Mi voto a cambio de…

Estaría dispuesto a conceder mi voto al candidato que se comprometiera con dejar de gastar dinero público en cambiar la imagen de la ciudad cada seis años.

Por: Eduardo Reyes (@eduardoreyesc)

No está fácil elegir por quién votar. Al menos no lo está para quienes no tenemos filiación política o alguna simpatía muy arraigada. Todos los días vemos candidatos, partidos y gobiernos superándose en la carrera por producir acciones o dichos indefendibles. Aun así no tengo duda que quiero votar, no creo que la magnitud de nuestros problemas de corrupción, inseguridad, pobreza, etc., esté para jugar la carta de la indiferencia. La pregunta que me hago es cómo hacer una valoración sencilla y lo más objetiva e informada que esquive el fuego cruzado de ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio tan presente en estos momentos en el “debate” público.

Hace poco me encontré un artículo de Ana Francisca Vega que entre otros consejos para los candidatos a gobernar Ciudad de México planteaba dejar de gastar dinero público en cambiar la imagen de la ciudad cada seis años. Es una demanda con la que siento mucha empatía y que considero aplica para cualquier gobierno incluido el federal. Sin conocer con exactitud los montos que se dedican a ello me pareció que, incluso, estaría dispuesto a conceder mi voto al candidato que se comprometiera con la idea. La justificación que me doy es que puede ser un buen indicador de que:

  1. Hay trabajos que no están comprometidos con un proveedor cercano, ya ven que casi no pasa (anticorrupción).
  2. Se entiende que esos recursos tienen un costo de oportunidad y pueden ser mejor empleados (eficiencia en gasto).
  3. Se puede comenzar a crear un poco de institucionalidad en el gobierno desde la propia imagen y se puede resistir a los impulsos de salvador de la patria y querer reinventarlo todo para que se note que hay nuevo líder (institucionalidad).

¿Pero qué tanto se puede gastar en cambiar la imagen de un gobierno como para estar dispuesto a dar tu voto a quien se comprometa a no hacerlo?, me pregunté. Así que hice tres solicitudes de información, una a Presidencia de la República y otras dos al Gobierno de Jalisco y al Gobierno de la CDMX para tener referentes estatales. Las respuestas fueron las siguientes:

  1. Presidencia de la República gastó $522,000.00 (IVA incluido) en el diseño de la imagen que incluye aplicaciones para todas las dependencias del Gobierno Federal. El proveedor elegido fue Olabuenaga Chemistri S. A. de C.V.
  2. El Gobierno de Jalisco realizó dos pagos durante su gestión, uno de $900,000.00 (IVA incluido) en marzo de 2013 y otro de $900,000.00 (IVA incluido) ya que se realizó un cambio de diseño en octubre de 2015. A diferencia de Presidencia, estos montos además del diseño del manual de identidad incluyen cientos de entregables desde diseño de invitaciones hasta elaboración de guiones. El proveedor elegido fue Heurística Comunicación S.C.
  3. El Gobierno de la CDMX afirma que no realizó ninguna contratación ya que el cambio de imagen fue realizado por la Dirección de Imagen Institucional, que tiene esa labor entre sus facultades.

Respecto a esta información es importante precisar que estos montos no consideran la implementación de la imagen (desde los letreros en las dependencias hasta los chalequitos con logo que usan los funcionarios cuando salen a campo a tomarse la foto, por ejemplo). Mi lógica me dice que es un monto bastante mayor, sin embargo, por un lado sería extraordinariamente complicado conocerlo a ciencia cierta porque implica solicitar información respecto a innumerables contrataciones (y recuerden que yo sólo estoy buscando un atajo para decidir mi voto) y, por otro lado el que no se cambie la identidad de un gobierno no implica que no vaya a haber costos de implementación a lo largo de una administración.

Después de conocer esta información me doy cuenta que los montos dedicados no son muy significativos ni parecen estar fuera de mercado para quienes estamos acostumbrados a contratar ese tipo de servicios (y valoramos el trabajo de un diseñador como cualquier otro profesionista). Sin embargo, es imposible no tener un poco de suspicacia respecto a su verdadero valor o, bien, obligarse a poner la mirada en otros gastos como la producción de spots y campañas publicitarias, esto si consideramos por ejemplo que está documentado que el mismo Olabuenaga Chemistri S. A. de C.V. recibió de esta administración federal hasta 2015 al menos $865 millones de pesos para campañas publicitarias[1].

De regreso al planteamiento de darle mi voto a quien se comprometa a dejar de gastar dinero público en cambiar la imagen de gobierno, sea federal o estatal, por considerarlo un buen indicador de su compromiso con temas que me parecen importantes concluyo lo siguiente. Aunque el monto potencialmente ahorrado no dé para pensar en la gran oportunidad de canalizar una cantidad significativa a un mejor propósito, tampoco se trata entonces de un rubro que por sí solo sea la gran oportunidad de congraciarse con un proveedor amigo. La única razón que quedaría para seguir haciendo estos cambios de imagen es el ridículo culto a ser la nueva administración y la equivocada percepción de que hay que posicionar el cambio de ésta a través de un logo, difícil defender cómo esto tiene algún beneficio para la ciudadanía. No debería ser tan difícil dejar de buscar legitimidad en el lugar equivocado y comenzar a darle algo de institucionalidad a la idea de gobierno. A menos que no sea ese el compromiso que los respectivos candidatos estén dispuestos a asumir.

Por lo pronto, seguiré buscando atajos para decidir mi voto, se aceptan sugerencias.

 

* Eduardo Reyes es consultor en comunicación estratégica y asuntos públicos.

Referencias:

[1] Esto es quizá más tema para ser atendido por la regulación de publicidad oficial que en algunas iniciativas contempla ya un padrón de proveedores de este tipo de servicios y una mayor transparencia y rendición de cuentas respecto a su contratación y entregables.

Close
Comentarios