Iskenderian y la inclusión financiera para las mujeres

43 % de las mujeres del mundo no tienen una cuenta en una institución financiera. Marry Ellen Iskenderian, a la cabeza de Women’s World Banking, está cerrando la brecha de género financiera para más de 44 millones de clientes en 32 países.

Por: Valerie de la Fuente (@ValeriedelaFuen)

La inclusión financiera es uno de los más grandes retos globales. Es particularmente importante para el 43 % de las mujeres del mundo que aún no tiene una cuenta en una institución financiera. Las nuevas tecnologías han ayudado a superar obstáculos que antes se pensaban imposibles y han abierto muchas oportunidades para ofrecer servicios financieros a grupos históricamente excluidos. Sin embargo, “la tecnología por sí sola no va a reducir la brecha”. Mary Ellen Iskenderian, presidenta y CEO de Women’s World Banking, está reduciendo la desigualdad de género en herramientas financieras para más de 44 millones de clientes en 32 países. A través de su liderazgo en Women’s World Banking, una organización global sin fines de lucro para la inclusión financiera, se ha dedicado a aumentar el acceso para mujeres de bajos recursos a las herramientas financieras que necesitan para garantizar su seguridad y prosperidad.

Vivimos en una época de desarrollo tecnológico sin precedentes. Sin embargo, según el Banco Mundial, 39 % de la población mundial aún no tiene accesso a una cuenta de banco. ¿Cuáles son los principales obstáculos para la inclusión financiera?

La tecnología va a ser la herramienta principal para reducir la brecha en la inclusón financiera. No sólo en las cuentas bancarias, sino también en la desigualdad financiera de género, que es en lo que nos enfocamos en Women’s World Banking. Aún hay una brecha muy amplia en el acceso que tienen las mujeres a las finanzas y la tecnología en comparación con los hombres. Sin embargo, no podemos dar por hecho que solo porque la tecnología existe, la inclusión financiera va a existir también. Especialmente para las mujeres, aún hay muchas normas sociales y culturales que hacen muy difícil para ellas tener un teléfono celular propio. Las mujeres tienen muy claro que si van a manejar su banca desde el celular, tiene que ser un celular propio, porque generalmente no quieren que sus esposos o sus hijos vean sus transacciones o que tienen acceso a financiamiento. Hay mucho potencial que explotar en cuanto a confidencialidad y seguridad bancaria, pero las mujeres no necesariamente tienen accesso a su propia tecnología.

Estamos haciendo un proyecto fascinante con la empresa de telecomunicaciones proveedora de dinero electrónico más grande de Pakistán. Descubrieron que sólo 15% de sus clientes eran mujeres. Las mujeres que sí tenían sus productos los usaban tanto como los hombres, pero la manera en la que la empresa atraía a nuevos clientes era por medio de agentes que eran 90% hombres. En un país con tantas prohibiciones de género, para contratar el servicio la clienta no sólo tenía que sentirse con la confianza de ir a la tienda y ser atendida por un hombre, sino también tendría que darle su número celular.

Había toda una serie de razones por las que no era nada conveniente para una mujer obtener estos productos. En nuestro proyecto con esta empresa, hemos identificado toda una red de mujeres propietarias de quioscos de Unilever por todo Pakistán, y las hemos entrenado para ser agentes de la empresa. Elegimos mujeres que ya son muy respetadas en sus comunidades, por lo que atraen a otras clientas con mayor facilidad. Estamos explorando posibles mecanismos para que más mujeres usen la tecnología, pero la tecnología por sí sola no va a reducir la brecha.

¿Por qué la inclusión financiera de las mujeres es relevante como objetivo social?

Durante las rondas de negociación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en la Organización de las Naciones Unidas, hubo mucha discusión en torno a si la inclusión financiera debía ser uno de los objetivos, y se decidió explícitamente no hacerla un objetivo per se, sino considerarla como un medio para alcanzar muchos de los objetivos más amplios. Desde nuestra perspectiva, la inclusión financiera en general ayuda a mejorar el accesso a agua limpia, la seguridad alimentaria, la educación de calidad y la salud, pero la inclusión financiera de las mujeres ayuda más rápido y te lleva aún más lejos, porque todos estos temas son cosas que les importan mucho a las mujeres; son cosas en las que gastan su dinero y ahorran para tenerlas.

