Jojutla a 6 meses del 19S

A seis meses de la tragedia, Jojutla no está de pie porque hay cientos de familias que viven en condiciones indignantes, sujetas a la negligencia, mentiras y manipulación de una clase política insensible y corrupta.

Por: Movimiento

Como si hubiera sido ayer, sigue fresca la memoria del sismo del 19 de septiembre de 2017. En cuestión de 50 segundos se retrocedió 20, 30, 40 años en infraestructura y servicios básicos y se perdieron, como en Oaxaca, Chiapas o Puebla unos días antes, años de patrimonio acumulado con el esfuerzo de generaciones.

Sin embargo, esta no es la única catástrofe que ha padecido la población en los últimos años. En 2017, Jojutla padeció uno de los peores años de violencia en su historia y tuvo que enfrentar la misma realidad de estados como Guerrero, Tamaulipas o Coahuila: fosas irregulares con más de 80 cadáveres de personas, cuyo destino estuvo a cargo de autoridades municipales y estatales. La otra tragedia es una que está enquistada en Morelos desde antes: décadas de abandono, pobreza, corrupción, marginación y una clase política que se niega a dejar de ver el ejercicio público como un negocio donde se compra a la gente para después explotarla.

A pesar de todas esas calamidades, Jojutla tiene un pueblo vivo, digno, excepcional, que se niega a rendirse y que cada día lucha por levantarse y resurgir con mayor fuerza. Jojutla es un reto para todo México.

Jojutla no está de pie

A seis meses de la tragedia, Jojutla no está de pie, aunque en ello insistan todos los anuncios triunfalistas de autoridades de los tres niveles. No está de pie porque hay cientos de familias que viven en condiciones indignantes, sujetas a la negligencia, mentiras y manipulación de una clase política insensible y corrupta. Sus autoridades, rebasadas desde el primer día, han optado por la pasividad de no salir a organizar, a comunicar, ni a defender a su pueblo, a menos de que sea electoralmente rentable. Jojutla no estará de pie pronto, porque el costo de la reconstrucción se incrementó desde un inicio debido a la desinformación que incitó a demoler a discreción, incluso cuando no era necesario, dejándose guiar por presiones y promesas irresponsables y sin sustento.

No está de pie porque muchas de sus escuelas no han comenzado siquiera la reconstrucción; porque muchas de las que no fueron demolidas siguen sin haber sido reparadas, y muchas de las que operan, lo hacen solo por la voluntad de su comunidad escolar. Aquellos directores y maestros que se han atrevido dignamente a levantar la voz en defensa de su alumnado han sido objeto de amenazas y represalias desde el poder estatal, bajo la orden de “aplaquen a sus padres de familia”.

No está de pie porque si algo nutre la violencia es la desigualdad y hoy nuestra economía está devastada y sosteniéndose por quienes, a pesar de todo, han podido mantener sus negocios activos. No está de pie porque la violencia y la impunidad siguen y no se ve cercano un proceso de pacificación.

Construir comunidad

Hablar de reconstrucción no debe significar regresar a “como estábamos antes”, porque no estábamos bien. No existen los desastres naturales: todos los desastres son humanos. Una inundación o un sismo magnifican sus efectos ante la pobreza, la desigualdad, la falta de planeación; las condiciones para el desastre se nutren de la desorganización, de la negligencia y, sobre todo, de la corrupción política.

Los sismos del 7 y 19 de septiembre afectaron a muchas entidades, incluyendo a la Ciudad de México. Pero la capacidad de cada territorio para recuperarse inicia con su labor preventiva y pasa por los recursos sociales y humanos que se tengan, más allá de lo económico. La revolución política que significó el sismo de 1985 en la capital del país, ante la ausencia del Estado, abrió rutas de organización, reglamentación y participación que permitieron enfrentar de mejor manera el 2017. México le debe mucho a esa generación del 85. Hoy estamos llamados a seguir su ejemplo en Jojutla. Cuando nos pregunten, dentro de 30 años, qué hicimos para poner de pie a nuestro municipio en una situación tan extraordinaria, tendremos que dar respuestas igualmente extraordinarias.

