Confieso que he votado

Jóvenes que hoy votan no tienen registro de lo que era votar antes del 2000. He pensado en escribir estas líneas de lo que ha significado para personas de mi generación el voto en México desde 1976, 42 años de votos, o lo que es lo mismo, 7 elecciones presidenciales. No intento hacer un estudio académico o político o social de cada una de estas elecciones. Esto es lo que yo, ciudadano, simplemente viví y voté.

Por: Carlos Segovia

En memoria de Alejandro Espejel.

Hace algunos días leí en Twitter un diálogo entre varios usuarios, en donde cada uno exponía desde cuándo empezaron a votar y por quién habían votado. Para mi sorpresa, casi todos empezaron a votar en el 2000, es decir, quienes tenían ese diálogo en esa red social son lo que pudiéramos llamar “millennials del voto”, personas que en aquel entonces tendrían entre 18 a 22/23 años; entonces, el día de la votación de este 2018 tendrán entre 36 a 40/41 años. No vi a nadie, en ese particular intercambio, que hablara de elecciones anteriores al 2000, es por ello que he pensado en escribir estas líneas de lo que ha significado para personas de mi generación el voto en México desde… 1976, 42 años de votos, o lo que es lo mismo, 7 elecciones presidenciales. No intento hacer un estudio académico o político o social de cada una de estas elecciones. Esto es lo que yo, ciudadano, simplemente viví y voté.

1976

Las primeras elecciones en las que participé como elector fueron las de 1976, con 19 años cumplidos. Elecciones en las que oficialmente solo hubo un candidato: José López Portillo, postulado por la coalición Alianza por la democracia (sí, las coaliciones no son invento nuevo), nombre que si lo oyera cualquier persona no mexicana pensaría en una elección democrática, pero que no fue otra cosa que una elección más de Estado, descaradamente y a la vista de todos. En ese año el PAN no presentó candidatura a la presidencia debido a serios problemas internos con los que luchaban en esos momentos, así que los jóvenes de mi generación, que por primera vez ejerceríamos nuestro derecho a votar, no teníamos opciones para elegir.

El único candidato que se postuló de manera independiente, mas no reconocido oficialmente, fue Valentín Campa, por el Partido Comunista, quien inclusive realizó una campaña de promoción del voto a su favor. En aquel entonces, en el que no había internet, Facebook, Twitter, etc., y cuando la prensa, radio o televisión no cubría prácticamente ninguno de sus mítines y eventos, se estima que obtuvo alrededor de 1 millón de votos. Nada despreciable, considerando las severas limitaciones de su campaña y la nula cobertura mediática de la misma (nunca se sabrá exactamente cuántos votos obtuvo Campa ya que sus votos eran considerados o nulos o por otro candidato, confundidos entre quienes votaban en aquel entonces, por ejemplo, por Pedro Infante o Cantinflas o El Santo).

Recuerdo que en los meses previos al día de la elección, irremediablemente en una clase de Economía en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) Culhuacán (en donde yo en ese entonces estudiaba), algunos compañeros expresaban su intención de votar por Campa, a lo que la joven maestra en ese momento argumentaba que no sería la mejor opción, ya que Campa había estado preso. Algún compañero contestó: Juárez también estuvo preso y ha sido el mejor presidente de México. El resultado de esas elecciones es historia: ganaba López Portillo con más del 90 % de la votación, tomaba posesión de la presidencia prometiendo mucho, cumpliendo poco y defendiendo el peso como perro… y así le fue a México.

1982

Mi participación como elector en mis segundos comicios presidenciales me tocaría, además de votar, ser funcionario y presidente de la casilla de la esquina de mi casa en Avenida Coyoacán en la Colonia del Valle. En ese entonces y debido a una reforma política promovida por Jesús Reyes Heroles, se presentaron a contender 6 candidatos, en donde aparece por primera vez en una boleta electoral el nombre de Rosario Ibarra de Piedra (activista desde mediados de los 70, cuando el Estado desaparece a su hijo).

