¿Estamos listos para otro 19 de septiembre?

Si consideramos lo acontecido el 19 de septiembre como un suceso extraordinario, no hemos entendido nada ni somos capaces de tener en mente lo innegable: va a volver a pasar.

Por: Humberto Adán Peña Fuentes (@adanmexic)

¿Podemos catalogar el sismo del 19 de septiembre de 2017 (19S) como un fenómeno extraordinario? Tal vez si lo miramos desde el punto de vista de la normalidad cotidiana es probable que lo podamos definir así, no obstante sabemos que esta gran ciudad se construyó sobre un antiguo lago y que a lo largo de su historia ha sido víctima de movimientos sísmicos de manera regular, es así que caracterizarlo de extraordinario es, por decir lo menos, inexacto.

Lo anterior viene a colación debido a que el 15 de enero del 2018 el gobierno de Ciudad de México presentó el Programa para la Reconstrucción de la CDMX (PRCDMX), en el cual existe una frase recurrente: “Acciones extraordinarias para una situación extraordinaria”. Esta frase llama la atención debido a que en la conformación de este programa se parte de esa y otras premisas que tratan a lo acontecido el 19S como un suceso “extraordinario”, lo cual hace que el enfoque de todo el instrumento parta del principio de considerar que lo relevante es salir de los efectos causados por el sismo y darle vuelta a la página. Nada más equivocado.

Me justifico, si consideramos lo acontecido el 19S como un suceso extraordinario no hemos entendido nada; no somos capaces de tener en mente lo innegable: va a volver a pasar. Como lo anterior es de las pocas cosas que tenemos seguras (estamos en el lugar número 5 de países con mayor riesgo de sismos según fuentes especializadas), debemos prepararnos para situaciones similares en el futuro, cosa que no se plantea de manera seria en el PRCMX, ya que más que en un programa es una serie de temas desarticulados, desordenados, sin mayor metodología de trabajo y presentación.

Creo que aún cuando este esfuerzo es un punto de arranque, como ha sido expresado varias veces por el jefe de Gobierno, debería sentar las bases de una política institucional de gestión de desastres con tiempos y plazos para la elaboración de un diagnóstico de daños por tipo de infraestructura (pública, privada, por sectores productivo, servicios, salud, educación, etc.), identificar los mecanismos de intervención alineados a los daños y establecer por último el esquema de financiamiento; nada fuera de lo que ya se ha hecho en otras experiencias internacionales (el caso del Programa de Reconstrucción Terremoto y Maremoto de Chile del año 2010 es un formidable ejemplo). No obstante, optaron por el desorden, la falta de planeación, articulación y coherencia en su propuesta.

Es difícil diseccionar el PRCDMX debido a su falta de claridad en su estructura (carece de un índice básico), pero poniendo un poco paciencia encontramos que se conforma de 13 apartados, en cuya primera parte encontramos los principios del Programa, la descripción del actuar institucional durante y post la emergencia (incluyendo numeralia de las acciones de gobierno y el número de beneficiarios), la descripción de algunas de las acciones direccionadas a la atención de las víctimas, los alcances de la Ley de Reconstrucción aprobada por la Asamblea Legislativa y algo similar a un listado de procesos para la atención de ciudadanos afectados. En ningún lado de se habla de la institucionalidad necesaria para el proceso de reconstrucción, ni del enfoque de planeación a seguir; tampoco presenta una visión general de lo que se busca y una imagen objetivo de la ciudad que se pretende construir después del sismo.

En una segunda parte se presenta un listado de directrices o líneas generales a considerar en el proceso de reconstrucción; algunos fundamentos programáticos a manera de artículos inconexos de especialistas; características generales de la Plataforma CDMX y algunas acciones de contacto vecinal, además de un listado de planes y programas nuevos y existentes que sin ninguna articulación pretenden atender principalmente a las víctimas del sismo. Brillan por su ausencia las necesarias revisiones de los protocolos para futuras emergencias, la evaluación de las capacidades de reacción, un diagnóstico de los recursos humanos, financieros y materiales necesarios para afrontar una situación de esta envergadura, los fundamentales esquemas de coordinación con la federación, y sobre todo la respuesta a una pregunta determinante: ¿qué enseñanzas nos deja este sismo y qué acciones tenemos que emprender para que podamos salir mejor librados la próxima emergencia, que como ya dijimos seguro vendrá?

Podríamos decir que el programa de reconstrucción dice más en sus carencias que lo que verdaderamente contiene y propone; más allá de formidables artículos de especialistas como Antonio Azuela, Mauricio Merino, Sergio M. Alcocer, Loreta Castro Reguera y Katia D’Artigues, no dejan de ser posiciones aisladas sin una congruencia en la totalidad del documento que permita identificar objetivos, alcances, metas y etapas del PRCDMX con claridad.

Cabe señalar que en descargo del gobierno de la Ciudad de México, este es un documento inacabado, que como cualquier instrumento de planeación debe ir mejorando de manera colaborativa, además que al ser un documento de ejecución deberá sufrir ajustes en el proceso de implementación.

Elementos como el mejoramiento en los sistemas de información geográfica que permitan generar mapas interactivos con fotografías en tiempo real de situaciones de riesgo; un sistema de indicadores que facilite medir los avances en la implementación del PRCDMX en el que participen actores de la sociedad civil en su seguimiento y evaluación; crear plataformas de datos abiertos en las que de manera colaborativa organizaciones de sociedad civil identifiquen áreas de oportunidad en la reconstrucción, materias como infraestructura vial, espacios públicos, puntos de concentración de personas, etc.; mecanismos de transparencia en tiempo real del ejercicio de los recursos, entre muchas otras acciones pudieran ayudar a fortalecer el documento y brindarle una conformación más moderna e incluyente.

Pero sobre todo, lo más importante es escuchar a la ciudadanía, dialogar y dialogar con las personas, con las organizaciones de la sociedad civil, con las organizaciones de profesionistas (no solo arquitectos e ingenieros), de artistas, de estudiantes, abrir el diálogo poniendo en el centro el tipo de ciudad que queremos para los próximo 30 años y que el próximo sismo se sorprenda al saber que lo estábamos esperando.

Colofón:

Los días 28, 29 y 30 de enero de 2018, organizaciones, asociaciones civiles y colectivos organizan el primer “Festival de la CIUDADanía 19s” en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México. Será un muy buen foro para discutir las agendas de reconstrucción después del sismo del 19s, pero sobre todo un espacio para preguntarnos ¿hacia dónde queremos que vaya nuestra ciudad? Aquí toda la información.

 

* Humberto Adán Peña Fuentes es consultor en Políticas Públicas y candidato a Maestro en Planeación y Políticas Metropolitanas.

 

 

Fuentes para consulta:

Gobierno de Chile: Programa de Reconstrucción Terremoto y Maremoto del 27 de febrero de 2010.

Gobierno de la CDMX: Programa para la Reconstrucción.

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