La estupidez de las doctrinas (En México)

Más que estar discutiendo que si Chávez o que si Lenin o que si los rusos le soplan en la oreja a los candidatos, los mexicanos deberíamos preocuparnos por aquel candidato que esté haciendo caso omiso a la raíz de la violencia en nuestro país.

Por: Andrea Sáenz-Arroyo

Muchos amigos me hablan escandalizados porque expanistas dirigen la campaña de Andrés Manuel o porque el PAN se alió con el PRD y estas elecciones parecen más una suerte de orgía ideológica que un momento en el que los mexicanos podamos apostar por hipótesis para la conducción de nuestra economía.

Es cierto, muchos tienen razón en indicar que en ninguno de los candidatos hay una claridad en la doctrina económica que intentarían promover y que los ciudadanos estamos como perdidos en sobre qué es lo que votaremos en las próximas elecciones de julio. ¿Será que Ricardo Anaya  apuesta como algunas derechas a solo gravar el consumo para dejar que la riqueza se reproduzca? ¿Tiene Andrés Manuel López Obrador una clara intención de gravar la riqueza para invertir en una política de redistribución y en capital humano? ¿Es José Antonio Meade un claro ejemplo del neoliberal que luchará por reducir los impuestos para atraer inversión extranjera? Aunque es cierto que no hay respuesta a ninguna de estas preguntas, lo cierto es que en un país como México estas son por ahora preguntas irrelevantes.

El 2017 fue el año récord de asesinatos en nuestro país. Yo ya casi prefiero ni leer las noticias, por el miedo de encontrar más fotos de mujeres descuartizadas, jóvenes asesinados, personas secuestradas y dineros públicos que desaparecen con destreza houdinieana.

La sonrisa perpetua de nuestro presidente que nunca se le ha visto desmoronarse, conmoverse, apiadarse, quebrarse o romper en llanto por la violencia que impera en nuestro país, no solo duele, alcanza niveles de afrenta.  ¿Qué importa en un país con este grado de desmoronamiento social las hipótesis económicas sobre cómo nos irá mejor en el marco de esta economía globalizada, donde si los bancos asiáticos estornudan efectivamente salpican al peso?

Si  en estas elecciones los Trotskistas se mezclan con los Guadalupanos, o  futbolistas y artistas  y los de la derecha saltan a los brazos de los de la izquierda, es sencillamente porque las doctrinas económicas resultan irrelevantes cuando se trata de luchar por el derecho a  vivir en paz, por el derecho a una vida que no se encuentre perpetuamente amenazada por el miedo a perder un hijo, a ser asesinado por defender la naturaleza o a desaparecer por el simple hecho de discernir. Por el derecho a la transparencia, a la rendición de cuentas, a recuperar la confianza en el ser humano.

Más que estar discutiendo que si Chávez o que si Lenin, o que si los rusos le soplan en la oreja a los candidatos, los mexicanos deberíamos preocuparnos por aquel candidato que esté haciendo caso omiso a la raíz de la violencia en nuestro país que no son los delincuentes, que son solo un efecto, sino el estado permisivo que bajo la premisa de que la corrupción “es cultural”  ha dado puerta abierta a que muchos servidores públicos impartan la ley a discreción, sin transparencia, ni claridad en el balance de poderes,  sin ninguna rendición de cuentas.

Esta violencia es el resultado de gobiernos que una y otra vez eligen surfear en la ola de la ineficiencia y no afrontar un estado desarticulado. Poderes que se echan la bolita entre municipios, estados y federación, erosionando día con día la calidad de vida del ciudadano de a pie; porque ya no tienen agua, porque ya no tienen aire limpio, porque carecen de áreas verdes o porque sencillamente ya no les alcanzan ni las horas ni el dinero para pagar los pasajes para llegar a sus trabajos centralizados en la ciudades.

Países en los que sería impensable que exista una lista con nombres y montos asignados a los damnificados de los recientes sismos y que los beneficiados no hayan visto ni un peso de esos montos asignados; esos si se pueden dar el lujo de pensar en las hipótesis de cómo le irá mejor a una economía emergente como México bajo las condiciones actuales de la globalización.

Nosotros no, perdonen, estamos intentando restituir el valor de la palabra y el honor a la verdad. Nosotros no, perdonen, estamos desenterrando palabras olvidadas hace tiempo como interés público y bien común.  Nosotros no, perdonen, no tenemos tiempo ahora de eso, porque estamos intentando recuperar la paz en un país donde ni siquiera se habla con la justa dimensión de la guerra y la barbarie en la que vivimos.

A mis amigos confundidos por el batido ideológico de estas elecciones les diría no, no se preocupen por ahora de eso. Preocúpense por los candidatos que tratan de distraernos de los verdaderos problemas que ocupan en este momento a México con tesis sofisticadas sobre economía.

* Andrea Sáenz-Arroyo es Profesora-Investigadora en El Colegio de la Frontera Sur. Es Bióloga Marina con un doctorado en Economía y Medio Ambiente.

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