El racismo y su negación en México

La existencia del racismo no molesta a la sociedad en general tanto como su mención. Quizá porque recuerda que esos mantras vacíos de “el cambio está en ti”, en los que el grupo mantiene su ideología, son completamente falsos y que hay personas con privilegios que tienen muchas más oportunidades más allá de sus capacidades. Admitir el racismo es admitir que la riqueza propia es mal habida.

Por: Tonatiuh Suárez Meaney, Jair Arriaga Carbajal y Andrés Portilla Martínez

Ni soy color negro
ni soy pintura roja
ni pigmento amarillo
ni coloración blanca
sino sólo un hombre
¡Ábreme, hermano mío!

René Philombé

 

A los güeros les va mejor

En 2016, el INEGI elaboró la Encuesta de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI2016) y en 2017 como parte de sus obligaciones, la dio a conocer de forma tanto técnica, por medio de su web acompañada de metodologías y microdatos descargables (INEGI, 2017), como social por medio de sus redes. En particular, el presidente del instituto tuiteó –seguramente sin ayuda de un redactor profesional– sobre uno de los hallazgos inmediatos de la encuesta:

No era una noticia. Para sí irnos lo más lejos posible, el mismo famoso cuadro anónimo del siglo XVIII que descansa en el Museo Nacional del Virreinato de Tepotzotlán, donde explica las 16 castas de la época, habla de los orígenes del fenómeno racista conocido por todos (o casi todos) que mantiene su esencia pero que ni siquiera comprendemos a profundidad (Vázquez Parra, 2017) y es hora de comprenderlo.

Pintura anónima que muestra las 16 castas de la Nueva España (tomado de http://cronicadecastas.blogspot.mx/).

El tuit, tal como debe, no establece ningún juicio de valor ni busca asociar causas y efectos, y ni siquiera habla de razas o racismo; sólo se puede inferir a partir de ese mensaje que los grupos de afinidad biológica (pues como veremos las razas no existen) se comportan económicamente de forma distinta.  Es debido a que conocemos el contexto, que podemos concordar con Francesca Gargallo (2005) en que “todos somos mestizos pero a los más blancos les va mejor”. Poco después de aquella publicación y sin el mismo rigor pero con suficiencia periodística, El Financiero (2017) dio a conocer una encuesta propia (sin mostrar microdatos) en la que establecía que el 40 % de la población creía que “a los güeros les iba mejor”.

Del análisis superior al a-análisis inferior

Lo importante de esas encuestas públicas o privadas es que además de que nos permiten confirmar los hechos que han sido vox pupuli, podamos investigar qué tan grande es el fenómeno del racismo, si avanza o retrocede, con que otros fenómenos se relaciona y al poderlo medir, lo podamos combatir conociendo su localización, sus causas y sus actores; para ello, el INEGI proporciona los microdatos y metadatos. Hasta ahí llega su obligación. Al buscar cierta independencia del gobierno, y mantenerse ajeno en opiniones, sólo publica datos y algo de información (datos procesados) que los científicos tienen el deber de transformar en información, y las organizaciones y sociedad el de transformarla en decisiones “sabias” que logren la mejoría de todos; lo anterior, al menos si siguiéramos el esquema de administración del conocimiento de Afckoff, de la transformación de datos en sabiduría (Ackoff,1989) que también cuenta con sus detractores (cfr Frické, 2009; Jennex, 2009).  Si existiera algo así como un “análisis superior” debería ser en ese sentido.

La existencia del racismo no molesta a la sociedad en general tanto como su mención. Quizá porque recuerda que esos mantras vacíos de “el cambio está en ti” en los que mantiene el grupo su ideología, son completamente falsos y que hay personas con privilegios (sobre todo en países con instituciones frágiles como México) que tienen muchas más oportunidades más allá de sus capacidades. Admitir el racismo es admitir que la riqueza propia es mal habida. Pero el racismo y la segregación en México es un hecho bien documentado cuya existencia no puede estar a discusión; su conocimiento está hoy al alcance de todos en un reciente libro de Elizondo Mayer (2017).