La capacitación como funcionario de casilla fue rápida y deficiente. Tuvimos que hacer uso de todo nuestro sentido común tanto mis compañeros funcionarios como yo para sacar adelante el correcto funcionamiento de la casilla. Ese día como funcionaria de la misma casilla también participaba mi hermana Adriana, así que compartimos esa larga, muy larga jornada, juntos. Los representantes de partido fueron solamente del PRI y del PAN; la representante del PRI, aunque ella nunca dijo donde trabajaba, estoy seguro de que era empleada de alguna dependencia de gobierno que “le había tocado la mala suerte” de ser elegida como representante de partido, y cubrió estrictamente sus horas hábiles: de las 9:00 AM (aunque mi casilla abrió a las 8:00) a 5:00 PM. El representante del PAN llegó antes de las 8 y se fue hasta que terminamos de hacer el total conteo de los votos. En esa elección y en esa casilla ganó el PRI, pero por un margen muy bajo, menos del 50 % del total de la votación. Recuerdo que, junto con otros dos funcionarios de casilla, los vecinos hicimos un rápido ejercicio y si sumábamos juntos todos los votos de los 5 candidatos que no eran del PRI, hubieran podido ganar al menos en esa casilla al PRI.

Nos habían dicho que al final de la jornada electoral pasarían por nosotros para llevar la documentación al lugar en donde se estaban concentrando toda la documentación de las casillas. Después de terminar y esperar como 2 horas,  decidí llevar la documentación. Ningún funcionario quiso acompañarme, no me acompañó la policía, ni tuve seguridad de ningún tipo, en fin, totalmente fuera de normas esa elección, al menos en la parte final de la jornada y en mi casilla. El ganador en esas elecciones fue Miguel de la Madrid, quien no pudo detener la caída económica de este país que había empezado un sexenio antes.

1988

Desde 1987 la efervescencia política en el país crecía. Dentro del PRI hubo una ruptura y salieron del partido, entre otros, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martinez, hecho que en la historia reciente del PRI no se había visto. Para 1988 se postuló por primera vez a Cuauhtémoc Cárdenas como candidato a la presidencia por el PARM (hoy desaparecido), candidatura a la que se sumaron 4 partidos más, formando todos el Frente Democrático Nacional (FDN).

En esa elección el PAN postulaba a Manuel Clouthier, quien por su carismático carácter y propuestas ganaría muchas adhesiones; el Partido Mexicano Socialista postulaba a Heberto Castillo, quien al final declinó a favor de Cárdenas, y repetía por segunda ocasión Rosario Ibarra. En otras palabras, por primera vez desde la fundación del PRI se enfrentaba a una verdadera elección con contendientes muy fuertes. Me empecé a involucrar en reuniones y mítines políticos desde abril del 88, de tal forma que me convertí en representante de partido por el desaparecido PMS en una casilla electoral de la colonia en donde en ese entonces vivía, la Santa Cruz Atoyac en la Delegación Benito Juárez. Tuve una sola capacitación para mis labores como representante de partido, de tal forma que el día de la elección desde las 7 AM, con más entusiasmo que conocimiento técnico, estaba yo listo para mi trabajo en esa decisiva jornada electoral. La mañana de las elecciones la instalación de la casilla fue lenta, faltaban 2 funcionarios de ésta y se veía que los que estaban no habían sido capacitados correctamente (como me había ocurrido a mí 6 años atrás); habíamos representantes de 4 partidos y todos querían opinar sobre la manera de hacer las cosas.

Finalmente, la casilla quedó instalada después de las 8:30 AM con la molestia de muchos electores ya formados desde antes de las 8:00 AM para votar.

