Anaya o AMLO: ¿quién dice la verdad sobre secuestros?

¿Fueron o no efectivas las políticas públicas implementadas por López Obrador para reducir el problema del secuestro? Con la metodología y datos usados por los dos candidatos en el debate, ninguno está cerca de poder darnos la respuesta correcta.

Por: Adán Silverio Murillo (@Adan_murillo)

En el reciente debate presidencial Andrés Manuel López Obrador, jefe de gobierno del entonces DF del 5 de diciembre de 2000 al 29 de julio de 2005 afirmó que: “Cuando fui jefe de Gobierno, se redujo el delito de secuestro en 38 %”. A su vez, Ricardo Anaya, señaló: “Es falso que cuando fue jefe de Gobierno estuviera (bien) la seguridad, por cada 100 casos en el país, los secuestros crecieron 88 %”.

¿Quién está diciendo la verdad? Eso depende de la pregunta que usted quiera contestar. En particular, yo creo que a usted y a mí lo que nos interesa es responder lo siguiente: ¿fueron o no efectivas las políticas públicas implementadas por López Obrador para reducir el problema del secuestro? Mi respuesta a este planteamiento es simple: con la metodología y datos usados por los dos candidatos, NINGUNO está cerca de poder darnos la respuesta correcta.

Permítanme empezar con un sencillo ejemplo. Yo nací en Veracruz en una de las zonas donde es común visitar brujos para atender desde problemas de salud hasta males de amor. Imagínese que usted tiene un dolor de cabeza severo, y va a visitar a un brujo para que le quite el dolor. El brujo le da un té de hierbas y le promete que en 24 horas el dolor se eliminará. Usted se toma el té y resulta que después de 24 horas efectivamente el dolor ha desaparecido. Entonces, ¿podemos atribuir este efecto al té del brujo? La respuesta no es sencilla. Para saber si el té funciona o no, lo que tendríamos que hacer es un experimento donde respondiéramos a la pregunta de que hubiera pasado si usted NO se hubiera tomado el té. La gente experta en estos temas llama a esto el “contrafactual”. Imagínese que usted pudiera regresar el tiempo, pero ahora no se toma el té. Usted espera las famosas 24 horas y resulta que ahora ya no tiene dolor. En ese momento usted se da cuenta que el brujo lo ha timado, pues el té no tiene ningún efecto en su dolor. En este punto, espero usted se de cuenta de la necesidad de tener un “contrafactual” para no ser timado en la vida real.

Para responder a la pregunta de interés, déjeme suponer que las cifras de secuestros son ciertas y usaré el periodo 2001-2005. La información de secuestros proviene del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Y dichas cifras vienen desglosadas en dos formatos: secuestros totales y tasas de secuestro por cada 100 mil habitantes.

Ahora vayamos a analizar lo que dicen los candidatos. Empecemos con AMLO. Si usamos el número de secuestros denunciados estos pasaron de 148 a 103, y si usamos la tasa de secuestros estos disminuyeron de 1.65 a 1.15 para el periodo 2001-2005. Con cualquiera de las medidas, los secuestros disminuyen. ¿Entonces ahora podemos decir que las políticas públicas de AMLO (como el té del brujo) de verdad funcionaron para bajar el secuestro? Usted ahora ya sabe que no. Este dato NO es suficiente, pues necesitamos un “contrafactual”. Y usted se convence más de la necesidad de un “contrafactual” al observar que a nivel nacional el número de secuestros pasó de 505 a 278 y la tasa de homicidios de 0.49 a 0.26. Es decir, usted no logra saber si la caída en secuestros obedece a una tendencia nacional o si de verdad es debido una política pública de AMLO.

Anaya trata de resolver el problema del “contrafactual” de AMLO, pero su metodología tiene dos problemas que presento a continuación. El primero es referente a medición. Al estilo de la primaria, uno tiene que comparar peras con peras y manzanas con manzanas. Dado el tamaño poblacional del entonces DF con el resto del país lo más apropiado es usar la tasa por cada 100 mil habitantes para controlar por el tamaño poblacional. En su caso Anaya usó el número de secuestros. El segundo problema es el “contrafactual” utilizado. En su caso Anaya usó como “contrafactual” o grupo de comparación la medida nacional. Aunque parece como una mejora respecto a la metodología propuesta por AMLO, encontrar un “contrafactual” no es una tarea simple. Y usted me dirá, ¿cuál es el problema? Para saber si el té (o la política pública) funciona, se le tendría que haber aplicado a la MISMA persona. Es decir tendríamos que haber comparado el periodo 2001-2005 donde Obrador fue jefe de gobierno contra un experimento donde para el mismo periodo Obrador NO fuera el jefe de gobierno. Y, a partir de ahí podríamos inferir el efecto. Pero como en la vida real no podemos regresar el tiempo, lo que se hace en la práctica es establecer métodos estadísticos para encontrar a alguien SIMILAR al grupo que recibió la política pública, y es al que se usa como “contrafactual”. En este sentido, parece difícil de creer que usar los datos nacionales sea un buen “contrafactual”, pues no parecen muy SIMILARES el entonces DF y el país. Por lo tanto, usando la metodología de Anaya tampoco podemos inferir la respuesta correcta.

Pero, ¿lo del “contrafactual” no es algo totalmente descabellado? En Twitter, alguien me decía que eso es totalmente ridículo y que no hay evidencia de que “eso se pueda implementar”. Yo nunca he dicho que sea fácil encontrar un “contrafactual”, pero si de verdad queremos avanzar el debate para saber que funciona o no en términos de políticas públicas necesitamos usar estos términos. En el caso mexicano, un ejemplo donde se usaron estas técnicas es PROSPERA, Oportunidades o PROGRESA (o como usted guste llamarle). Usando estas técnicas se pudo saber si el programa tenía efectos en educación, salud, y consumo, entre otros. Y a su vez analizar si el programa estaba teniendo efectos no deseados como aumentos en violencia doméstica o crecimiento en precios en las localidades atendidas. Y a partir de tener esta evidencia es que el programa ha podido ser mejorado, defendido y replicado en muchos otras países. Por lo que esta técnica no es tan descabellada o esotérica como a simple vista parece. Pero lo más importante, pensar en términos de “contrafactuales” nos permita avanzar nuestro conocimiento de lo que funciona o no en términos de políticas públicas.

¿Qué lección nos deja todo este debate? No debemos dejarnos engañar cuando un político nos diga que durante su mandato mejoró determinado indicador con la intención de hacernos creer que fue debido a las políticas públicas que implementó. Ahora usted sabe que para convencernos de sus dichos, el político necesita mostrarnos un contrafactual apropiado.

 

* Adán Silverio Murillo se encuentra haciendo su investigación postdoctoral en la Escuela de Políticas Públicas en American University. Doctor en Economía Aplicada por la Universidad de Minnesota mediante la beca Fulbright-García Robles. Maestría en Teoría Económica por el ITAM y Licenciado en Economía por la UNAM. Fue Director de Métodos Cuantitativos y Director General Adjunto de Impacto de los Programas Sociales en la Secretaría de Desarrollo Social. Trabaja en temas de pobreza, economía de la familia, y capital humano.

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