España, ejemplo de Democracia Parlamentaria

Lo que ha pasado en España en el hecho histórico de cómo mediante procedimientos correctamente institucionalizados se puede remover a un presidente próvidamente corrupto sin derramamientos de sangre, choques sociales, o una manipuladora judicialización de la política.

Por: Martín Klimek

Han pasado unos días ya de la toma de protesta de Pedro Sánchez como nuevo Primer Ministro español, ante la destitución de Mariano Rajoy de ese cargo, al haberse utilizado en su contra la herramienta jurídico-legislativa de Moción de Censura. Confieso que aún sigo emocionado por este suceso y a la vez muy decepcionado de mí país, en el sentido de ver lo alejados que estamos como pueblo y gobierno de estas maneras civilizadas de hacer política.

No conozco al igual que muchos quién es Pedro Sánchez. Sé que es el nuevo Primer Ministro y que hasta ayer era el Secretario General del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y ahora, el tercer presidente socialista de la democracia moderna de aquel país, además de un incansable luchador social dentro y fuera de las filas de esa agrupación política.

Seguramente se hablará mucho de Pedro Sánchez en los próximos días, así que no pretendo adelantarme. Lo importante es el simbolismo que él representa en lo acontecido: el hecho histórico – y ejemplo para las mal heridas democracias modernas, incluyendo la nuestra-  de cómo mediante procedimientos correctamente institucionalizados se puede remover a un presidente próvidamente corrupto sin derramamientos de sangre, choques sociales, o una manipuladora judicialización de la política como lo ha sido, por ejemplo, el caso del encarcelamiento de Lula en Brasil.

Lo que ha pasado en España es también una luz de esperanza para los  anquilosados sistemas parlamentarios de América Latina, en el sentido de que nos permite poder apreciar lo trascendentales que estos son para un correcto  funcionamiento institucional, cuando se usan como vehículos catalizadores de los malestares sociales,  sin que estos se salgan de cause.

180 votos bastaron para remover al Primer Ministro español, en un hecho inédito para la política de aquel país.  Lo anterior,  me hace reflexionar sobre las lecciones específicas que México debería de  tomar por lo sucedido allá, sobre todo ahora que nos aproximamos a una nueva elección presidencial de carácter histórico:

La búsqueda de una izquierda moderna y progresista

Que lejos estamos todavía de una izquierda fresca  y atractiva en torno a  discurso e imagen: de políticos como los del PSOE, que mediante la búsqueda o creación de cambios legales, a manera del mecanismo de Moción de Censura que destituyó a Rajoy,   generen una mejoría en los usos y costumbres pacíficos de la democracia.

Ojalá que López Obrador, nuestro casi seguro Presidente,  aprenda con humildad respecto a  lo sucedido en aquellos lares, para sentar las bases de un auténtico movimiento socialista -si es que lo es- progresista y moderno, que esté acorde con los requerimientos que demanda una sociedad globalizada e inmersa en pleno siglo XXI.

Madurar políticamente como sociedad

Impulsar la creación de  mecanismos constitucionales como la Moción de Censura,  fue una lucha que emanó  de la sociedad civil española, no de sus políticos. De manera contraria, en México, lo que se muestra es una abulia participativa apabullante; un páramo total en términos de involucramiento político.

Ante  el momento trascendental por el que estamos enfilando, es urgente  modificar nuestros hábitos en torno a nuestra manera de hacer política,  para no caer en riesgos autoritarios.

Cómo se debe remover un presidente

Lo sucedido en España nos da el ejemplo de cómo la institucionalización de procedimientos de votación simples y efectivos  – sin ardides o triquiñuelas legales-  pueden fungir como mecanismos óptimos para la destitución de un Presidente, sin la necesidad de buscar procedimientos de aval o rechazo, fuera del amparo de las instituciones y/o peor aún, de la manipulación de la litis para lograr espacios discrecionales de poder.

No hacen falta referéndums o plebiscitos cada dos años. Lo que se necesita son poderes legislativos y judiciales fuertes y autónomos, que fiscalicen de manera permanente la actuación del Poder Ejecutivo.

Que la democracia SÍ funciona

No debemos perder la esperanza en los sistemas democráticos. Al contrario, debemos de buscar su perfeccionamiento y aceitamiento constante. No hay cosa más peligrosa que abandonar la participación social dentro de la política,  ya que son caldos perfectos para el nacimiento de autoritarismos.

Como sociedad civil hoy más que nunca debemos de  impulsar un rol activo en la toma de decisiones políticas; de lo contario,  degradaremos la democracia dándole margen de maniobra a grupos fácticos de poder -Ejército y/o Caudillos- que intentarán apropiarse precisamente de los espacios de participación que quedan abandonados por nuestra inacción.

Pienso en lo personal que López Obrador tendrá el peso histórico de elegir entre estas dos rutas: el de fomentar o demeritar el juego de de la democracia bajo causes institucionales. Dependerá también de nosotros el darle un puntual seguimiento a sus acciones y manifestarnos de manera pacífica y precautoria, al menor indicio  de que no sean las correctas.

Son las 3:30 de la tarde y acabo de terminar este artículo. Justo abajo de mi casa que está al lado de la Secretaría de Gobernación,  se escuchan los gritos de un mitin del Sindicato de Mexicano de Electricistas (SME) y de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE):  ¡Sí pudo compañeros! [Hurras de la gente] ¡Sí pudo compañeros! [Hurras de la gente]…

Y tristemente me doy cuenta del gran trecho que nos hace falta todavía para ser lo que debemos ser: gente madura políticamente, que se cuestione y luche activamente en torno a su devenir, entendiéndolo no solo como una pedestre lucha organizada por el mezquino otorgamiento de prebendas, sino como esa búsqueda permanente por ser una sociedad plural, participativa y próspera.

Es hora de dejar la parálisis e impulsar ya este cambio tan urgente. La supervivencia del país y de nosotros mismos lo amerita.

 

* Martín Klimek es egresado de Ciencias Políticas por la Universidad Iberoamericana y tiene una amplia experiencia en la implementación de estrategias de negociación y comunicación, así como en manejo de crisis.

Close
Comentarios