Donar órganos, un paso en la dirección correcta

Si se pone atención a cómo cambió el artículo 324 podemos ver que lo importante es que el Senado elimina de manera explícita que la familia tenga que otorgar su consentimiento para que se realice la donación de órganos.

Por: César Palacios González (@CPalaciosG)

Seguramente has pensado que si murieras en un accidente de auto te gustaría que tu corazón y pulmones le sirvan a alguien más y que no se desperdicien. Sin embargo muy probablemente no sabes qué tienes que hacer para llevar esto a cabo. La buena nueva para ti es que el Senado de la República recién aprobó cambios a la Ley General de Salud en materia de donación de órganos -que ahora serán turnados a la Cámara de Diputados- que harán que no tengas que realizar ningún trámite para poder donar tus órganos. Antes de examinar lo aprobado por el Senado, y proponer una ligera modificación a su propuesta, hay que entender qué sistemas de donación de órganos existen en el mundo.

Todos los sistemas de trasplantes de órganos parten del supuesto de que uno es dueño de su cuerpo. Y que de igual manera que uno puede disponer de sus bienes materiales después de la muerte, a través de la herencia, así también uno puede disponer su cuerpo. Por ejemplo, así como yo decido que mi hijo herede mi casa, así decido que mis órganos sean utilizados para ayudar a otras personas.

En el mundo existen varios modelos de donación de órganos, pero los dos principales son: a) el modelo por inscripción en el registro de donadores y b) el modelo por desinscripción del registro de donadores. Por un accidente histórico, el modelo más popular es aquel donde uno se inscribe en el registro de donadores. Bajo dicho modelo una persona tiene que, como su nombre lo dice, decir expresamente que quiere ser anotado en el registro de donadores. Para que una persona pueda anotarse en dicho registro se deben cumplir las siguientes condiciones:

i) La persona tiene que entender qué es la donación de órganos,

ii) tiene que decidir de manera libre participar, o no, en ella después de su muerte y

iii) tiene que utilizar los medios adecuados para que los otros sepan su decisión.

Por ejemplo, si uno va a pasar por una operación de rutina, los doctores explican qué es la donación de órganos y preguntan si uno desea estar registrado como donador. Lo que uno elige queda inscrito y es una guía de acción explicita para otras personas. Ahora, si uno decide anotarse en el registro de donadores y tiempo después sufre un accidente automovilístico y muere, entonces los órganos pueden ser utilizados para ayudar a otras personas. En México, entre otros órganos, se trasplantan corazones, pulmones, riñones y córneas.

El segundo modelo de donación, el que ahora propone el Senado, es el modelo por desinscripción del registro de donadores. La diferencia radical entre este modelo y el anterior es que en el modelo por desinscripción uno tiene que expresamente manifestar ante el Estado que no quiere donar sus órganos. En este caso del Estado también parte del supuesto de que todos son dueños de sus cuerpos, pero también supone que la mayoría de las personas quieren donar sus órganos después de la muerte. Debe ser claro que en este modelo también se requiere que la persona entienda qué es la donación de órganos y que decida de manera libre participar, o no, en la donación de órganos después de su muerte.

Hay razones éticas y prácticas para moverse de un modelo por inscripción en el registro de donadores a un modelo por desinscripción del registro de donadores, aquí presento tres de ellas.

Primera, el modelo por desinscripción de hecho respeta en mayor medida los deseos de la mayoría de la gente: hay estudios que muestran que la mayoría de las personas desea ser donantes de órganos. Segunda, el modelo por desinscripción es más sencillo administrativamente cuando no se tiene un control central sobre quién es donante y quién no. Hoy en día muchos órganos de donantes no se trasplantan porque la documentación que indica que son donantes no está a la mano en los momentos cruciales. Tercero, y más importante, se disminuye en mayor medida la cantidad de sufrimiento y muertes que ocurren por la falta de órganos. Actualmente existen un poco más de 20 mil pacientes en espera de un órgano.

El punto principal de la reforma a la Ley General de Salud es al cambio al artículo 324 de la Ley Genera de Salud. El articulo original ya contempla la donación de órganos aun cuando no exista documento que así lo indique explícitamente. Esta cláusula existe puesto que muchas personas desean donar sus órganos, lo expresan a sus familiares pero no dejan algo por escrito. En aquellos casos donde el paciente no dejó por escrito su deseo de donar sus órganos, son los familiares quienes deben otorgar su consentimiento. Sin embargo, en muchos casos son los familiares los que vetan la decisión del paciente de donar sus órganos. A causa de esta decisión de los familiares, estos órganos se desperdician en lugar de ser utilizados en pacientes que lo necesitan.

Si se pone atención a cómo cambió el artículo 324 podemos ver que lo importante es que el Senado elimina de manera explícita que la familia tenga que otorgar su consentimiento para que se realice la donación de órganos. El siguiente párrafo queda eliminado: la donación será posible “siempre y cuando se obtenga también el consentimiento de cualquiera de las siguientes personas que se encuentren presentes: el o la cónyuge, el concubinario, la concubina, los descendientes, los ascendientes, los hermanos, el adoptado o el adoptante”.

Un problema menor de la propuesta del senado es que especifica que, para que sea válida la presunción sobre el deseo de donar los órganos, se requiere que la familia tenga acceso a la información acerca de la muerte y el proceso de donación; sin embargo, no especifica qué sucede cuando no hay familiares presentes, ni cuánto tiempo se debe de esperar para que se considere que los familiares no se encuentran presentes. A la par de esto sería conveniente que la modificación a la Ley General de Salud incluyera de manera explicita que los familiares del presunto donante sólo pueden oponerse a la donación si existe una manifestación expresa por escrito en contra de donar los órganos por parte del presunto donante. Lo anterior es importante para que la modificación sea efectiva y, sobre todo, clara.

Estas deficiencias, que pueden ser fácilmente resueltas, deben ser discutidas y aclaradas por los diputados. Esta vez el Senado da un paso en la dirección correcta, lo cual es digno de reconocerse. Sólo queda esperar que los diputados vean los beneficios y razones detrás de tan importante propuesta.

 

* César Palacios González es doctor en Ética de la Ciencia por la Universidad de Manchester (Reino Unido). Actualmente es investigador asociado del Centre of Medical Law and Ethics, del King’s College London (Reino Unido).

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