La votación corría normalmente hasta que alrededor de las 2:00 PM se presentó un camión del ejército, del cual descendieron entre 10 a 12 soldados a formarse para votar. En ese entonces había un porcentaje de boletas adicionales para votar en todas las casillas (desde el año 2000 eso cambió), para que ciudadanos que por diversas razones se encontraban fuera de sus distritos pudieran ejercer su derecho al voto. Así los soldados querían votar todos en esa casilla usando esas boletas adicionales. Inmediatamente se dio una discusión entre todos los representantes de partido, en el sentido de si debíamos dejarlos votar o no. No había reglas claras en aquel entonces y nadie se ponía de acuerdo sobre si podían votar todos los soldados o solo algunos de ellos o ninguno de ellos. Finalmente acordamos que dejaríamos votar solamente a los soldados que representaran el 10 % de nuestras boletas adicionales, de esa forma preservábamos boletas para ciudadanos electores que eventualmente se presentaran a querer hacer uso de esas boletas adicionales. Tal vez no la mejor solución, ni siquiera apegada a los reglamentos, pero fue la que finalmente los militares aceptaron y así procedimos.

El resto de la tarde transcurrió sin más incidentes, hasta que llegó la hora del conteo de votos. Aquí noté un cambio radical con relación a las pasadas elecciones (1982), donde había sido funcionario de casilla: la participación de los representantes de partido. Intensa, debatiendo y discutiendo cualquier anomalía o detalle en las boletas, que si una boleta estaba manchada de grasa de comida, que si los votos eran marcados con cruces o con palomitas o con líneas diagonales, que si alguien puso el nombre del candidato de su preferencia a lo largo de toda la boleta. Es decir, el conteo se alargó hasta entrada la noche, pero al final puedo asegurar sin duda alguna que Cuauhtémoc Cárdenas había arrasado en esa casilla. Y ahora había que llevar toda la documentación a la sede del distrito electoral correspondiente y otra vez (al igual que 6 años antes) al presidente de casilla le dijeron que un transporte pasaría por él… y jamás llegó.

Yo me ofrecí a llevarlo, y aunque al principio no quería (pues yo era representante de partido) y seguimos esperando por 30 o 40 minutos más, al final decidió aceptar mi oferta ya que era el único presente con auto. La representante del PAN dijo que también nos acompañaba, pues quería estar segura de que la documentación llegara al distrito. Había una patrulla afuera de la casilla que a las 8:00 PM nos había dicho que ellos nos escoltarían a la sede del distrito, pero después de las 12:00 se había ido. Así que en mi carro fuimos 6 personas hasta la sede. Una vez allí nos empezamos a enterar de resultados de otras casillas, de otras colonias. La información de los otros presidentes de casilla o representantes de partido era igual: en todas Cuauhtémoc Cárdenas había ganado.

Esa madrugada me fui a dormir pensando que todo iba en marcha y el camino a la victoria de Cárdenas era claro, cuando a la mañana siguiente me entero de la famosa caída del sistema. Manuel Bartlett, en ese entonces Secretario de Gobernación (ahora miembro del Partido del Trabajo y cercano colaborador de Andrés Manuel López Obrador) y desde entonces reconocido como el autor de la caída del sistema, informaba de un problema en el sistema de cómputo para el conteo de votos.

Nadie creyó eso. Hay muchas versiones de lo que pudo haber pasado, que si el PRI tenía un sistema paralelo de conteo de votos ligados al sistema de cómputo del Instituto Electoral y se daba cuenta del catastrófico resultado para ellos, que si era una falla técnica de las computadoras, etc. Años después me encontré a un viejo compañero de la carrera que se había especializado en cómputo y que en el 88 trabajaba para la compañía que había suministrado el equipo para esas elecciones. Él comentaba que un problema que hubiera durado 8 días en el sistema de cómputo, como sucedió en esa ocasión, técnicamente no era posible. Así, de una manera gris, por decirlo amablemente, Carlos Salinas de Gortari (postulado por el PRI) tomaba posesión de la presidencia para el periodo 1988-1994 bajo una tormenta política.

Seguirían meses de protestas, marchas, manifestaciones, etc. Sin embargo, Salinas de Gortari, ya en la presidencia, negoció hábilmente con el PAN para detener cualquier investigación en torno al fraude. Así que 3 años después y en contubernio con ese partido, Salinas ordena la quema de las boletas electorales del 88. Es así como en la actualidad no hay forma de comprobar fehacientemente la magnitud de ese fraude electoral. Con el paso de los años han aparecido libros, entrevistas, declaraciones de los actores principales de esa jornada electoral (inclusive el libro de las memorias de Miguel de la Madrid, presidente en ese momento), en donde de una u otra forma se confirma lo que todos sabíamos: se perpetró un gigantesco fraude electoral en México en 1988.

