Los migrantes y la pose electoral

El mensaje de los candidatos durante el debate fue, en esencia, que nos importan los migrantes mientras puedan enviar dólares de vuelta, pero no una vez que solo puedan producir pesos.

Por: Pedro Gerson (@elpgerson)

Dos cosas quedaron claras tras el segundo debate presidencial: es fácil hablar bonito de los migrantes y es difícil tener buenas ideas para atender la problemática de la migración. Cada uno de los candidatos mostró la flaqueza de sus candidaturas frente a este problema sea por ignorancia o por falta de propuestas reales.

El debate se centró en los migrantes mexicanos en Estados Unidos. Esto no fue sorpresa. Por un lado, las remesas son un motor importante de crecimiento económico y, por otro, la retórica  de Trump hace que la defensa de nuestros paisanos en el país vecino sea un tema susceptible al fanfarronismo bravucón de los políticos.

Si bien este es un tema importante, resulta también un poco extraño que acapare toda la atención dado el acotado impacto que el ejecutivo nacional puede tener en la vida de los migrantes en Estados Unidos. Obviamente hay mucho que se puede y debe hacer por ellos, como mejorar la defensa legal de los migrantes proporcionada por el estado mexicano[1], acercarse con los estados santuario en EUA, o aumentar de vínculos entre los migrantes mexicanos y sus localidades de origen. No obstante, la situación de los migrantes mexicanos en Estados Unidos no depende del presidente de México. El gobierno de México no puede cambiar las prioridades de las autoridades migratorias del norte, o cómo tratan las cortes migratorias a nuestros connacionales, o qué opciones tiene una persona indocumentada para regularizar sus estatus migratorio.  Esto quiere decir que las políticas promigrantes mexicanos en EUA que implemente el gobierno federal necesariamente tendrán un impacto discreto en el país vecino.

Es por esto que el debate de la migración debió haber tratado aristas distintas: aquellas en las que gobierno mexicano tiene una injerencia más directa. El que fue abordado con un poco más de detalle el domingo fue el de qué hacer acerca de los migrantes centroaméricanos en México. Predeciblemente, las propuestas fueron paupérrimas.

Todos los candidatos hablaron de que se les iba a ayudar a los “hermanos centramericanos”. Pero pocos fueron los detalles de qué se iba a hacer por ellos (ni hablar del cómo). Lo más preocupante es que se habló poco o nada de qué se hará para resolver la increíble crisis de seguridad a la que se enfrentan los migrantes centroamericanos en México. Quizá es porque ninguno de los candidatos tiene una propuesta viable en materia de seguridad en general, pero no mencionar la seguridad dentro del contexto de la migración demuestra una penosa falta de empatía con los migrantes. Además, nosotros no podremos demandar que Estados Unidos trate bien a los migrantes haciendo un sistema de asilo político más eficaz que el del norte, si los migrantes en nuestro país siguen siendo asesinados cotidianamente.

Otro tema en el que habría valido la pena profundizar es el de cómo reintegrar a los deportados a nuestro país. Esos mexicanos que tanto le preocupan a Ricardo Anaya que llevan 20 años en Estados Unidos y están en peligro de ser repatriados claramente podrían aportar algo bueno a México. Brilla por su ausencia la voluntad de querer reintegrar al paisano repatriado. El mensaje, en esencia, fue que nos importan los migrantes mientras puedan enviar dólares de vuelta, pero no una vez que solo puedan producir pesos. 

Tampoco se habló de cómo atraer talento del extranjero. En un mundo en el que los países del norte están cerrando sus puertas, países como México están posicionados para atraer migrantes. Distintos estudios demuestran que los migrantes tienen impactos positivos en la población económicamente activa y en el capital humano de un país, contribuyen más al fisco de lo que reciben en servicios gubernamentales y tienden a ser más emprendedores que la población local. Nuestras leyes migratorias complican mucho que la gente se mude al país, y las diversas protecciones nacionalistas a nuestros profesionistas impiden que los migrantes trabajen en México.

Desafortunadamente los candidatos no hablaron de estos (y otros) temas en los que sí podrían influir. No los culpo necesariamente. Al fin y al cabo, fingir una pose ruda contra Trump es más fácil (y redituable quizá) que articular decisiones creativas y difíciles de política pública migratoria. Sin embargo, el país y los migrantes merecen líderes que realmente entiendan la problemática.

 

* Pedro Gerson es abogado migratorio y penal en el Bronx, Nueva York.

 

Referencias: 

[1] Noción aludida pero no articulada, me parece, por la propuesta lopezobradorista de los consulados como procuradurías.

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