Investigación criminal: rompecabezas para armar

En México es urgente la incorporación de metodologías de trabajo que redunden en el éxito de las investigaciones y persecuciones criminales, sobre todo en los casos de mayor complejidad donde son evidentes los patrones delictivos y, más aún, donde la violencia es sistemática.

Por: Gabriela Ortiz (@PitusaGO)

 

“Puede que nunca hubiera un solo rompecabezas -dijo-.

 Puede que hayas estado tratando de montar uno cuando siempre ha habido dos”.

Philip Kerr

 

Imagine un rompecabezas. Pero imagine que solamente puede ver dos o tres piezas. ¿Podría adivinar cuál es la imagen completa?.

El nuevo modelo de justicia penal ha transformado profundamente el paradigma de investigación criminal. Primero, porque plantea un sistema desformalizado y, segundo, porque el ministerio público puede utilizar cualquier medio de prueba legalmente obtenido para demostrar los hechos relacionados con la comisión de un delito[1].

Comúnmente, la investigación criminal tiene como propósito el esclarecimiento de un evento concreto y se hace bajo la teoría del caso[2]: se establecen nexos entre conductas, agresores y víctimas, así como hechos y pruebas. Por lo general, cada delito se investiga en lo individual, como un hecho inconexo o aislado. Sin embargo, hay eventos delictivos que requieren una investigación más compleja y una comprensión más profunda de las circunstancias a su alrededor. Estas investigaciones se realizan con la metodología de análisis de contexto[3], cuyo propósito es comprender el entorno –social, político o económico-  en el cual actuaban la víctima y los agresores y que, desde luego, en la medida que se conozca el contexto, será mejor comprendida la conducta criminal y podrán tomarse decisiones procesales con mejor estrategia.

¿Qué es el análisis de contexto?

Retomando la idea del rompecabezas, imaginemos que cuando estamos ante un hecho delictivo nos topamos únicamente con dos piezas: la víctima y el agresor. En la gran mayoría de los casos, el anclaje de estas dos piezas permite explicar la conducta delictiva, la autoría y la participación del imputado, así como el grado de afectación que se produjo a la víctima. Sin duda, estas dos piezas podrían ser suficientes para la construcción de un caso.

Sin embargo, en ocasiones, cuando se trata de víctimas pertenecientes a grupos vulnerables o a poblaciones específicas, es indispensable ver, conocer y analizar la imagen completa de ese rompecabezas. Entonces nos preguntamos: ¿qué es lo que sucede con las otras piezas relacionadas con víctimas o agresores?, ¿cuáles son esas piezas que los rodean? Estas otras piezas constituyen el contexto.

Algunos delitos ocurren sistemáticamente, se cometen en contextos de macrocriminalidad, de delincuencia organizada y no se producen aisladamente. Estos delitos, incluso, suelen estar relacionados con violencia estatal o ejercida por organizaciones no estatales; suelen perpetrarse en contextos en los que imperan crisis políticas, sociales o económicas, así como condiciones de debilitamiento institucional o de las bases del Estado de derecho.[4]

En la investigación criminal, el análisis de contexto nos permite conocer los perfiles de las víctimas, la identificación de grupos poblacionales específicos y vulnerables, la interconexión de ciertos delitos con conflictos de relevancia social, las dinámicas de violencia en determinadas zonas geográficas y, por supuesto, la caracterización de los agresores.

¿Por qué el análisis de contexto en materia penal? 

Hay varias conductas delictivas cuyas investigaciones merecen un análisis contextual, ya sea para investigar, para acreditar elementos normativos o, incluso, para ser incorporado en la argumentación de ciertas sentencias. Por ejemplo, se usa en casos de desapariciones forzadas, casos de tortura, feminicidios, en delitos cometidos contra migrantes o contra personas defensoras de derechos humanos.

Aunque su origen proviene de su aplicación en el derecho internacional[5], esta metodología se ha incorporado para investigar y comprender no solo a los delitos, sino también a los fenómenos delincuenciales desde su complejidad y desde las circunstancias específicas en las que ocurren. 

Entre sus objetivos está la identificación de los máximos responsables, el desmantelamiento de organizaciones criminales e, igualmente, la determinación de patrones culturales discriminatorios e, incluso, de graves violaciones a derechos.[6] Este tipo de análisis tendría la posibilidad de generar conocimiento a nivel institucional que incida en la política criminal. Cabe hacer la reflexión que los alcances de esta herramienta van más allá de la investigación de los delitos, también tiene alcances a nivel probatorio o a nivel argumentativo cuando sea relevante entender el perfil de las víctimas y el contexto en el cual ocurrieron los hechos.

