Imparables

Hace 17 años no había matrimonio igualitario en ningún lugar del mundo. En marzo de 2018, hay 25 países que lo reconocen a nivel nacional o en partes de su territorio. Los movimientos LGBTI han ido conquistando derechos y ocupando espacios que han activado a los grupos antiderechos.

Por: Enrique Torre Molina (@etorremolina)

En la última década, América Latina se ha convertido en una de las regiones más dinámicas del mundo en términos de la comunidad de personas lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersex –y un etcétera casi infinito de identidades.

Con hitos como la legalización del matrimonio igualitario en varios lugares (empezando por Ciudad de México en 2009) y la aprobación de leyes de identidad de género (notablemente la de Argentina en 2012), los movimientos LGBTI+ en la región hemos ido conquistando derechos y ocupando espacios que apenas en los primeros años 2000 no eran nuestros. Parece que estamos en todos lados. Parece que somos cada vez más fuertes.

Eso ha llamado la atención de grupos antiderechos, que rápidamente se han organizado para intentar frenar el avance de la igualdad. Aunque su discurso, astutamente, no incluye un lenguaje explícitamente religioso, son grupos principalmente católicos y evangélicos. Aunque se presentan como “a favor de la familia”, son grupos que se oponen abiertamente al respeto y protección de familias que no sean la caricatura de papá, mamá, hijos y perro. Cada quien sosteniendo un globo azul o rosa, según su género. Parece que están en todos lados. Parece que son cada vez más fuertes.

Dicen que tenemos una agenda radical. Que queremos imponer la “ideología de género”. Que queremos meternos con sus hijos. La verdad es que no nos estamos metiendo con los hijos de nadie, la “ideología de género” no existe y nuestra agenda radical es que los medios de comunicación, las escuelas, nuestros empleadores, el Estado y nuestras propias familias nos traten como… personas.

Con ese panorama, las personas LGBTI+ necesitamos tomar conciencia de lo mucho que hemos avanzado en poco tiempo. Tenemos que mirar hacia atrás para aprender de nuestra historia comunitaria y después mirar adelante sin perder el foco de lo que queremos lograr. Como decimos en México, nos la tenemos que creer. Este libro es un acierto en ese sentido y llega en un momento ideal.

La contribución principal del libro Imparables es que genera investigación sobre América Latina desde América Latina. Diego Pérez Damasco y Distintas Latitudes han hecho una radiografía de los derechos, las organizaciones de la sociedad civil y los medios enfocados en la comunidad LGBTI+ en la región. Este trabajo invita a cualquiera que sea parte de o se interese en esta población a conocer el estado de nuestros logros, amenazas y principales luchas. A quienes nos llamamos activistas, nos obliga a voltear a ver a nuestros vecinos como referencia, cuando a veces vemos más bien hacia Estados Unidos, Canadá y Europa, donde los movimientos LGBTI+ van unos pasos adelante, pero donde los contextos políticos, sociales y culturales se parecen menos a los nuestros. Este libro nos ayuda a vernos como lo que podemos ser si nos conectamos, si nos conocemos mejor, si nos admiramos más, si verdaderamente nos aliamos.

Otra contribución de este documento es que insiste, en mi opinión, en cuatro grandes retos. El primero tiene que ver con fijar metas concretas para nuestros movimientos. En ciertos temas, son más claras: matrimonio igualitario, una ley de identidad de género, prohibir la discriminación laboral por orientación sexual… En otros, se nos complica más: ¿queremos más personajes LGBTI+ en las telenovelas y series? Pues hay que poner una cifra. ¿Queremos contenidos de diversidad sexual en la educación? Pues hay que definir cómo se ve eso. ¿Queremos ser contados en los censos? Pues hay que identificar cuáles son las preguntas clave que hay que incluir. Para incidir, esa puntualidad es importante.

El segundo es priorizar. Sí, todo lo que pedimos es necesario. Todo lo que está en nuestra agenda es indispensable. Sí, estamos luchando por todos los derechos para todos. Pero si todo urge al mismo tiempo, nos metemos el pie entre nosotros mismos. Ése ha sido, de hecho, un punto débil de nuestros movimientos.

El tercero tiene que ver con el sector privado: en países como Argentina, Chile, Colombia y México, cada vez hay más empresas nacionales y extranjeras que dan pasos a favor de la inclusión LGBTI+, ya sea con políticas internas, participando en marchas del orgullo o apoyando a asociaciones civiles. El reto es convencer a cada vez a más compañías de dar ese paso, exigirles cambios sustanciales en sus lugares de trabajo más allá de campañas publicitarias, y convertirlas realmente en aliadas de nuestro activismo.

Las personas LGBTI+ crecemos acostumbradas al miedo. Después, al salir del clóset, te acostumbras a la valentía, a tomar riesgos y a sentirte cómodo en tu propia piel. En la época que vivimos, de polarización a nivel global y avance de discursos conservadores, el cuarto reto es activar la esperanza en los momentos más rudos y volverla combustible para nuestras acciones de todos los días.

Como dice David León Ramírez, regidor municipal en Heredia, Costa Rica (y, para ser precisos, Luis Fonsi), vamos pasito a pasito, suave suavecito. Pero no vamos tan despacito: hace 17 años no había matrimonio igualitario en ningún lugar del mundo. En marzo de 2018, hay 25 países que lo reconocen a nivel nacional o en partes de su territorio. Es sólo un ejemplo para que nos quede algo claro: somos imparables.

 

* Enrique Torre Molina es consultor y activista por los derechos humanos y la comunidad LGBT+ en México y alrededor del mundo. Este texto es el prólogo del libro “Imparables: Radiografía de organizaciones, medios de comunicación y estado de los derechos de las comunidades LGBTI+ en América Latina”. Si quieres recibirlo de manera gratuita o ir a la presentación este 16 de abril en Ciudad de México, regístrate en este enlace.

Close
Comentarios