A veces nos podemos guiar (y sólo guiar) qué tanto lastima algo al status quo más convencional por ese ruidito que hacen sus voceros. En respuesta al tuit del presidente de INEGI que hablaba de un hecho objetivo, se liberó un intento de linchamiento. El más típico provino de un violento comentarista radiofónico llamado David Páramo que cuenta con cierta audiencia, en forma de tuit que se puede leer en la figura 3:

Junto con los autores de 76 “likes” a su emisión, el comentarista no logró entender la diferencia entre “diferencias entre grupos”, “práctica del racismo” y “medición del racismo”. Entre su galería incontinente de tuits, hay muestras del autollamado en su perfil, “análisis superior”:

A juzgar por el comportamiento del personaje, parece ser que el “análisis superior” es un estilo para lograr en vez de demostración, consenso medido por “likes”, con ayuda de agresión verbal primitiva y quizá hasta física, según las amenazas vistas en las cadenas; en realidad es una “técnica” de persuasión algo común entre las personas no entrenadas para el debate (o sobreentrenadas en el pleito verbal), basada en las principales y más simples falacias argumentativas informales, es decir el análisis o la ausencia de análisis, que es una práctica de la que el comentarista no es padre pues el verdadero fundador lo fue Protágoras varios siglos antes de Cristo. Llega al grado de decir que el presidente del INEGI, Julio Santaella, “no pudo contenerse ni hacerse a un lado de la legión de imbéciles” (Páramo, 2017), con lo que tira sus propios argumentos, pues el presidente del INEGI podrá ser un millón de cosas, pero sería extremadamente difícil acreditarle imbecilidad.

No sólo logra confundir sobre los logros de la estadística, sino que trata de invertirlos. Las estadísticas de los países cuando son objetivas, buscan conocimiento, que a su vez sirve para formular acciones de gobierno correctas. En el exorcismo de mencionar un hecho racista, considera que mencionar hallazgos sobre un fenómeno es contribuir con el fenómeno. Tan inferior es el “análisis superior” que el comentarista se hace bolas en su impresentable artículo ya de más de 140 caracteres, donde “critica” el “racismo” del INEGI (Páramo, 2017): “Sería mucho más preciso que el estudio se hiciera con base en la estatura, número de calzado o talla de cintura”. Si bien es cierto que existen estudios (y desconocemos si el tuitero tiene conocimiento de ellos) que muestran que las personas altas ganan más (Harford, 2009) esto es parte del mismo racismo. Y el argumento circular sería como decir “las víctimas del racismo tienen características raciales”.

Ya Luis Ángel Monroy (Monroy, 20/6/2017) en su momento en la Revista Nexos se encargó de desbancar la negación del racismo en México basada en el “análisis superior”; cita incluso un estudio científico experimental que lo demuestra en el ámbito laboral (Arceo, Campos, 2014). Lanzagorta (2017) de la misma revista, dice: “Es increíble que la existencia de un racismo sistémico en México sea un asunto que necesite ser demostrado empíricamente”. Sin embargo, la encuesta y los estudios científicos no tienen solo el interés de demostrar empíricamente que el racismo existe, sino encontrar la dimensión y localización de la segregación.

El efecto de negrito a nito

En Estados Unidos, por su propia historia, es común preguntar a las personas en distintos cuestionarios y encuestas por la “raza”, lo cual en México se considera de mal gusto por una urbanidad que sólo disfraza el racismo con el exorcismo de la palabra, cuando en el mundo la concepción de “negro” es reivindicada, como en el poema de Victoria Santa Cruz:

“De hoy en adelante no quiero
laciar mi cabello. No quiero
Y voy a reírme de aquellos,
que por evitar -según ellos-
que por evitarnos algún sinsabor
Llaman a los negros gente de color
¡Y de qué color! NEGRO ¡Y qué lindo suena!”