¿Por qué debe implementarse en las investigaciones criminales?

Aún estamos a la espera –muy larga espera– de la transición de la Procuraduría General a la Fiscalía General de la República. Mucho se ha dicho y se deberá seguir pugnando porque la transformación sea profunda, real y libre de maquillajes. A pesar de las deficiencias estructurales y operativas, vale la pena destacar que se han realizado esfuerzos por incorporar esta herramienta en la investigación criminal, primero, en casos de desapariciones forzadas y, desde hace algunos meses, en la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión (FEADLE).

Así, un ejemplo muy claro de este tipo análisis se encuentra en los delitos cometidos contra periodistas. En ellos, existe un elemento contextual que debe acreditarse cuando la federación decide atraer un caso pues, se debe probar que el delito cometió por motivo del ejercicio periodístico o de la libertad de expresión[7]. Sin duda, este es un elemento que requiere un entendimiento contextual del hecho y que debe responder a la pregunta: ¿por qué la agresión tiene relación con el ejercicio del derecho a la libertad de expresión?

El equipo multidisciplinario que realiza análisis de contexto en la FEADLE en los casos de agresiones contra periodistas realiza actividades como la revisión y análisis de publicaciones o comunicaciones de la persona agredida, interacciones en redes sociales y medios electrónicos, análisis del entorno social y político, conflictividad en la zona donde ocurrió el evento, así como las amenazas y las agresiones que previamente se hicieron a la víctima. Como preguntas iniciales a esta investigación y análisis están: ¿A quiénes interesaba el silencio del periodista?, ¿qué intereses estaban de por medio en el ejercicio de su labor?

Al igual que en otros países de la región y, como se comienza a desarrollar en nuestro país, es urgente la incorporación de metodologías de trabajo que redunden en el éxito de las investigaciones y persecuciones criminales, sobre todo en los casos de mayor complejidad donde son evidentes los patrones delictivos y, más aún, donde la violencia es sistemática. Desde ya hay que aceptar que la investigación criminal no solo es una tarea de abogados y policías, sino que debe ser una labor interdisciplinaria, metodológica y claramente estructurada.

 

* Gabriela Ortiz es especialista en derecho penal.

 

Referencias:

[1] A diferencia del sistema escrito, cuyo sistema probatorio era tasado, el Código Nacional de Procedimientos Penales establece en el artículo 356 lo siguiente: “Todos los hechos y circunstancias aportados para la adecuada solución del caso sometido a juicio, podrán ser probados por cualquier medio pertinente producido e incorporado de conformidad con este Código.”

[2] La teoría del caso es una metodología de investigación criminal que consiste en establecer, desde que se tiene la noticia criminal o primer contacto con un caso, una teoría jurídica o normativa que se correlacione con una teoría fáctica (hechos penalmente relevantes) y una teoría probatoria (medios de prueba para acreditar los hechos).

[3]  “…la definición y uso de la noción “análisis de contexto” entraña una dificultad vinculada con la identificación de referentes muy variados. Es un término que ha sido utilizado en una multiplicidad de ámbitos, desde diversas disciplinas y con distintas finalidades (Friemmel, 2008). Es ampliamente utilizado por los tribunales que aplican el Derecho Penal Internacional como elemento material indispensable para la determinación de la responsabilidad individual por crímenes internacionales, particularmente por crímenes de lesa humanidad”, International Bar Association’s Human Rights Institute y Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Manual de análisis de contexto para violaciones a derechos humanos,  México, marzo de 2017, p.7, http://www.flacso.edu.mx/sites/default/files/violaciones-ddhh-y-contexto-herramientas-propuestas-para-documentar-investigar.pdf

[4] Idem, p. 17.

[5] Sus orígenes están en la necesidad de acreditar elementos contextuales en los delitos de lesa humanidad establecidos en el artículo 7º del Estatuto de Roma: “ataque generalizado o sistemático.” Por su parte, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH) considera que el análisis de contexto constituye un factor decisivo para una adecuada comprensión de las violaciones a derechos humanos.

[6] Idem, p. 14.

[7] Artículo 21 del Código Nacional de Procedimientos Penales.

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