Tenemos muchos datos que comprueban que las mujeres ganan menos que los hombres y tienen menos ingreso disponible, pero las mujeres son las administradoras del riesgo en el hogar; ellas determinan cómo se va a gastar el dinero. Cuando una mujer tiene ese poder de decisión, siempre va a priorizar la salud, la higiene, las mejoras en el hogar y la alimentación, y por lo tanto la inclusión financiera de las mujeres tiene un efecto multiplicador (porque la inclusión financiera no es un fin en sí).

Hay investigaciones interesantísimas que encuentran cómo sentirse incluida financieramente tiene efectos positivos sobre la autoestima de las mujeres, su poder de negociación en el hogar, su participación política y su protección de la violencia doméstica.

En tu experiencia dirigiendo Women’s World Banking, ¿cuáles son algunas de las características más importantes sobre las realidades únicas que enfrentan las mujeres en términos financieros?

Algo que hemos observado, y resulta fascinante porque sucede en todos los niveles de ingreso, es que las mujeres necesitan mucha mayor información para tomar una decisión financiera. Fidelity Investments hizo un estudio fascinante sobre mujeres profesionistas de ingreso medio y alto que tenían asesores financieros, y siempre hacían muchas más preguntas, pedían muchas más explicaciones y querían estar absolutamente seguras de que el producto era realmente bueno para ellas. En Women’s World Banking hemos observado lo mismo: tenemos anécdotas chistosísimas de nuestros agentes de préstamos quejándose de lo tardado que es convencer a una mujer de adquirir el producto. Pero una vez que te ganas su confianza, se convierte en un cliente fiel de la institución financiera.

Hay datos muy buenos sobre las tasas de retención entre clientes mujeres. Si están contentas con el servicio, son mucho más propensas a contárselo a más gente; y si no están satisfechas, también es mucho más probable que lo comenten. Los hombres terminan una relación financiera por un par de puntos base en las tasas de interés, pero las mujeres realmente valoran la relación.

Sin embargo, una de las cosas que escuchamos con frecuencia entre mujeres de bajos recursos es que tener una cuenta de banco es algo a lo que muchas aspiran: lo ven como algo que presumir con otras mujeres, les enorgullecería contarle a sus hijos que tienen una. Y sin embargo, las mujeres sienten una fuerte distancia emocional con el banco: “Esas cosas no son para mí. Al banco no le interesan clientes como yo”. Los bancos no piensan en eso cuando están buscando atraer a más clientes, pero es algo que sin duda tendrán que considerar si quieren atraer a más mujeres.

Women’s World Banking ha incrementado el acceso para un millón y medio de mujeres a productos y servicios financieros que antes no tenían a su alcance. ¿Cuál ha sido tu mayor reto?

El reto más grande es cuando desarrollamos una buena propuesta de negocios y el banco de todas formas nos dice que no. Es el sesgo constante de no querer ver lo que dicen los números y dar por hecho que las mujeres implican más riesgos, cuando en realidad es exactamente lo contrario.

En países que tienen datos desagregados por género, como Chile, se encuentra que sin lugar a dudas las mujeres son mejores pagando los préstamos que los hombres, para todos los niveles de ingreso y para todos los tamaños de préstamo. Sin embargo, las investigaciones nos dicen que las mujeres en promedio reciben préstamos a menor plazo y con tasas de interés más altas. También en Chile, los hombres son más propensos a pedir préstamos para propósitos de consumo, mientras que las mujeres piden prestado para hacer mejoras en el hogar. El reto que enfrentamos es que nosotros presentamos estos datos, comprobamos que el riesgo de prestarle a mujeres es mucho menor, y muchos bancos de todas formas nos dicen que no. No sé cómo se combate ese sesgo, esas ganas de no ver los hechos cuando no se parecen a lo que has escuchado toda tu vida. 

¿Cuál es la situación de la inclusión financiera de las mujeres en Estados Unidos, en comparación con países en desarrollo?