A Crí Crí lo acusaron de racista por su canción del Negrito Sandía, quizá porque presuponía que por ser negro decía groserías, pero era por no exorcizar la palabra. Bimbo tuvo que cambiar el nombre del pan de hotdog con chocolate llamado Negrito a Nito.  Según el estándar mercadológico, cuando Bimbo cambia el nombre a Nito, ya deja de ser racista. Sólo a Fox con su “ni los negros” pudo escapársele tal detalle de urbanidad sufriendo una tunda posterior. Como en México no es muy grande la población llamada negra, se cree que no hay racismo, pues se piensa que el racismo solo va contra la “raza” negra, aunque sea evidente que pueda ser a cualquiera otra. Si el Negrito de Bimbo, en vez de llamarse así se hubiera llamado Chinito, no le hubieran cambiado el nombre, y la prueba es que el cloro El Chinito sigue existiendo. Hoy los chinos en México no ganan menos que la población en general como sí pasa con la población indígena o la negra (aunque sí vivieron una época de segregación). Por eso se considera poco amable decir “indito”, “negrito” y no “chinito”, “güerito”. Y ni siquiera se usan los términos “judito” (no cuenta israelita que lleva el seudo diminutivo implícito), o “arabito” que son referentes a poblaciones que en México lejos de sufrir rechazo han gozado reconocimiento sobre todo empresarial. Que Bimbo llamara Negrito a uno de sus productos era según esta perspectiva, la misma aceptación expresa de que se llamara Diabetiquito. Es un tema económico.

Si los exorcismos fueran aislados no preocuparía, pero se extienden no sólo por México sino América Latina. Según Dulistky (2000), en América Latina el racismo evidente es negado, por medio de distintas técnicas que se pueden clasificar en: eufemismos (cambiarle de nombre), legalismo, negación de la responsabilidad y aislamiento (apelar a la no generalidad del racismo) (Dulitzky, 2000; 10pp). Sólo habría que añadir las del “análisis superior”.

La magia del racismo que existe aun sin existir las razas

Vemos que es irrelevante la discusión de si el racismo existe pues es evidente su práctica y además su fundación doctrinal por su “padre” Arthur Comte de Gobineu, quien en su libro The inequality of human races (1915), de forma seudocientífica y también con recursos heredados de Protágoras, defendió la práctica de la segregación y discriminación que culmina con la diferencia económica entre lo que él llamaba “razas” diferentes. A esta ideología se le han sumado muchas personas en todo el mundo en distintas épocas, y México no ha sido excepcional en eso.

Paradójicamente, aunque el racismo exista no existen las razas. El racismo es simplemente la práctica y doctrina de pugnar por la diferencia necesaria entre lo que llama razas. Curiosamente, la negación de esa práctica cuando es evidente, es parte de la misma práctica pues la negación del hecho argumenta por la elusión de las consecuencias a quienes lo han practicado, que dicho sea de paso, es un delito en casi todo el mundo incluyendo México.

La existencia de las razas humanas en sí, ya no es reconocida por la ciencia moderna, que prefiere referir “afinidad biológica”. Pues las razas implicarían una diferencia significativa en el ADN de los grupos, misma que no existe. No es algo nuevo, desde los años 60 Brace (1964) (Livingston y Dobzhansky, 1962) y sus seguidores postularon la inexistencia de razas humanas y animales. En los años 90 el debate se extendió a las ciencias forenses, las principales usuarias del concepto que no le encuentran utilidad como concepto discreto (Sauer, 1992). Ya casi para entrar al nuevo milenio Templeton (1998), mostró lo que ya se había discutido: que las razas (o subespecies) no existían, al menos en el humano, pues las diferencias genéticas no eran puras y no alcanzaban para definir un linaje y solo servían para describir un poco su geografía pues las diferencias entre humanos no muestran diferencias genéticas sino adaptativas.