La primera respuesta debe ser pensar en la reconstrucción como una oportunidad de asegurar derechos fundamentales de las personas; de recuperar nuestra historia y afianzar nuestra identidad; de proteger nuestra tierra, agua y recursos naturales; y de entender que no son cosas materiales las que hay que conseguir, sino que estas son un medio para un fin: lograr una comunidad fuerte, generosa y sostenible en el largo plazo para las generaciones que vienen.

La reconstrucción no se limita a lo material. La reconstrucción es de los lazos que nos unen como municipio y región. El modelo de autoconstrucción planteado por los gobiernos federal y estatal, mediante tarjetas bancarias, no solamente deja a su suerte a la gente con dinero que no llega (y que cuando llega, no alcanza); también la deja sin información, sin planeación, sin dinámicas de integración social que abonen a la resiliencia de las comunidades y que, en cambio, fomentan la fragilidad, el aislamiento, el inmediatismo y siembra conflictos futuros.

La corrupción mata

La corrupción duele, indigna, prolonga y eterniza la miseria, las carencias y la dependencia. Tiene consecuencias sobre nuestra vida de manera directa e indirecta. La corrupción hace que no haya medicamentos en el centro de salud, que enfermarse sea un lujo. Hace que el hospital Meana no tenga baños dignos ni equipo suficiente ni personal suficiente y bien pagado, ni una sala de espera digna.

La corrupción hace que nos quedemos sin agua en Higuerón o la Unidad; que no haya alumbrado, pavimento ni drenaje en Pedro Amaro o Tequesquitengo. También hace que los delitos no se castiguen, provoca que no podamos sentirnos seguros ni en la noche ni en el día, ni dentro ni fuera de las casas. Hace que las escuelas sean peligrosas para los niños en lugar de ser los lugares más seguros. La corrupción mata.

La corrupción nos mutila como sociedad, nos hace más chicos; del Jojutla que pudimos ser al que nos dejaron ser. La corrupción es el juego del que salen y entran jugadores de todos colores; un juego que podemos cambiar con la voluntad organizada de quienes queremos que los siguientes años sean de certezas y no de angustia.

Hemos vivido y navegado con la corrupción antes, pero hoy Jojutla se encuentra en una situación crítica. Cada peso y cada recurso que logremos conseguir deben llegar a donde más se necesita, con la mayor transparencia. A pesar de contar con un Sistema Nacional Anticorrupción, con sus leyes reglamentarias y con legislación sobre transparencia, la voluntad política de quien gobierna sigue siendo lo más relevante.

Quien administre estos recursos importa, y mucho: cómo los va a ejecutar, en qué proyectos, con qué prioridad, con qué planeación, si los gastará con eficiencia o los repartirá entre amigos, si hará obra pública porque se necesita o por ocurrencias; si subirá los precios para repartirse el resto o si gastará empeñando nuestro futuro.

Las decisiones de quien gobierne los siguientes años dependen enteramente de cómo se llega a ese puesto y con qué compromisos detrás. La regla de la clase política en el país –y que la familia política morelense ha implementado con maestría– es que “las campañas se ganan con dinero”. Se trata de obtener dinero (de donde sea) para repartirlo entre los líderes del partido y obtener la candidatura; conseguir más dinero para repartirlo entre “liderazgos” que puedan “comprometer” el voto de muchas personas.

Los candidatos que llegan al gobierno a punta de dinero lo hacen sabiendo podrán cobrarse con intereses del dinero público, condenando nuevamente el futuro de la gente. Es un ciclo perverso donde los más pobres son orillados a agradecer a quienes primero les roban, les sumen en mayor miseria y al final les regatean migajas. Es un ciclo inmoral que asume a las personas como mercancía y a la política como un negocio, donde las personas son “números”, “fichas”, objetos.

Construir la paz

A la otra tragedia de Jojutla que se le nombra poco, se omite, se evade y se intenta esconder como se encubren las fechorías de criminales y de la autoridad en las fosas irregulares. La primera persona asesinada del año en Morelos –en el enero más violento que se haya registrado– fue justamente en nuestro municipio.

Existe una urgencia de construir condiciones para la paz. Estas pasan por la verdad y justicia, por el acceso a derechos y garantías que son negados en la actualidad, especialmente a jóvenes y grupos vulnerables, y los vuelven caldo de cultivo para la violencia y el crimen.