No soy experta en inclusión financiera en Estados Unidos, pero sé que prácticamente no hay brecha de género en este tema. Los problemas de acceso aquí no son los mismos que en otras partes del mundo. Sin embargo, sí vemos que las empresas con propietarias mujeres reciben menos de 3% del capital de riesgo en Estados Unidos, de modo que el accesso a capital es tan problemático como en los países en vías de desarrollo.

El factor más determinante para que una empresa de una mujer obtenga financiamiento en Estados Unidos es si hay un hombre en el comité de inversiones. Los hombres no consideran a las start-ups de mujeres como negocios viables ni como opciones prometedoras de emprendedurismo. Hace poco hubo un caso en la prensa de una start-up fundada por dos mujeres que no lograba recibir financiamiento de ningún lado hasta que decidieron inventarse a un director ejecutivo hombre cuando mandaban su propuesta a las empresas de financiamiento. Volvieron a enviar sus propuestas a muchas de las mismas empresas a las que ya habían postulado antes, pero ahora, con el director inventando, por fin lograron que les concedieran algunas juntas.

En Estados Unidos no existe realmente el problema del falta de colateral, que sí es determinante para el acceso de empresas de mujeres a crédito en el resto del mundo. Algo que ha sido muy exitoso en Estados Unidos, México y cada vez más países en desarrollo es aceptar bienes muebles como aval, lo que permite a las mujeres poner en garantía su coche o sus cuentas por cobrar para que les otorguen el préstamo. Ya no tienen que ser bienes inmuebles, terrenos o propiedades, que las mujeres tienden a tener con menor frecuencia. Recuerdo una estadística interesantísima: 86% de los préstamos otorgados a mujeres emprendedoras en Estados Unidos no podrían haberse realizado en Nigeria porque entonces aún no se aceptaban los bienes muebles como garantía en ese país. Las mujeres no tienen muchos activos físicos que ofrecer, por lo que poder poner cuentas por cobrar en garantía es algo sumamente importante.

Si bien la inclusión financiera trae muchos beneficios económicos, el principal objetivo del sector privado es generar ganancias, lo que muchas veces impide que las empresas se aventuren a atraer a clientes de menores ingresos. ¿Cómo has logrado superar este obstáculo y desarrollar modelos de negocios que sean financieramente incluyentes y a la vez sostenibles?

La tecnología realmente ha abaratado mucho los costos, y muchas de las razones que dan los bancos para no hacer negocios con ciertas poblaciones ya no son válidas. Más bien se trata de si hay una propuesta de de negocios viable para servir a esta población. Esa es una gran parte de lo que nosotros hacemos, y les toca a otros en este campo tomar esa decisión. Pero incluso con la estructura de costos como está ahora, definitivamente se puede hacer dinero con estos clientes.

El mecanismo adecuado se encuentra quizá en las ventas cruzadas de productos, en lograr ofrecer una plataforma donde estos clientes de bajos ingresos puedan hacer muchas cosas diferentes. Si consideramos la cadena de valor de las instituciones financieras y otras empresas, sin duda esto califica como una oportunidad de negocios. En Women’s World Banking no creemos en caridades, no creemos en subsidios. Sabemos que si estos productos no generan ganancias, nadie va a continuar ofreciéndolos cuando se acabe la subvención.

 

* Mary Ellen Iskenderian es presidenta y CEO de Women’s World Banking, una organización global sin fines de lucro dedicada a mejorar el acceso de mujeres de bajos ingresos a las herramientas y los recursos financieros que necesitan para garantizar su seguridad y prosperidad. Se incorporó al Women’s World Banking en 2006 y dirige su equipo global con sede en Nueva York; también funge como miembro de su comité de inversiones, cuyo fondo asciende a los cincuenta millones de dólares. Antes de llegar a Women’s World Banking, Trabajó durante 17 años en la Corporación Financiera Internacional, la rama del Banco Mundial para el sector privado. También trabajó en la banca de inversión Lehman Brothers. Iskenderian es miembro permanente del Consejo de Relaciones Exteriores y del Foro de Mujeres de Nueva York y la Comisión de Negocios y Desarrollo Sostenible. Iskenderian es maestra en Administración de Empresas por la Universidad de Yale y licenciada en Economía Internacional por la Universidad de Georgetown.

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