La ciencia actual, sólo le da a la raza el nivel de constructo, un concepto al que se asocian un grupo de características con fines comprensivos, pero que no existen de forma discreta, más allá de la mente. Por eso el concepto de raza se enfrenta a muchas contradicciones, por ejemplo, ¿[email protected] [email protected] de las parejas “interraciales” de Bowie e Iman Mohamed, o de Mat Damon y Luciana Barroso, de que raza serían? Por eso es irrelevante que existan las razas para que el racismo exista, y puede fundamentarse en otras características humanas como las costumbres, la música que “el otro” escucha, la habitación, o la forma de la cabeza y huesos que pugnaba Lombroso, quien logró con su positivismo legal, criminalizar a los grupos de afinidad biológica no hegemónicos en europa y exportarlo al resto del mundo, al grado que nuestras leyes aun tienen un alto contenido positivista (como culpar al criminal del crimen sin referir su entorno). Dado que las razas no existen ni las diferencias a las que el racismo apela, la discriminación por cualquier característica humana es simple y llanamente racismo, por ejemplo discriminar a las personas con discapacidad es una forma de racismo, lo mismo la preferencia sexual, la estatura, la religión, la forma de la cabeza, etc. El racismo busca fincar en un individuo, una característica más allá de su especie humana.

Características señaladas

Hay miles de características por los que un grupo o persona discrimina o segrega a otra persona o grupo considerándola de otro grupo (raza). La característica más simple, porque requiere poca inteligencia detectarla, es el color de la piel y morfología ósea, y el castigo más simple es el ingreso. Así, la forma más simple de racismo es semejante al que hacen los veterinarios: este animal es de este color y de esta forma, por lo tanto de esta raza y vale tanto.

Los diseñadores de la encuesta pionera de Movilidad social del INEGI tuvieron la inteligencia y habilidad de incluir una característica que siempre ha sido señalada, y que duele aceptar que es factor de discriminación: el color de la piel. Para determinarlo, el instituto incluyó en su cuestionario un reactivo en la que se preguntaba a la persona de que color creía que era su cara. La pregunta se plantea de forma muy inteligente, ya que preguntando por el color específico de la cara aísla un poco el estigma del color, pues en el imaginario mexicano en ocasiones el color de la cara, a diferencia del cuerpo, puede ser señal de salud. Un tono menos pálido de cara puede ser más deseado. De esta forma, es menor la gente que se niegue a contestarla. Y por otro lado, pregunta a la persona en vez de dejarlo a consideración del encuestador. Lo cual como veremos adelante presenta un problema (autopercepción) pero resuelve otro. En realidad la pregunta es vanguardista al menos en México donde siempre ha sido un tabú preguntar sobre el tono de piel. La tarjeta que se mostró se ve en la figura 5:

Las primeras características a las que apuntaba el tuit mencionado al principio, y con el que iniciamos la discusión, eran sobre la ocupación de la persona encuestada. Un análisis corrido por los autores de este artículo verifica lo dicho por el presidente del INEGI en aquel tuit. Mediante la técnica llamada análisis de correspondencia (que muestra correlaciones entre categorías) aplicada a las variables “color de piel” y “ocupación que incluyen los microdatos, se aprecia una alta relación entre las mismas, acreditable mediante las pruebas llamadas Chi cuadradas (de la que se muestra una en la gráfica), las categorías de “ocupación: patrón” y “tono de piel claro” se encuentran muy relacionadas así como la de “empleado de gobierno” y los dos siguientes dos tonos más claros. Por otro lado, se verifica perfectamente, lo que indicó el presidente del INEGI sobre el hecho de que ser jornalero o peón se relaciona estrechamente con tener tonos de piel más oscuros.

Figura 6. Gráfica de análisis de correspondencia que muestra la relación entre color de la piel (círculos del color correspondiente según figura 5) y ocupación (cuadros azules).