1993

Este año, aunque no corresponde a ninguna elección federal o local en Ciudad de México, lo considero importante porque se llevó a cabo el plebiscito, evento que, desde mi punto de vista, marcó un gran paso en la democratización de la ciudad. Desde finales del 1992 varios diputados de diversos partidos, entre ellos Demetrio Sodi y Pablo Gómez, lanzaron una iniciativa para consultar a los habitantes de Ciudad de México si estaban de acuerdo en que sus autoridades fueran elegidas democráticamente a través del voto directo, ya que a los ciudadanos del entonces Distrito Federal, desde el triunfo de la Revolución, se les había negado el derecho a elegir a sus gobernantes democráticamente. De tal manera que se fijó el 21 de marzo de 1993 para realizar el Plebiscito del Distrito Federal.

La organización de éste fue complicada, pues sin apoyo oficial y escasa difusión en los medios de comunicación planteaba muchos problemas logísticos. Sin embargo, gracias a la perseverancia de sus organizadores y a que muchos ciudadanos como yo nos apuntamos a colaborar, finalmente se realizó. Así unas semanas antes del 21 de marzo me inscribí como voluntario y quedé a cargo de una mesa de votación en mi colonia. Como no había un lugar específico para votar yo escogí el lugar para instalar la casilla de votación. En aquel entonces vivía en Tepepan, Xochimilco, así que seleccioné la esquina de una conocida panadería en la Avenida Guadalupe I. Ramirez, frente a la estación del tren ligero la Noria; pensé que el tráfico de gente tanto a la panadería como a la estación del tren ligero atraerían personas a participar y votar. Días antes del plebiscito, repartí volantes invitando a votar entre todos los habitantes de la unidad habitacional donde vivía en aquel entonces. Invité a mi hermana Adriana y a una vecina a apoyarme para ese día. Previamente había recogido las urnas y boletas para la votación, preparé cartulinas grandes de colores brillantes con la invitación para votar y la dirección de la casilla, y las pegué en  las inmediaciones de la improvisada casilla. El día de la votación, muy temprano cargué una mesa, sillas y  mi cámara fotográfica para armar la casilla. Mi vecina, mi hermana  y yo estuvimos listos desde antes de las 8:00 AM para esperar la votación. Aunque la esquina que escogí tiene regularmente mucho tránsito, no toda la gente que pasaba por allí se animaba a votar, y había un gran desconocimiento y desconfianza de qué se trataba todo aquello, ya que la televisión y la radio habían ignorado casi por completo ese ejercicio democrático.

Aun así, no nos desanimamos y estuvimos allí desde las 8:00 AM a las 6:00 PM. Al final hicimos nuestro conteo de votos en donde una inmensa mayoría de los electores (cercanos al 90 %) habían votado por las opciones de tener una ciudad más democrática. Una vez terminado el conteo levanté la casilla (mesa, sillas, documentación) y de inmediato llevé los resultados al punto de concentración, ya que había el compromiso de darlos a conocer esa misma noche. Me enteré al final que se habían instalado cerca de 3000 casillas en toda la ciudad; se movilizaron unas 12,000 personas para recibir los votos y organizar el plebiscito; se habían recibido más de 300 mil votos; cerca del 85 % de los votantes se inclinaban por cambiar la ciudad y hacerla un espacio más democrático, y al mismo tiempo se demostraba que se podían tener votaciones limpias y transparentes. Aunque los resultados no eran vinculantes, con acciones futuras de gobierno, dieron pie para los cambios que se avecinaban demostrando que los habitantes de esta ciudad queríamos participar y votar en libertad por nuestros representantes.

