¿Becarios sí, sicarios no?

No sabemos con certeza cómo los jóvenes que no estudian ni trabajan impactan la tasa de homicidios, pues otra hipótesis plausible es que el incremento en la tasa de homicidios es la que ha reducido la asistencia escolar y oportunidades de trabajo, y no al revés. Y aún suponiendo causalidad, esto explicaría sólo una parte del fenómeno que debe haber considerado el programa de AMLO “Jóvenes Construyendo el Futuro”.

Por: Adán Silverio Murillo (@Adan_murillo)

Andrés Manuel López Obrador dice con seguridad que los jóvenes que ni estudian ni trabajan son un grupo importante que puede servir de fuerza de trabajo al crimen organizado. De ahí su ya famosa frase: “Becarios sí, sicarios no”. Para atacar este problema y dar oportunidades a los jóvenes, López Obrador propone el programa “Jóvenes construyendo el futuro”, que pretende ayudar a 2.3 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan (los llamados ninis) con un esquema de empleo como aprendices en empresas. El ingreso para el joven será equivalente a 1.5 salarios mínimos y para esto López Obrador estima se necesita alrededor de 100,000 millones de pesos.  Dado que es uno de los dos principales programas sociales que pretende impulsar de ganar la presidencia, es importante que empecemos a analizar sus alcances y posibles limitaciones.

¿Es cierto que los ninis contribuyen a la violencia?

De Hoyos y Vargas encuentran que existe una correlación entre ninis y tasa de homicidios[1]. En particular, encuentran que la tasa de ninis hombres pasó de 7 a 11 por ciento entre 2006 y 2011, y esto está asociado a un aumento de 3.8 puntos en la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes (esto de acuerdo a los autores representa un cuarto del incremento total observado)[2]. Pero nótese que los autores hablan de correlación, no de causalidad. Este punto es importante pues no sabemos con certeza cómo los ninis impactan la tasa de homicidios, pues otra hipótesis plausible es que el incremento en la tasa de homicidios es la que ha reducido la asistencia escolar y oportunidades de trabajo, y no al revés. Y aún suponiendo causalidad, esto explicaría sólo una parte del fenómeno.

¿Sabemos cuantos ninis hay en México?

Más interesante aún es que no conocemos con certeza el verdadero número de ninis.  Las estimaciones van desde 400,000 hasta 7 millones de jóvenes[3]. Y poco sabemos de su dinámica, como bien señala Negrete: “No estamos hablando de un ejército de desocupados que están varados en una esquina durante meses, sino de un sector que permanece desocupado por periodos y que es muy variable de un trimestre a otro”[4].  Finalmente, el ser nini parece tener un importante componente de género: “De acuerdo con la OCDE las mujeres tienen mayor probabilidad de ser ninis en comparación con los hombres  debido a los altos índices de embarazos precoces”[5].

¿Es claro cómo va a operar el programa y sus efectos esperados?

En este punto surgen muchas dudas que sería bueno López Obrador aclarara: ¿cómo llegó a la cifra de 2.3 millones de jóvenes? ¿Con base en qué llegaron a que el monto de alrededor de 3,500 pesos es el adecuado? ¿Tienen evidencia de que ese monto es suficiente para desincentivar a los jóvenes a formar parte del crimen organizado? ¿Qué evidencia tienen de que este tipo de programas ha funcionado en otras partes? ¿Qué efectos no deseados se esperan con este programa y cómo van a mitigarlos? ¿Va a funcionar este programa de igual forma para mujeres que para hombres? ¿Cómo van a garantizar que los empresarios acepten como aprendices a las mujeres embarazadas? ¿Cuánto va a costar operar este  programa? ¿Estarán dispuestos a que CONEVAL lleve una evaluación de impacto previo a su implementación a gran escala? ¿Si no se encuentran los resultados esperados cancelarían su implementación? La lista de preguntas podría seguir, pero mi intención es sólo llamar su atención en la complejidad de implementar dicho programa y sus posibles limitaciones.

En resumen, existe incertidumbre sobre el verdadero número de jóvenes que no estudian ni trabajan, y sobre el efecto esperado de dicho programa en la reducción de la violencia (medida principalmente por la tasa de homicidios). López Obrador en el tercer debate presidencial también mencionó que este será un importante programa para combatir la pobreza. Pero, de acuerdo al Premio Nobel de Economía James Heckman, los mayores rendimientos a la educación provienen de la inversión durante la infancia. Valdría la pena preguntarle a López Obrador: ¿por qué ha puesto mayor atención en los ninis?  ¿No será demasiado tarde atenderlos de jóvenes por no haberlos  atendido desde niños?

 

* Adán Silverio Murillo se encuentra haciendo su investigación postdoctoral en la Escuela de Políticas Públicas en American University. Doctor en Economía Aplicada por la Universidad de Minnesota mediante la beca Fulbright-García Robles. Maestría en Teoría Económica por el ITAM y Licenciado en Economía por la UNAM. Fue Director de Métodos Cuantitativos y Director General Adjunto de Impacto de los Programas Sociales en la Secretaría de Desarrollo Social. Trabaja en temas de pobreza, economía de la familia, y capital humano.

 

Referencias:

[1]  De Hoyos, Rafael y Vicente Vargas. “Ninis en México. Entre la crisis y el crimen organizado”. Nexos. Recuperado de aquí.

[2] De Hoyos, Rafael y Vicente Vargas. “Ninis en México. Entre la crisis y el crimen organizado”. Nexos. Recuperado de aquí.

[3] Leyva, Gerardo y Rodrigo Negrete (2014). “Nini: Un término ni pertinente ni útil”. Coyuntura Demográfica, núm 5, pp. 15-20.

[4] Al Contado. “Ninis en México: una radiografía de los jóvenes que ni estudian ni trabajan”. El País. Recuperado de aquí.

[5] Hernández, Leticia. “Mujeres, con tres veces más probabilidades de ser ninis en México?. El Financiero. Recuperado de aquí.

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