Ninguna agenda de reconstrucción para Jojutla estará completa si no incluye una búsqueda activa de construcción de paz. No se trata únicamente de una disminución de los índices de criminalidad y de violencia; la paz es una condición indispensable para el ejercicio de nuestros derechos. Si queremos aspirar a una vida digna y una convivencia democrática, la paz es el requisito elemental.

Participar es una obligación moral

Los pasos que estamos dando hoy no pueden explicarse sin mirar hacia todo lo que cambió (y nos cambió) a partir del 19 de septiembre de 2017. La tierra se estremeció hace seis meses y, junto con ella, se movieron también muchas otras cosas. El sismo sacudió conciencias y corazones, activó mecanismos de solidaridad y de encuentro. Nos recordó algunas de las mejores características de nuestra sociedad: su vocación generosa y empática de apoyar a quienes sufrieron las peores consecuencias del desastre.

Pero el sismo también nos mostró lo dolorosas que son algunas de sus principales carencias. Los decesos y pérdidas vinculadas a la corrupción, la negligencia y la indolencia de autoridades que, rebasadas por la situación desde un principio, no han hecho todo lo que está en sus posibilidades por atender a las familias damnificadas, de no ser por obtener un lucro político.

A medida que el tiempo pasaba, muchas de las personas que nos organizamos haciendo frente a la emergencia nos dimos cuenta que la tarea era de largo aliento. Entendimos que no volveríamos a la normalidad pronto, que lo que había que corregir era mucho más que lo que se había perdido el 19 de septiembre; que el futuro no estaba dado, sino que toca construirlo y ganarlo a pulso. La realidad nos habló de manera contundente y no podemos, ahora, dejar de ver, más allá de lo caído y la desgracia, el horizonte de vida digna que nuestra región merece.

Jojutla resurge

Este llamado de realidad fue escuchado por muchos oídos y corazones, por muchas voluntades y talentos que se empezaron a encontrar, reconocer y entretejer. Del diálogo fue naciendo amistad; de la amistad, confianza; del trabajo, ideas y sueños.

Es por eso que, hacia fines del año pasado, un grupo de jóvenes pusimos un alto a las actividades y trayectorias en las que solíamos desempeñarnos para concentrar nuestras fuerzas, motivaciones y empeños en participar en la construcción de un camino que facilite el resurgimiento de Jojutla. Aspiramos a construir un movimiento intergeneracional de renovación de valores políticos, una apuesta por el día a día que queremos.

Frente al desafío del futuro en riesgo, queremos sembrar una semilla organizativa de confianza. Queremos nutrirla con diálogo y escucha, con nuestras convicciones y sueños. Queremos que germine una fuerza capaz de apostar, sin titubeos, por el reSURgimiento y la esperanza.

Compromiso

Jojutla representa muchos de los dolores y tragedias del país al mismo tiempo. El reto de recuperar este territorio y su comunidad lo compartimos todos los mexicanos. Desde aquí, donde comienza o donde termina el sur del país, hacemos un llamado a todas las fuerzas sociales y políticas de México, autoridades de todos los niveles de gobierno, candidatas y candidatos a cargos de elección popular a que hagan un compromiso por el resurgimiento de Jojutla y de todos los municipios del país en la misma situación.

Una tarea como esta requiere de mucho más que el simple concurso de las autoridades electas, y requiere más tiempo que un trienio o un sexenio. Por ello es indispensable que se establezca un mecanismo realmente efectivo y verdaderamente representativo de la diversidad de actores del municipio que conduzca, supervise y dé seguimiento a una agenda de reconstrucción en el sentido más amplio, y de manera independiente a los tiempos y el proselitismo de los procesos electorales. Este mecanismo debe contar con una alta participación de la sociedad civil y la academia. También es indispensable que las nuevas legislaturas y administraciones destinen los recursos necesarios, que no obstruyan su gestión, que involucren a la sociedad civil en su fiscalización y que se generen círculos virtuosos de planeación y participación comunitaria.

Los municipios son el corazón de la transformación de la vida de la gente tanto para bien como para mal. Estemos a la altura del reto.

 

* Movimiento es una organización de la sociedad civil que impulsa la candidatura independiente de Carlos Brito (@britovsky) a la alcaldía de Jojutla, para reconstruir comunidad y una nueva política municipal para el sur de Morelos.

 

 

 

Close
Comentarios