1994

He oído varias veces, con relación a este año, describirlo parafraseando al título de una película: “El año que vivimos en peligro”. Las elecciones de este año fueron marcadas con acontecimientos no vistos en la historia reciente de México. En enero, el surgimiento del movimiento en armas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y de la imagen de su líder: el subcomandante Marcos. En marzo, el asesinato del candidato del PRI a la presidencia, Luis Donaldo Colosio, entrando de relevo Ernesto Zedillo. Estos dos hechos ponían en riesgo la estabilidad del país. Por otra parte, también sectores de la sociedad se empezaban a organizar fuera de los partidos políticos tradicionales, con el objeto de participar en estas elecciones, muchos al igual que yo teníamos una gran desconfianza con relación a la organización de la elección, al conteo de los votos, a la transparencia de todo el proceso.  En ese año se creaba una organización civil: Alianza Cívica (ahora prácticamente inactiva), que estaba organizando la participación ciudadana a través de la observación electoral, y ellos coincidían con mi punto de vista : no queríamos otro fraude electoral como el del 88, así que en mi opinión la manera de evitar eso era participando.

Me acerqué a Alianza Cívica y me registré como parte de los observadores electorales para la jornada del 21 de agosto. Competirían por el PRI Ernesto Zedillo, por el PAN Diego Fernández de Cevallos, por el PRD por segunda vez lo intentaría Cuauhtémoc Cárdenas, además de 6 candidatos más de partidos que por la escasa votación que obtuvieron a la larga perderían sus registros. Con una capacitación corta, rápida y un pequeño manual de observación electoral, el día de la elección ya estaba listo para mi labor desde muy temprano. Unos días antes sugerí que además de observar podría tomar fotografías (mi muy seria afición desde hacía muchos años) para enriquecer con imágenes mi trabajo como observador. El coordinador de Alianza Cívica me dijo que sí, que lo hiciera, y una persona que coordinaría en general la toma de fotos se comunicaría conmigo. De tal forma que cargué mi cámara y varios rollos fotográficos.

Me asignaron una zona en la delegación Álvaro Obregón, en la cual tendría que observar en diversas casillas desde el montaje y la apertura de éstas, hasta el cierre de casilla, conteo de votos, y el transporte de la documentación a la sede de distrito. Escogí una casilla instalada en una escuela primaria para la observación del montaje de ésta, me di cuenta de que, como en previas elecciones que ya había participado, los funcionarios de casilla o no lo habían capacitado o la capacitación había sido deficiente, ya que tuvieron muchos problemas para abrir la casilla.  Recorrí la zona varias veces, la votación en esa zona era escasa, aunque un par de horas antes del cierre de las casillas aumentó la afluencia de votantes. Para el cierre de casilla escogí otra escuela para observar de cerca todo el procedimiento de conteo de votos. Me percaté de varios errores en el transcurso del conteo, errores que iban desde las equivocaciones aritméticas al sumar votos, las que no contaban adecuadamente los mismos, hasta las que revolvían votos de diferentes candidatos o no saber llenar las actas, todos estos errores me parecían más de falta de capacitación que de voluntad por favorecer algún candidato en particular.

Al terminar el conteo y el llenado de actas, el presidente de esa casilla llevó los votos a la sede del distrito electoral; yo los acompañé en mi auto. Como en esa casilla se tardaron mucho en el conteo, al momento de llegar a la sede distrital había muchísima gente tratando de entregar sus paquetes electorales. La entrega tomó mucho tiempo, de tal forma que terminé entrada la madrugada. Al día siguiente me comuniqué con el coordinador de Alianza Cívica, reporté mi observación y pregunté a quién entregaba los rollos de fotografía que tenia del día anterior. Me dijeron que más tarde se comunicarían conmigo. Nunca nadie se comunicó conmigo.

El resultado de las elecciones dio como ganador al PRI con un resultado que difícilmente se prestaba a reclamos ya que Zedillo ganaba con más del 45% de los votos, mientras que su más cercano contendiente, Fernández de Cevallos, alcanzaba tan solo 25% y Cárdenas apenas 16%. Zedillo tomó posesión, sin embargo recibía a un país con muchos problemas políticos y económicos que entre otras muchas cosas generó lo que se conoció como el “error de diciembre”, que no fue otra cosa que una enorme crisis económica que se venía arrastrando de años atrás y le estalló a Zedillo unas semanas después de su toma de protesta y a todos los mexicanos en edad productiva, a las empresas de todos tamaños los llevó a enormes crisis económicas. Hoy (2018) todos los mexicanos con nuestros impuestos seguimos pagando las consecuencias de ese error.

