Entre callar o morir, hacer periodismo en México

Por: Rodrigo Peña González

Aún hoy se discute si México vive o no una guerra. La respuesta no importa mientras se reconozca que las consecuencias son, de hecho, las de una guerra. Los casos de violencia contra periodistas ilustran bien la tragedia. Anthony Feinstein, profesor de psiquiatría en la Universidad de Toronto, publicó en 2012 un estudio sobre la salud emocional de los periodistas mexicanos.[1] Feinstein encontró que aquellos periodistas que por amenazas dejaron de cubrir notas relacionadas con el narcotráfico, presentaron síntomas más agudos de depresión y trastornos de estrés postraumático, esto en comparación con quienes continuaron trabajando bajo amenaza o aquellos que nunca fueron amenazados. Es comprensible dado que quienes trabajan amenazados viven en un constante riesgo que los coloca en escenarios de supervivencia donde la adrenalina es el pan de cada día.

Sin embargo, aquellos periodistas amenazados y que se retiraron por esa razón han debido procesar el miedo, la furia y la impotencia que conlleva la experiencia que han vivido. Es un diagnóstico comparable al que se podría hacer con soldados en combate. De hecho, dice Feinstein, los resultados de la salud emocional de periodistas que han dejado de reportar estas historias como consecuencia de las amenazas, son consistentes con casos de corresponsales de guerra. Sin embargo, entre ambos perfiles existe una diferencia fundamental: mientras que el corresponsal de guerra mantiene una idea de peligro pasajero (pues aspiran a, algún día, irse del escenario de guerra), para los otros el peligro sigue ahí al salir de la oficina. Para ellos, la frontera entre un trabajo peligroso y una vida peligrosa se ha difuminado por completo. En lugar de periodistas, en México tenemos corresponsales de guerra de tiempo completo.

En este sentido, vale la pena revisar los siguientes datos. El pasado 2017 cerró como el año más violento en la historia moderna de México por la cantidad de homicidios violentos denunciados. Sin embargo, el gremio de los periodistas lleva una racha de dos años consecutivos reportando los mayores números de asesinatos en los últimos veinticinco años. De acuerdo con datos del Comité de Protección a Periodistas (CPJ), organización no gubernamental dedicada a rastrear y documentar estos casos de violencia, en 2016 y 2017 se reportaron nueve homicidios anuales de periodistas en México, sólo superado por 2010, cuando ocurrieron 10 casos.[2] Desde 1992, año en que el CPJ comenzó a registrar casos, esos años figuran como los más violentos en términos de asesinatos de periodistas.

Ahora bien, ¿a más homicidios en general, también hay más homicidios de periodistas? Aunque es difícil establecer una relación directa, en los últimos siete años la variación porcentual de homicidios dolosos y de periodistas presentan curvas semejantes. En otras palabras, desde 2010, la violencia medida en número de homicidios que afecta a la sociedad en general, afecta de igual forma a los periodistas.

Sin embargo, cabe destacar dos excepciones. Primero, en el periodo 2012 a 2013, los homicidios totales tuvieron un decremento de 15.6% mientras que los homicidios de periodistas variaron 50% hacia abajo. Es decir, durante el primer año de gobierno de Peña Nieto los números relacionados con la violencia dieron la apariencia de mejorar, aunque no se supo en realidad cuáles fueron las causas.

Segundo, durante el periodo 2014-2015, el incremento en el número de homicidios totales fue de 8.9% y para 2015-2016 fue de 21.5%. En cambio, la variación porcentual de los homicidios a periodistas fue notablemente mayor, ya que registró un incremento de 66.7% y de 80% para cada periodo referido. En otras palabras, el deterioro de las condiciones de seguridad en el país impactó tanto a los periodistas como a la población en general. (ver Gráfico 1).

Gráfico 1. Variación porcentual de homicidios dolosos totales vs homicidios de periodistas, 2007-2017.

La deuda de las autoridades con los periodistas agredidos es enorme. Desde 2010, cuando fue creada, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) ha sido incapaz de procesar todos los casos de periodistas víctimas de violencia. Falta de presupuesto ha sido uno de los principales señalamientos en su contra. El 17 de mayo de 2017, horas después del asesinato del reconocido periodista Javier Valdés en las calles de Culiacán, Enrique Peña Nieto prometió fortalecer a la FEADLE: más personal, capacitación, mecanismos de diálogo, impulso de las investigaciones en curso, combate a la impunidad y garantías de justicia fueron parte del catálogo de promesas.

La violencia contra los periodistas en México se explica por una cadena de tres eslabones: el crimen, la impunidad y la corrupción. En la medida en que se desactiven los mecanismos que conectan a esa cadena, en esa medida seremos capaces como sociedad de desactivar formas violentas de convivencia.

Cualquier aspiración democrática en México pasa por proteger a los periodistas, sin embargo, estamos lejos de ese escenario. La falta de denuncia, el miedo y la ineficacia de autoridades generan un número desconocido de periodistas en peligro arrojados a decidir entre callar o morir. Ellos, junto con defensores de derechos humanos y víctimas, son los flancos más vulnerables del conflicto y quienes más atención requieren. Nuestras posibilidades de construir un país en paz pasan, en buena medida, por el trabajo libre de los periodistas. Vale la pena insistir, su desgracia es la nuestra.

 

* Rodrigo Peña González es doctorante e investigador en el Instituto de Historia de la Universidad de Leiden (Países Bajos). Obtuvo el grado de licenciatura en Relaciones Internacionales y de maestría en Estudios Políticos y Sociales (UNAM). Es miembro del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia (CASEDE).

 

Referencias: 

[1] Anthony Feinstein, “Mexican Journalists: An Investigation of Their Emotional Health”, en Journal of Traumatic Stress, agosto de 2012, pp. 480–483.

[2] Estos datos contemplan tanto los casos de periodistas asesinados con “motivo confirmado” como los casos de “motivo no confirmado”. Cfr. Committee to Protect Journalists, “Journalists Killed in Mexico between 1992 to 2018”, Data & Research.

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