Productos forestales no maderables, debilidad de la Ley Forestal

En la Ley Forestal no se especifica de manera expresa la necesidad de la consulta y el consentimiento previo, libre, de buena fe, culturalmente adecuado, e informado entre los interesados en el aprovechamiento de los recursos genéticos y los poseedores del terreno, que en muchos casos serán comunidades indígenas o culturalmente equiparables.

Por: Maite Lascuráin Rangel y Juan E. Martínez Gómez

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define a los Productos Forestales No Maderables o Madereros (PFNM) como ” bienes de origen biológico, distintos de la madera, derivados del bosque, de otras áreas forestales y de los árboles fuera de los bosques. Los PFNM pueden recolectarse en forma silvestre o producirse en plantaciones forestales o sistemas agroforestales” y como ejemplo cita a los “productos utilizados como alimentos y aditivos alimentarios semillas comestibles, hongos, frutos, fibras, especies y condimentos, aromatizantes, fauna silvestre, resinas, gomas, productos vegetales y animales” utilizados con diferentes propósitos.

Los PFNM son importantes para la subsistencia, la economía y la conservación de la biodiversidad en todo el mundo, principalmente en zonas rurales; también se ha documentado su presencia en áreas urbanas. Diversos PFNM cumplen funciones de identidad cultural y representan valores espirituales de muchas generaciones de grupos humanos, que a su vez protegen paisajes y especies locales. Ante el crecimiento urbano y los cambios globales, en muchas partes del mundo se promueve el comercio de PFNM como mecanismo para disminuir la pobreza y de un manejo adecuado de los bosques. Para determinar la sustentabilidad en el empleo de los PFNM es necesario considerar las especies aprovechadas, el impacto sobre el entorno, las formas de procesamiento y su relación con otras actividades productivas, así como los aspectos culturales y de conocimiento tradicional relacionados con su aprovechamiento.

La aportación de los PFNM a la economía es clave sobre todo en la producción de alimentos y medicinas indispensables en la vida cotidiana de miles de personas. Algunos PFNM son cultivados como parte de sistemas agroforestales o forestales en sitios donde previamente habían sido recolectados de la vida silvestre, pero insuficientes ante la demanda comercial nacional o internacional. Hay estudios que demuestran que ciertos PFNM se pueden tornar raros o escasos por la pérdida de conocimiento tradicional y el hábitat, debido a que algunas plantas han sido sobreexplotadas sin ninguna oportunidad de regeneración y apropiado manejo.

En México hay unas 7 000 especies de plantas útiles con una gran diversidad de formas de uso y manejo en contextos socioeconómicos y culturales particulares. Esta cifra muestra con claridad la gran riqueza de especies vegetales que ya son utilizadas, se le deben sumar aquellas especies vegetales a las cuales no se les da uso. En otras palabras. las especies vegetales clasificadas como Recursos Forestales No Maderables superan por mucho a las especies maderables. Sin duda los RFNM son el componente principal de la biodiversidad terrestre mexicana.

Así, cuando se examina la propuesta de Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable (LGDFS), que está a punto de terminar su tránsito legislativo en la Cámara de Diputados, es necesario realizar algunas observaciones con la esperanza de que se atiendan las debilidades que la ley tiene con respecto a los Recursos Forestales No Maderables.

En los RFNM se encuentran muchas especies que potencialmente contienen recursos genéticos y derivados que pueden ser sujetos a la investigación biotecnológica para desarrollar nuevas substancias que contribuyan al bienestar humano. Sin embargo, en la Ley no se incorporan las previsiones necesarias para atender los compromisos adquiridos por México a través del Protocolo de Nagoya. Es decir, no se especifica de manera expresa la necesidad de la consulta y consentimiento previo, libre, de buena fe, culturalmente adecuado, e informado entre los interesados en el aprovechamiento de los recursos genéticos y los poseedores del terreno, que en muchos casos serán comunidades indígenas o culturalmente equiparables. Tampoco se establecen criterios o una ruta mínima para garantizar el reparto justo y equitativo de los beneficios que pudieran resultar de las innovaciones biotecnológicas resultantes de la investigación científica de los recursos genéticos y sus derivados. Además, como se señaló en repetidas ocasiones, para la LGDFS tampoco se realizó una consulta a los pueblos originarios como lo requiere el Convenio 168 de la Organización Internacional del Trabajo suscrito por México.

Otro aspecto de preocupación en la LGDFS tiene que ver con el aprovechamiento de los RFNM. Éste se regiría por la norma NOM 005 SEMARNAT que puede permitir tasas de aprovechamientos muy altas, que en algunos casos pudieran comprometer la viabilidad local de algunas especies vegetales. Este aspecto debe revisarse para garantizar el aprovechamiento sustentable de estos recursos. A diferencia de la definición de la FAO, la LGAFS no incluye a la fauna. Sin embargo, bajo el concepto de Recursos Asociados, la fauna se incorpora al glosario forestal. En algunos pasajes algo ambiguos se abre la puerta para que algunos componentes de la fauna sean aprovechados también, un traslape con la Ley General de Vida Silvestre (LGVS). Otro traslape con la LGVS se generará con las especies forestales invasoras; en particular, porque estás no están definidas con claridad.

Sería muy útil que la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados hiciera un análisis de estos aspectos para evitar desencuentros en el andamiaje normativo y la arquitectura institucional del Sector Ambiental.

 

* Maite Lascuráin Rangel y Juan E. Martínez Gómez son investigadores del Instituto de Ecología AC – CONACyT.

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