1997

Este año de elecciones intermedias resulta desde mi punto de vista un parteaguas en las elecciones en México, ya que en esas elecciones por primera vez desde el triunfo de la Revolución Mexicana se elegía libre y democráticamente a quien gobernaría Ciudad de México. Yo particularmente, desde algunos años atrás había participado con un grupo de jóvenes amigos en diversos trabajos fotográficos, ya sea en exposiciones colectivas, en prestaciones de los trabajos puntuales sobre algún tema en particular o inclusive colaborando con material fotográfico con algunas publicaciones periódicas.

Es así que atendiendo la convocatoria que el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) publicó para presentar proyectos de observación electoral, y con mi experiencia previa en otras elecciones en donde no vi a nadie organizado para la toma de fotografías, nos organizamos y presentamos un proyecto para realizar la Foto-Observación electoral. El objetivo era no permitir ningún fraude electoral.  Había en aquel entonces una fuerte sospecha de que se podría organizar otro gran fraude electoral como el del 88. Así que armados con nuestras cámaras fotográficas salimos decididos a registrar cualquier incidente por mínimo que fuera.

El proyecto fue aprobado  con mínimos recursos económicos; un grupo de 15 jóvenes fotógrafos, entre los que se encontraba Alejandro Espejel, nos lanzamos a la tarea de la foto-observación electoral del 97. Registramos desde las campañas y el día de la votación, hasta el conteo de votos y declaración del ganador. El material fotográfico (más de 7000 fotografías en formato analógico en aquel entonces) fue clasificado y organizado, de tal forma que como resultado y reporte final de este apoyo del PNUD se editó un libro que llamamos “D.F.iesta, 6 de julio”.  En este libro se incluye solo 90 imágenes seleccionadas de todo el registro, tiene un prólogo del entonces joven periodista Daniel Moreno y fue editado por nosotros los fotógrafos, con los pocos recursos económicos que aportó el PNUD para ese proyecto.

En estas elecciones por primera vez alguien que no era del PRI, Cuauhtémoc Cárdenas, participando como candidato del PRD, ganaría la jefatura de gobierno de Ciudad de México por un margen muy amplio. Con esto se demostraba que ya era posible derrotar al PRI y se abrían muchas nuevas posibilidades y todos los actores políticos empezaron a ver al futuro, hacia el 2000.

2000

El año 2000 se llevarían a cabo las elecciones federales que hasta esa fecha levantaban más expectativas de cambio que ninguna otra elección previa en la historia del México post-revolucionario. Se postulaba por tercera ocasión Cuauhtémoc Cárdenas por el PRD, Francisco Labastida por el PRI, Vicente Fox por el PAN, quien en realidad ya para el 2000 tenía 2 años en campaña. En el 2000 el país contaba con un órgano electoral independiente, dirigido por ciudadanos, el IFE (Instituto Federal Electoral), que fue elemento fundamental para garantizar una elección transparente. También en el 2000 una vez más, el PNUD emitía una convocatoria para participar en actividades de observación electoral y una vez más junto a mis amigos fotógrafos, presentamos un proyecto de foto-observación electoral, mismo que resultó apoyado.

Este año implicaba una organización para la foto-observación más complicada, porque en un principio queríamos abarcar todo el país, muy pronto nos dimos cuenta que no contábamos ni con los recursos económicos suficientes ni con los fotógrafos suficientes para abarcar todo el país, por lo que decidimos concentrarnos en Ciudad de México y solo dos de nuestros fotógrafos viajaron, con sus propios recursos, uno a Chiapas y otra a seguir el voto de Fox, que desde antes de las elecciones las encuestas indicaban que llevaba ventaja. El objetivo de este trabajo era el mismo que en 97: seguir las campañas, registrar el día de la votación y continuar hasta el día de la toma de protesta del nuevo presidente.

