El petróleo no se acaba, pero el tiempo sí

Los combustibles fósiles no parecen acabarse y la energía renovable no se vuelve más barata. Se necesitan mejores políticas públicas para el medio ambiente.

Por: Daniela Melisa Gómez Treviño (@DanielaMelisa91) (@ChicagoPolicy)

El petróleo es un recurso no renovable: por esta razón, en los años setenta comenzó a circular la creencia de que iba a acabarse muy pronto. Eso ayudó a disminuir la preocupación de que el petróleo y los demás combustibles fósiles agravarían el cambio climático. Se pensaba que, como el recurso se iría terminando y bajaría la oferta, el mercado desarrollaría tecnología y crearía fuentes de energía alternativas, bajando también la demanda de petróleo. Sin embargo, varias décadas después, la profecía sigue sin cumplirse. Según un estudio reciente de Covert, Greenstone y Knittel, profesores de la Universidad de Chicago y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, la oferta de petróleo no está disminuyendo y los costos de producir energía limpia no son ni serán lo suficientemente bajos para reducir el consumo de combustibles fósiles en el mundo.

Existen dos poderosas fuerzas de mercado que podrían reducir —sin ninguna intervención gubernamental— el consumo de combustibles fósiles: la oferta y la demanda. La teoría sugeriría que, si la oferta de petróleo y otros combustibles fósiles se está agotando, el costo de seguir extrayéndolos aumentaría hasta llegar a un punto donde ya resultaría más costoso que producir energías renovables. A la vez, los avances científicos incrementarían la eficiencia energética y reducirían los costos de las energías renovables, haciéndolas más competitivas que los recursos no renovables, y la demanda empezaría a consumir estas energías alternativas. Sin embargo, los investigadores encuentran que no hay evidencia de que las fuerzas de mercado estén actuando en esta dirección y, por lo tanto, se necesita una intervención gubernamental agresiva para realmente reducir el consumo de combustibles fósiles.

En el estudio se analizan las tendencias históricas de la oferta de combustibles fósiles y los costos de producción de energías limpias. Debido al continuo descubrimiento de nuevas reservas petroleras, la duración esperada del petróleo se ha mantenido constante en 50 años durante las últimas tres décadas, según los niveles de consumo anual. Los avances tecnológicos han hecho más accesible extraer petróleo de fuentes que en el pasado resultaban sumamente costosas. Las reservas probadas de gas natural y petróleo han incrementado constantemente a una tasa de 2.7%, y la probabilidad de éxito de extracción y exploración ha aumentado. Es decir: cada vez es más fácil extraer petróleo.

Por el lado de la demanda, los investigadores predicen los precios relativos de tecnologías limpias y fósiles en Estados Unidos en la próxima década. Calculan el costo promedio a largo plazo de distintas fuentes de energía y encuentran que, incluso en el caso de la energía solar (de las más competitivas), el costo es el doble que el de la producción de gas natural. Otro problema es la intermitencia de las energías renovables. Tanto el sol como el viento son fuentes que no producen energía de manera constante, lo que hace necesario un mecanismo de almacenamiento que implica costos adicionales. Además, la demanda neta de energía es menor durante el día (las personas utilizan más luz eléctrica al volver a sus hogares por la noche). Sin embargo, las energías renovables pueden aportar más en las mañanas cuando la energía es más barata y, mientras más productores de fuentes renovables entren a cubrir esta demanda, se vuelve menos atractivo invertir en un mercado que promete tan pocas ganancias.

Los autores concluyen que, sin una intervención gubernamental agresiva, seguirá habiendo una dependencia masiva de recursos fósiles. Las políticas actuales, enfocadas en incentivar la acción “natural” de las fuerzas del mercado, no son suficientes para disminuir las emisiones de dióxido de carbono. A este ritmo, la temperatura promedio del planeta podría aumentar entre cinco y siete grados centígrados en los próximos años, muy por encima de los dos grados que se ha comprobado que serían suficientes para causar daños irreparables. Existen dos fallas de mercado fundamentales que deben solucionarse: los productos que generan emisiones de gases de efecto invernadero son más baratos de lo que deberían, y la investigación en energías renovables tiene menos fondos de los necesarios. Incluso con los impuestos al carbono y los límites al volumen de su producción, la tecnología está trabajando en sentido contrario y disminuye, cada vez más, los costos de producir combustibles fósiles.

* Daniela Melisa Gómez Treviño escribe para Chicago Policy Review y es candidata a maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Chicago (2018). Es politóloga e internacionalista por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Le interesan los temas de migración, energía y medio ambiente, así como las relaciones internacionales de México.

Chicago Policy Review busca disminuir la brecha entre la investigación académica sobre políticas públicas y las soluciones prácticas que requieren los tomadores de decisiones. Producida por estudiantes de posgrado de la Universidad de Chicago, esta revista digital toma estudios empíricos complejos y los sintetiza en artículos concisos y accesibles, además de llevar a cabo entrevistas con profesionales en el campo para conocer sus puntos de vista. 

Referencia: 

Covert, Thomas, Greenstone, Michael & Knittel, Christopher R. “Will We Ever Stop Using Fossil Fuels?”. Journal of Economic Perspectives. Vol. 30 (2016): 117-138.

Close
Comentarios