Pero los datos nos permiten ir aún más allá. No solamente la ocupación se relaciona con el tono de piel.  En general el estrato o el nivel socioeconómico también lo hacen. En las gráficas de la figura 7 se muestra como los distintos grupos de cada atributo, tienen distinto promedio del tono de piel. El tono registrado por el INEGI es categórico y tiene asociada una letra como se aprecia en la figura 5, pero al estar ordenadas de la menor a la mayor, se pueden convertir a una variable cuantitativa, donde el tono más claro de los 11 que es marcado con k, se valora con 11 y el menos claro con 1. Así, se puede obtener una aproximación del promedio de la variable ahora cuantitativa. Un reporte científico demandaría la descripción de muchas mayores pruebas, que aquí no son necesarias más que para quienes escriben. En la primera gráfica se aprecia que el color de piel promedio es más oscuro entre menor sea el nivel socioeconómico de un grupo. Los diamantes verdes muestran con su anchura el número de personas en el grupo, con su altura la variabilidad en el grupo y su posición en Y, el promedio de “tono de piel” del grupo. Cuando el rango de la anchura vertical de los diamantes no se toca, significa que la diferencia entre las medias es significativa. Es decir, entre más separados estén los diamantes, mayor es la certeza de que los grupos en X, tienen significativamente distinto promedio de tono de piel. Dentro de la gráfica se muestran dos indicadores muy importantes para una lectura estadística, la F de Fisher que entre más alta muestra que los grupos son más diferentes entre ellos y por lo tanto la diferencia según el color de piel más grande y la p es la probabilidad de que esta diferencia no sea significativa por lo que una p pequeña (menor de 0.01) confirma las diferencias.

Es claro que la diversidad de colores de piel es tan grande que hay en todas las ocupaciones o diversas agrupaciones posibles (de ingreso, posesión de vivienda, etc.) todos los colores y viceversa. Pero queremos saber si es significativamente mayor el predominio de mayor color en ciertos grupos. Se aprecia en el mismo grupo de gráficas que el grupo de personas que son dueñas de su vivienda tiene en promedio significativamente mayor un tono de piel más claro, lo mismo el grupo que tiene auto y quienes tienen tarjeta bancaria. Es decir, entre más blanco sea alguien en México tiene más probabilidad de ser propietario, tener auto, acceso bancario. Todos estos indicadores muestran privilegios típicos en nuestra sociedad, por lo que es válido postular que las personas de tono de piel más claro tienen privilegios exógenos a sus capacidades, pues esta característica que es independiente de las capacidades de una persona se correlacionan con ventajas económicas. Que estos hechos estén cuantificados nos permite medir la dimensión de las diferencias.

Por ejemplo, una variable de la que podemos extraer promedios que suelen usar los mercadólogos estrechamente relacionada con el ingreso es el número de focos en la vivienda, pues se relaciona no sólo con el tamaño de la casa sino con el gasto energético. De la encuesta obtenemos que una persona con el tono de piel K, considerado en la jerga nacional como “güero”, tiene 8.7 focos en promedio, mientras que una persona con el tono D, que se puede considerar muy moreno y es muy común en el país tiene en promedio 5.9 focos, es decir, 26 % menos. Si por lo pronto consideramos que las relaciones son lineales, su casa será una cuarta parte más pequeña lo mismo que su gasto energético.

Figura 7. Gráficas ANOVAS (Análisis de Varianza) del color de piel (cuantificado) contra distintos atributos relacionados con el estrato socioeconómico.

Sin embargo, también es preciso señalar que en este tipo de mediciones harían falta algunos controles, pues la autopercepción puede distorsionar los resultados, como se aprecia en el hecho de que las mujeres muestran según los datos de la encuesta un tono de piel más claro; evidentemente esto no podría ser posible si el tono de piel se distribuyera igual entre hombres y mujeres. O hay una diferencia real debida a la exposición solar que pueda ser mayor en hombres o al uso de maquillaje en las mujeres o un asunto de autopercepción. Los motivos podrían estudiarse, y podrían ir desde efectos reales del maquillaje, hasta cuestiones culturales. Para futuros estudios, podría incluirse algún recurso que minimizara estas diferencias de autopercepción.

Figura 8. Diferencia de color de piel percibida entre hombres y mujeres.