En el transcurso de este trabajo el propósito fundamental era registrar en imágenes si nos llegáramos a topar con algún caso de fraude electoral de cualquier índole. Por nuestra parte y en los lugares que registramos gráficamente, nunca nos encontramos con algún caso evidente de fraude. El resultado de las elecciones: por primera vez en la historia el PRI era derrotado en el cargo a presidencia de la República, Fox ganaba con un amplio margen de más de 6 puntos porcentuales. En ese año López Obrador ganaba la jefatura de gobierno del Distrito Federal por el PRD, por poco más de 140 mil votos a Santiago Creel, postulado por el PAN.

Como informe final de nuestro trabajo de foto-observación electoral otra vez imprimimos un libro con 90 imágenes (de las más de 8 mil en formato analógico) capturadas a lo largo de varios meses de trabajo y editado a principios del 2001 tras meses de intenso trabajo. En esta ocasión Jose Woldenberg, en ese momento presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral, prologó el libro. Con el triunfo de Fox, pensábamos que sacando al PRI de la presidencia entrabamos al siglo XXI en un México lleno de democracia y que por fin cambiaría todo, o mucho, qué equivocados estábamos todos.

2006

En estas elecciones, después de participar activamente en 7 elecciones previas locales, federales y plebiscitos en los últimos 24 años, ese año solo participaría como elector. Competían por el PRD López Obrador, por el PAN Felipe Calderón, por el PRI Roberto Madrazo. López Obrador llegaba a estas elecciones después de haber librado exitosamente un intento de desafuero por parte del gobierno de Fox cuando él era jefe de gobierno del Distrito Federal. El propósito era dejarlo fuera de la contienda presidencial, Fox no lo logró y en cambio llegó a esa contienda altamente fortalecido. Sin embargo, las campañas estuvieron llenas de ataques entre todos los candidatos que contribuyeron al clima áspero que se vivió en todo el país durante esos meses, que se dice fue la más competida en la historia, hasta ese momento; inclusive en el seno de las familias se discutía enérgicamente los diferentes puntos de vista.

Se organizaron debates entre los candidatos, pero al primer debate el candidato que en las encuestas iba como puntero, López Obrador, no asistió. El día de la elección la casilla en que me tocaba votar no abrió a tiempo (como sucede usualmente), pero la jornada corrió sin contratiempos al igual que en la mayoría de las casillas del país. El candidato declarado ganador fue Felipe Calderón del PAN, por un margen pequeño de algo más de 240 mil votos de una participación de más de 41 millones de votantes. Esto no dejó tranquilo a López Obrador ni a millones de sus seguidores que después de conocer los resultados que proporcionaba el IFE reclamaba airadamente que había fraude en la elección. Siguieron largos meses de álgidos conflictos postelectorales, López Obrador mandó al diablo a las instituciones y se proclamó presidente legítimo de México unos días antes de la toma de protesta oficial de Felipe Calderón.

2012

Este año otra vez me tocó por sorteo participar como funcionario de casilla (ya me había tocado 30 años antes en el 82). Ese año se postulaba por segunda ocasión López Obrador por el PRD, Peña Nieto por el PRI, Josefina Vázquez por el PAN. Participé como presidente de casilla en Coyoacán en Ciudad de México. Asistí puntualmente al curso de capacitación, recibí un par de días antes de la elección el material electoral en mi casa. El día de la elección me acompañó mi esposa a la casilla muy temprano, pensamos que me acompañaba, ella votaba y regresaba a casa, sin embargo, la casilla en la que me tocaba era de las que estaban divididas en básica y contigua; en la contigua no habían llegado todos los funcionarios a las 8:00 AM, es así que los funcionarios que habían llegado escogieron a un ciudadano (mi esposa) como secretaria de la casilla contigua. Entonces toda esa jornada electoral mi esposa y yo trabajamos ahora sí hombro con hombro en la recepción de votos, conteo de los mismos y llenado de las respectivas actas.

