Reglas para votar el 1 de julio

Los mexicanos solemos cometer errores a la hora de elegir candidatos y votamos de modos que no benefician nuestros intereses y opiniones políticas, sin importar cuáles sean estas.

Por: Fernando Villela Aranda

Estamos en media campaña electoral en México. Las opiniones, pasiones e identidades políticas están desatadas en los medios de comunicación, redes sociales y charlas entre ciudadanos (amigos, familia, compañeros de trabajo, etcétera). Y si bien en México llevamos 28 años de transición a la democracia y por primera vez votarán mexicanos no nacidos bajo régimen priista, los mexicanos votantes solemos cometer errores a la hora de elegir candidatos.

Solemos votar de modos que no benefician nuestros intereses y opiniones políticas, sin importar cuáles sean estas.

Lo que busco es votantes más eficientes, entendiendo eficiencia como votantes que voten defendiendo sus intereses y que la composición política resultante del proceso electoral refleje de modo más adecuado la pluralidad de la población.

Ir a votar

La principal herramienta para expresar nuestros intereses es el voto. Quién no vota no cuenta, dicen los spots del INE.  Lo que no dicen es que al no votar haces que quienes votan valgan más, sobre todo el voto duro y corporativo de los Partidos.

¿Por qué en la CDMX nadie toca a los microbuses concesionados cuando dan un pésimo servicio? Porque son un grupo corporativo que vota en grupo y eso les da poder frente a los Partidos Políticos. Para los políticos capitalinos los intereses a defender son los del concesionario no los usuarios, porque los primeros votan y los segundos no.

El voto duro genera una relación viciosa. El partido sabe que necesita a dichos grupos y sus votos para ganar la elección y ganar dinero. Así que fomenta su fuerza y debilita la participación de los ciudadanos independientes.

Así que, para debilitar al voto duro y sus intereses es necesario que miles de miles de ciudadanos independientes salgan a votar.

Distinguir voto ejecutivo del voto legislativo

No es igual elegir a un presidente que a un diputado o senador o asambleísta. La diferencia radica en los métodos de votación.

El voto ejecutivo emplea el First Past the Post Voting (FPPV), donde gana el candidato con más votos sin importar si logra más del 50 % de los votos posibles, con un voto más que la opción en segundo lugar.  Es por esto que la atención y votos en elecciones ejecutivas debe estar limitada al primer y segundo lugar en las encuestas. Cualquier voto que no sea para los dos punteros de la contienda es un voto desperdiciado.

Son las contiendas ejecutivas regidas por FPPV el reino del voto útil. Recordemos que lo que buscamos es que nuestros intereses se vean de mejor modo reflejado en el resultado de la elección. Uno deberá preguntarse: ¿el candidato que mejor refleja mis interese va en primer o segundo lugar, tiene opciones de ganar? En caso de ser respuesta afirmativa. votar por él. En caso de que la respuesta sea negativa deberá hacerse la pregunta ¿de los candidatos con posibilidades reales de ganar, el primero y segundo lugar, cuál  refleja mejor sus intereses o los perjudica menos? Por ese votar.

Una historia distinta ocurre en nuestra votación legislativa. En México los electores tenemos dos votos al elegir a nuestros representantes. El primero decide nuestro representante nominal de nuestro distrito, elegido por FPPV. Nada nuevo allí. El segundo voto es el que cambia la lógica de la elección del poder legislativo. El voto plurinominal busca reflejar en el congreso el porcentaje de votación que cada opción obtuvo. Así que si un partido obtuvo el N % de la votación se le asignan los diputados plurinominales que acerquen al partido a N.

Es por esto que las reglas del voto ejecutivo aquí no aplican, pues incluso votar por el partido menos apoyado hace sentido: incluso si no gana el voto nominal, nuestro voto se ve reflejado en el voto plurinominal.

Así que mientras el voto ejecutivo es el voto útil, el voto legislativo es el voto ideológico.

Debemos distinguir los niveles de gobierno

No es igual votar a nivel federal que a nivel estatal o local. Para simplificar la diferencia entre estos niveles podemos resumirlos en dos factores: su atención en Política y su atención en Administración Pública. Mientras más arriba es más importante la política mientras que a niveles más bajos lo es la Administración Pública. El presidente no se encarga de los baches y el alumbrado público y el alcalde o presidente municipal no fija la política económica ni política exterior. Hay que distinguir las funciones de cada nivel a la hora de votar.

¿Puede un votante liberal (neoliberal) votar por un alcalde comunista? Si es el candidato que refleja más eficiencia a la hora de administrar los servicios públicos, claro que sí. Y puede estar tranquilo, un alcalde no puede expropiar la propiedad privada ni los medios de producción. Lo mismo pudiera ocurrir con un votante comunista y un candidato a alcalde liberal.

Esta regla tiene un corolario; hay que valorar la vida pública diaria y mundana. Todos andamos muy preocupados por la elección presidencial. Valdría la pena prestar atención al nivel local, pues muchas veces sus decisiones nos afectan de modo más directo en nuestro nivel de vida.

Revisar los grupos de interés detrás de los candidatos

No se fijen en las propuestas de los candidatos (su cumplimiento no depende exclusivamente de ellos), ni en la ideología (what ever that means). Fíjense en cambio en los grupos (sindicatos, empresas, medios de comunicación, ONGs) y personas (políticos, intelectuales, empresarios) que los apoyan e impulsan.

Al final será a ellos para los que gobierne.

 

* Fernando Villela Aranda es profesor de Dirección y Ética en la Universidad Panamericana.

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