Los riesgos de las elecciones federales y regionales

La forma de ejercer el poder por parte de la clase política ha caído en una red de complicidades y de simulación para dejar de aplicar nuestras leyes y simplemente proteger sus intereses para que el sistema siga caminando.

Por: Elio Villaseñor Gómez 

La arena en que se desarrolló la intercampaña electoral ha puesto de manifiesto una vez más la gran descomposición que afecta al país, donde los abusos de poder están a la orden del día, evidenciados en casos como el del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, que no avanza; igual sucede con las investigaciones sobre los sobornos hechos por Odebrecht a funcionarios mexicanos, las responsabilidades del socavón de la autopista México – Acapulco, el uso de los recursos públicos para partidos o empresas fantasma que han sido denunciados, los miles de desaparecidos incluidos los 43 normalistas de Ayotzinapa y muchos otros casos en los que no se ha hecho justicia por la corrupción e impunidad que prevalece en México.

En esta situación, a muchas personas nos indigna que quienes ostentan cargos públicos hayan hecho de ellos un gran negocio y, además, usen a las instituciones del Estado para beneficiar a sus socios y castigar a sus adversarios.

Este puede ser un gran peligro por el hartazgo de la ciudadanía, que no encuentra eco en este ambiente electoral donde los bienes públicos han sido secuestrados por intereses privados.

La forma de ejercer el poder ha caído en una red de complicidades y de simulación para dejar de aplicar nuestras leyes y simplemente proteger los intereses de la clase política para que el sistema siga caminando.

Por otra parte, la sociedad atestigua cómo se restauran sin apocamiento las prácticas más tradicionales y burdas del presidencialismo autoritario, con la utilización de las instituciones del Estado para influir en el proceso electoral en marcha.

Ello ocurre sin que importe la exposición pública y las consecuencias, que anuncian una contienda compleja y que difícilmente quedará en los estrechos marcos de las reglas del juego electoral, mismos que deberían garantizar las instituciones encargadas de dar certeza, credibilidad y sancionar con legitimidad los resultados de los comicios.

En este contexto ciudadanas y ciudadanos no buscamos más de lo mismo ni tampoco bonitas promesas, sino construir medidas concretas para enfrentar con políticas efectivas la inseguridad, corrupción e impunidad.

Las organizaciones de la sociedad civil hemos presentando no sólo propuestas, sino nuevos mecanismos para que los gobernantes cumplan con la rendición de cuentas.

La gran tarea de estas iniciativas y otras que irán surgiendo en el ambiente electoral consiste en que los pocos avances logrados no se conviertan en letra muerta, ya que estamos ante el dilema de recuperar el espacio público para el interés general o dejar que la corrupción siga deteriorando o destruya el tejido social.

La coyuntura exige asumir una responsabilidad histórica y política que impida una mayor degradación en las condiciones de convivencia de la sociedad mexicana. La propuesta que debe privilegiarse en estos momentos es la de construir un país, y no su socavamiento, con un ejercicio cívico que abone a un proyecto de nación y exija una altura de miras de la acción política igualmente constructiva.

Frente a esta situación, la edición 97 de Brújula Ciudadana recoge distintas reflexiones sobre el complejo escenario que se está generando en torno a las elecciones de este año no solo en el ámbito federal sino en algunas regiones donde se realizarán procesos locales. Entre las colaboraciones para este número están las de Clara Jusidman, Arturo Sánchez Gutiérrez y Pedro Javier González, así como los artículos que profundizan en la arena electoral de Puebla, Jalisco y Veracruz.

 

* Elio Villaseñor Gómez es Director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo A. C.

 

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