No solamente podemos estar seguros que la discriminación existe, pues no podemos creer que un grupo de color de piel, por propia voluntad decidiera tener menos autos, o tarjetas de crédito, etc. Así que es razonable pensar que está siendo segregado. Esa segregación también muestra un patrón espacial, que por el momento, con los datos existentes, solo es posible apreciar la escala regional por estado. En la figura 9 se muestra un mapa de estados donde se aprecia el promedio del tono de piel, usando los mismos principios antes descritos. Se aprecia notablemente que los típicos estados pobres tienen tonos de piel promedio más oscura. Es notable el caso de Oaxaca y Guerrero. En Chiapas, existe un efecto “colonizador” pues ahí llegaron gran cantidad de personas de Alemania y otras naciones a adquirir grandes extensiones de tierra fértil, lo cual puede bajar el “tono promedio”. También coincide con la realidad percibida, que el nororiente es “más güero”. Recordemos la influencia inglesa en ciudades como Ensenada, norteamericana en Tijuana, los menonitas de Chihuahua, etc. La península de Yucatán donde existieron los primeros levantamientos negros la vemos oscura, igual que el golfo con su influencia Africana.

Pero lo más importante, es que es un mapa semejante al de la pobreza, y lo podemos ver con el mapa de ingreso de la figura 10. Vemos que las zonas más “morenas” son más pobres.

Figura 9. Mapa de tono promedio de piel.

Figura 10. Mapa de ingreso promedio.

Alternativas al racismo más allá del “análisis superior”

Una vez establecido que el racismo existe aun sin razas, queda la incógnita de cómo acabar con él si existe desde hace más de 300 años. Una forma que se ha llegado a pensar es la legal.

La ley de establecimientos mercantiles del Distrito Federal establece que los negocios abiertos al público en Ciudad de México deben mostrar un letrero que indica que el establecimiento no discrimina a nadie por ningún motivo. Se ha estilado esta redacción:

“En este establecimiento no se discrimina por motivos de raza, religión, orientación sexual, condición física o socioeconómica ni por ningún otro motivo”.

A un mensaje tan claro, hay quienes le han añadido “pero si exigimos respeto para este negocio y a quienes lo frecuentan”, volviéndolo críptico. Es decir, de nuevo aparece el “análisis superior” en manos de algún propietario que asegura que en sus tiempos “no se veían esas cosas”. ¿Por qué la no discriminación traería alguna falta de respeto? ¿Alguna indígena que quisiera entrar con traje típico a una cafetería bastante regular? ¿Alguna persona gay que quisiera dar un beso a su pareja? ¿Algún hombre que quisiera entrar vestido de reina Querr quizá a algún museo de tolerancia? ¿O a algún bombero por estar tatuado? Pues hay casos para todo.

Como vemos, la ley es una opción y el primer paso para evitar la discriminación, pero insuficiente. Es necesaria una reflexión muy profunda que se filtre en la ideología nacional que nos libere del colonialismo que aún vivimos. Según Anibal Quijano es necesario un proceso que llama descolonialismo que rompa lo que empezó en la conquista de las Américas y que fue más allá de la relación temporal de aquel entonces. Según la teoría de la colonialidad del poder desarrollada en los noventa por el denominado “Proyecto Modernidad / Colonialidad / Descolonialidad”, la colonialidad comenzó a operar bajo dos ejes del poder y empezó a definir el espacio-tiempo de lo que fue llamado América:

La codificación de las diferencias entre conquistadores y conquistados en la idea de ‘raza’, una supuesta estructura biológica que puso a algunos en una situación natural de inferioridad con respecto a otros. Los conquistadores asumieron esta idea como el elemento fundamental y constitutivo de las relaciones de dominación que impuso la conquista. El otro proceso fue la constitución de una nueva estructura de control del trabajo y sus recursos, junto a la esclavitud, la servidumbre, la producción independiente mercantil y la reciprocidad, alrededor y sobre la base del capital y del mercado mundial (Mignolo, et all, 2007).

