recordar que hay un proyecto político detrás de cada propuesta para la solución del hambre. China, por ejemplo, ha adoptado el objetivo de seguridad alimentaria. Sin embargo, no se ha ceñido a la definición de la FAO, sino que la ha adaptado para alinearla a su proyecto de desarrollo nacional. El objetivo último de la política de seguridad alimentaria china es la autosuficiencia, objetivo sin duda controversial, pues evoca tendencias proteccionistas. Clapp (2017), estudiosa de este tema, sugiere no verlo en términos binarios; para ella, más que considerar la autosuficiencia como un rechazo del libre comercio, se debe hacer como un deseo por aumentar la producción local de alimentos.

Ésta es un estrategia particularmente atractiva para países con grandes poblaciones como China, ya que tan sólo su demanda puede afectar los precios y transformar los mercados internacionales. Por ejemplo el caso de la soya, el bien agrícola menos regulado, muestra el peso que China puede tener en los mercados internacionales. A mediados de la década de 1990 China era autosuficiente en soya; de hecho era un país exportador. Sin embargo, desde 2000 se convirtió en el segundo importador más grande y para 2014, 80% de su consumo era importado, lo cual representa 57.7% del comercio mundial. Como resultado de la transnacionalización, la producción local de soya ha decrecido constantemente desde 2008.

La liberalización de la soya no es la única causa de la disminución de la producción local. Hairong et al. (2016) consideran que el Estado ha tomado la decisión de abandonar la soya y proteger los granos. La versión china de la autosuficiencia alimentaria es prácticamente equivalente a la autosuficiencia en granos, la cual contempla una ambiciosa meta de ser 100% autosuficiente en dos alimentos básicos: arroz y trigo. Así que, en el nombre de la seguridad alimentaria, el Estado mantiene el control firme de la producción, precios e importación de cultivos estratégicos para el consumo humano (arroz, trigo y maíz), mientras que ha permitido la liberalización selectiva de cultivos para la alimentación de ganado. Es posible especular que el abandono de la soya fue una decisión estratégica o una concesión comercial a Estados Unidos (principal exportador de soya –44% en 2015) en el contexto de la adhesión china a la Organización Mundial del Comercio en 2001 con miras a preservar sus capacidades regulatorias en otros mercados críticos.

El incremento en la demanda de alimentos en China, si bien responde en gran medida al incremento de la población, también contempla otros factores como la rápida urbanización, el incremento de los ingresos y del consumo de carne, resultados de la transformación económica china. Del lado de la oferta se enfrenta con asuntos como la escasez de tierra, la transición del estatus de la propiedad de la tierra, el movimiento de la mano de obra y capital a usos no agrícolas y degradación ambiental. El desarrollo agrícola chino, por decir lo menos, será desafiante. Ante tal panorama ¿por qué la insistencia en lograr la autosuficiencia? Las consideraciones pragmáticas de los precios internacionales no son menores, pero también hay una dimensión político-ideológica.

El Partido Comunista Chino siempre ha tenido una añoranza por ser independiente, autónomo de Occidente. Esta autonomía no quiere decir que rechacen el orden internacional. Su adhesión a los organismos internacionales que conforman la arquitectura de gobernanza internacional confirma que China acepta las reglas del sistema. Es más, su sorprendente desarrollo económico en las últimas décadas está estrechamente vinculado a su integración a la economía internacional. Por tanto, la autonomía que busca el gobierno chino se acerca más a la creación de un “espacio de desarrollo” (developmental space, según el término de Wade 2003) que le permita maniobrar sus compromisos internacionales para la consecución de su plan de desarrollo nacional.

Este impulso de autonomía está bien caracterizado en su política del arroz. Además de ser el alimento básico de los chinos, este grano representa una herencia cultural milenaria y un estilo de vida. El gobierno chino teme perder todo poder regulatorio, como sucedió en el caso de la soya, así que ha implementado una estrategia distinta. La autosuficiencia no implica solamente la producción de los alimentos, sino también el desarrollo y producción de sus propios recursos genéticos. En ese sentido, los chinos quieren evitar a toda costa que su acceso a la producción y consumo de alimentos esté limitado por patentes extranjeras. Por eso han invertido millones de dólares para crear capacidades biotecnológicas endógenas y desarrollar sus propias variedades genéticamente modificadas. En 2002 los científicos chinos decodificaron el genoma del arroz exitosamente y desde entonces han trabajado en variedades genéticas con rasgos diversos– como mayor rendimiento, mejor calidad nutritiva y resistencia a la sequía. La variedad más avanzada es la Bt, resistente a los pesticidas, pero aún no ha recibido el certificado de bioseguridad para proceder con su comercialización –un proceso que será evaluado con sumo cuidado.

A manera de conclusión, quiero recalcar que el acceso a los alimentos y el hambre no gozan de una relación directa. Asimismo, la implementación de una política de seguridad alimentaria está estrechamente vinculada con la manera de entender el origen del problema y el proyecto de desarrollo económico nacional. El caso de China, donde la autosuficiencia es el corazón de su interpretación de la seguridad alimentaria puede aportar lecciones para países como México –hay espacio de interpretación entre el libre comercio y la autosuficiencia, no hay necesidad de posiciones dicotómicas. El balance entre la producción local y las importaciones tiene implicaciones no sólo para la seguridad alimentaria nacional, sino para el desarrollo económico regional –qué tan inclusivo es– y para la preservación de los recursos genéticos. En ese sentido, la renegociación del TLCAN en materia agrícola se guiará por la interpretación mexicana de la seguridad alimentaria y la posición que ésta ocupe para el desarrollo nacional.

 

* Diana Oropeza Higuera es Licenciada en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y candidata a maestra en Economía Política Internacional por King’s College London.

 

Referencias:

Clapp, J. 2017. Food Self-Sufficiency: Making Sense Of It And When It Makes Sense. Food Policy 66: 88-96.

FAO. 2003. Trade Reforms and Food Security: Conceptualizing the linkages. Commodity Policy and Projections Service. Rome: FAO.

Jarosz, L. 2014. Comparing Food Security And Food Sovereignty Discourses. Dialogues In Human Geography 4 (2): 168-181.

Hairong, Y., C. Yiyuan and K. Bun. 2016. China’s soybean crisis: the logic of modernization and its discontents. The Journal of Peasant Studies 43: 373- 395.

Wade, R. 2003. What strategies are Viable for Developing Countries Today? The WTO and the Shrinking of Development Space. Review of International Political Economy 10(4): 621–644.

Planeación Agrícola Nacional 2017-2030, SAGARPA.

 

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Comentarios

  1. Lívar Iriarte

    Hay un error en el articulo, los pilares que se encuentran en la definicion de Seguridad Alimentaria son:
    a. ACCESO.
    b. DISPONIBLIDAD
    c. USO