La calidad del aire en la megalópolis de CDMX

En los últimos tres años, la ciudad ha experimentado más de noventa días por arriba de la norma de ozono, siendo necesario aplicar estrictos planes de contingencia para proteger la salud de la población, que requieren de voluntad política y un estricto cumplimiento de las leyes.

Por: Rodolfo Lacy

Hace treinta años, el aire limpio en Ciudad de México era un bien escaso. En ese entonces, la Organización Mundial de la Salud la consideró como la ciudad más contaminada del mundo por sus altos niveles de bióxido de azufre, plomo y partículas suspendidas. Convertida en una megalópolis, hoy día esos contaminantes han desaparecido o se han podido reducir en más de un 70% y el aire de Ciudad de México ha vuelto a ser respirable la mayor parte del año.

Equiparable en complejidad y extensión a megaciudades como Tokio, Pekín, Sao Paulo o Nueva Delhi, Ciudad de México se expandió aceleradamente sobre un valle rodeado por montañas a 2,200 metros sobre el nivel del mar, donde la circulación del viento es débil y la radiación solar estimula la formación de contaminantes fotoquímicos.

Para bajar los altos niveles de contaminación en Ciudad de México, se tuvo que restringir la libre circulación de vehículos automotores, principal fuente de emisión de sustancias tóxicas. Iniciando como una medida ciudadana y voluntaria, el programa Hoy No Circula se volvió obligatorio y sirvió de base para la inspección, mantenimiento y renovación de la flota vehicular.

Al mismo tiempo, se cerraron y relocalizaron las industrias pesadas, se removió el plomo y el azufre de los combustibles de la ciudad, se mejoró su composición para hacerlos menos reactivos y tóxicos, se introdujeron convertidores catalíticos a los automóviles nuevos, construimos una red de distribución de gas natural para sustituir combustibles pesados, se expandieron y modernizaron los sistemas de transporte público y se reverdeció la ciudad con árboles y jardines.

Pero aún no es suficiente. Seguimos teniendo horas del día con altos niveles de ozono (O3) y partículas finas menores a 2.5 micrómetros (PM2.5), que son altamente dañinas a la salud. En los últimos tres años, la ciudad ha experimentado más de noventa días por arriba de la norma de ozono, siendo necesario aplicar estrictos planes de contingencia que pueden durar de uno a tres días. Se restringe la circulación de vehículos, la distribución de combustibles y se detienen todas las actividades que puedan causar embotellamientos viales. Al día siguiente de aplicadas estas medidas, se logra reducir la concentración máxima de ozono entre 23 % y 37 %; además, se observan reducciones en contaminantes primarios: hasta un 35 % de monóxido de carbono y 30 % de óxidos de nitrógeno. Estos planes, dirigidos a proteger la salud de la población, requieren de voluntad política y un estricto cumplimiento de las leyes, con lo que se ha logrado reducir 13 % la incidencia de días fuera de norma.

Por esta situación, el gobierno de México decidió crear una Comisión Ambiental de la Megalópolis, agrupando a las autoridades locales de los seis estados conurbados al Valle de México. El objetivo de esta comisión es mantener un esfuerzo de largo plazo para limpiar la atmósfera de manera definitiva, pues las soluciones de fondo implican desarrollar nuevas formas de movilidad y abasto energético. Necesitaremos erradicar la quema de combustibles fósiles, incrementando sustancialmente la oferta de transporte masivo, limpio y eficiente, introduciendo energías renovables en nuestros hogares y reinventando la funcionalidad de nuestros espacios urbanos, ya que en muchas ocasiones han quedado alejados de los lugares de empleo y dotación de servicios. La vida cotidiana en la megalópolis se deberá de ajustar a prácticas más amigables con el ambiente y de baja intensidad de carbono, pues de ello depende nuestra salud y también nuestra competitividad económica.

Para intensificar las acciones de la CAME, el presidente de la República instruyó la incorporación operativa y formal de las Secretarías de Salud, de Comunicaciones y Transportes y de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano a la misma. Asimismo, instruyó a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público que movilizara más de 17 mil millones de pesos para soportar los proyectos de infraestructura de transporte de las autoridades locales en la megalópolis, apoyando igualmente la expansión de la infraestructura de monitoreo ambiental y epidemiológico.

La coordinación y buena comunicación entre los gobiernos locales de la megalópolis y la Federación es vital para avanzar en el logro de los objetivos de calidad del aire que nos hemos trazado y la población demanda.

Los habitantes del Valle de México deseamos ver todos los días los volcanes que nos rodean, símbolo inequívoco de una atmósfera limpia. Tenemos la capacidad organizativa y los conocimientos técnicos para lograrlo. Contamos con la voluntad expresa de cambio del conjunto de la sociedad. Construyamos cada día nuestro futuro, rescatando “la región más transparente del aire”.

 

* Rodolfo Lacy Tamayo es subsecretario de Planeación y Política Ambiental de la Semarnat.

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