El Proyecto Modernidad / Colonialidad / Descolonialidad tiene la intención de revalorar y reinvindicar la experiencia histórica-cultural latinoamericana desde una nueva perspectiva propia y con la pretensión de superar problemas instaurados por la visión eurocéntrica y colonizadora de bajo que ojos debemos apreciarnos y hacia dónde tenemos que ir según su idea de progreso. La propuesta es que en las escuelas se muestre la historia desde una perspectiva diferente. Por ejemplo, en las escuelas podría ser obligatorio la enseñanza de una lengua autóctona, lo cual haría necesario dar miles de trabajos de maestros a los niños de todo el país. Verían desde sus primeros años a una autoridad que es una persona indígena que transmitiría la cultura de los dueños originarios de esta tierra. La lengua podría variar según la latitud, desde el mixteco en el sur hasta el seri en el norte. Los niños tendrían la oportunidad de entender la lógica de la cultura con la lógica del lenguaje. La enseñanza de la historia también debería modificarse y mostrar no sólo el colonialismo como una crueldad victimal donde el que aprende la historia se ve como victima, sino también verse como victimario y entender que es un proceso que no se debe repetir, conocer las consecuencias que tuvo una guerra completamente irracional. También se deberían incluir los capítulos perdidos de las luchas de los esclavos y los levantamientos de los negros en el sur del país. Y hasta las matemáticas podrían incluir los descubrimientos mayas. Y en las clases de biología, en vez de enseñar sobre razas se puede enseñar que éstas no existen. En literatura la riqueza de la poesía y canciones indígenas.

Entonces estaríamos en posibilidades de tener autoestima repartiendo la riqueza sin privilegios y dejar el racismo a un lado, que no es otra cosa que violencia, y lograr un conocimiento científico de las cosas dejando de una vez por todas el “análisis superior” y otras formas de pensamiento mágico.

* Tonatiuh Suárez Meaney es urbanista, criminólogo y estudiante de matemáticas. Gerente de modelación en Geoestrategias, profesor de geoestadística en la UAEMEX. Jair Arriaga Carbajal es Lic. en Geoinformáica. Gerente de geoinformática en Geoesgtrategias, profesor de geomarketing en la UAEMEX y Andrés Portilla Martínez es QFB Del laboratorio de fármaco química del IPN, estudiante de la maestría de Farmaco Química.

 

Referencias:

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Brace C. L. On the race concept. Curr. Anthropol. 5, 113-120, 1964.

Comte de Gobineau, A. (1915). The inequality of human races. GP Putnam’s Sons.

Dulitzky, A. E. (2000). La negación de la discriminación racial y el racismo en América Latina. IADB Working Paper.

Elizondo Mayer-Sierra Carlos. (2017). Los de adelante corren mucho: Desigualdad, privilegios y democracia. (2017) Penguin Random House Grupo Editorial México. 2017

Frické, M. (2009). The knowledge pyramid: a critique of the DIKW hierarchy. Journal of information science, 35(2), 131-142.

Gargallo Francesca (19/12/2005) Recuento y estampas de la discriminación. México: el racismo que no se nombra.

Harford, T. (2009). The logic of life: The rational economics of an irrational world. Random House Trade Paperbacks.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI (2017). Módulo de Movilidad Social Intergeneracional 2016. MMSI. Informe metodológico aquí. Microdatos acá.

Jennex, M. E. (2009, January). Re-visiting the knowledge pyramid. In System Sciences, 2009. HICSS’09. 42nd Hawaii International Conference on (pp. 1-7). IEEE.

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Livingstone, F. y Dobzhansky, T. (1962). On the non-existence of human races.

Mignolo, W., Quijano, Aníbal ., et al. (2007). El giro decolonial: Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global().Siglo del Hombre Editores. Bogota. pp 25-46

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Páramo David. Guerra de castas recargada (19/6/2017).

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Vázquez Parra, J. C., Campos Rivas, C. F., & Torijano Navarrete, O. (2017). Aproximación interdisciplinaria a las reminiscencias del discurso de castas colonial en México. Revista de El Colegio de San Luis, 7(13).

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