La jornada pasó sin incidentes graves, solo un joven representante del PRD, después de votar y marcarle su pulgar con la tinta indeleble, desapareció por unos minutos y regresó reclamando airadamente que la tinta se había despintado de su dedo. Hice yo la prueba personalmente, voté, me lave las manos y la tinta no se borró, pedí a un funcionario de casilla que hiciera lo mismo, pero ahora lo marcamos con otro bote de tinta y tampoco se borró después de lavarse, por lo que le dije al joven del PRD que lo que había hecho era extremadamente peligroso, ya que debe haber usado solventes muy potentes para intentar borrar la tinta y esos solventes pueden ser cancerígenos al contacto con la piel. No sé si me creyó o se espantó, pero no volvió a decir nada. Esta vez terminamos todo el proceso cerca de las 8:00 PM y llevé el material a la sede de distrito que me tocaba. La recepción de material fue ágil de tal forma que antes de las 11:00 PM ya estaba de regreso en casa, primera vez en todas las elecciones que terminaba antes de medianoche. En nuestra casilla había ganado López Obrador por muy poco margen, unos cuantos votos. A nivel nacional, para desgracia de México, ganaba el PRI con Peña Nieto.

2018

Este año no me involucré en ninguna actividad de observación electoral o colaboración con algún partido. Pensaba que sería un simple elector más, sin embargo, este año me tocó la desgracia de sufrir la violencia que en todos los niveles, incluyendo el ámbito electoral, vive México en estos días. Las campañas han sido ásperas, los ataques por parte de los militantes de algunos partidos llaman a la violencia.

Mi amigo Alejandro Espejel, con quien había participado en los proyectos de foto-observación electoral en 1997 y 2000, tenía varios años que había regresado al pueblo de sus padres Tepetlaoxtoc, Estado de México. Se había involucrado en la actividad política local desde las elecciones pasadas y este año era candidato a regidor por su municipio. El pasado 19 de abril, dentro del marco de su campaña, fue asesinado en su municipio Tepetlaoxtoc. Deja a una familia deshecha, dos niñas huérfanas (11 y 14), su hoy viuda, su padre, inconsolables; sus amigos nos sentimos impotentes, indignados, enojados.

Hoy día (14 de mayo) oficialmente nadie sabe nada, no quiero que pase a ser un número más de los asesinados por la violencia política de este país, no, no fue asesinado (como podría suponer algún candidato) por alguien de bajos recursos o con bajo nivel educativo o con falta de trabajo, fue asesinado por el corrupto sistema político del país que garantiza impunidad a quien perpetra este tipo de crímenes y que por desgracia hoy es un signo de México que no termina de llegar a la democracia con justicia y paz.

Se ha avanzado mucho desde las elecciones de 1976. Por ejemplo hay un órgano electoral que lucha por ser independiente ( nunca más parte de una Secretaría oficial); hay muchísima mayor libertad de prensa y ejercicio de libertad de expresión; en Ciudad de México ya podemos elegir por votación a sus gobernantes y representantes de la Cámara de diputados local; este año las delegaciones se convertirán en Alcaldías; el acceso a internet y a las redes sociales hace que cualquier información para bien o para mal se conozca prácticamente de inmediato y ampliamente, y es muy difícil mantener en secreto los actos de corrupción, como sucedía hace 40 años, pero no es suficiente que se sepan, hay que actuar para que se castiguen.

Hoy compiten a la presidencia, además de candidatos postulados por los partidos políticos, candidatos independientes, y no solo a la presidencia, a multitud de otros cargos; tan solo en las elecciones pasadas ni se pensaba en ellos. Sin embargo falta mucho por hacer, por lo que hoy para estas elecciones presidenciales no puedo decir, como en algún evento deportivo: que gane el mejor, porque no veo quién sea mejor. Hoy me siento como la primera vez que voté hace 42 años, cuando solo había un nombre en la boleta electoral sin opción para votar diferente. Este año habrá cinco nombres en la boleta y no veo opción alguna.

 

Descanse en paz Alejandro Espejel.

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