Participación ciudadana en la arquitectura del poder

Está claro que la mayoría aspiramos a que se instauren nuevos modos de hacer política en el país, que vayan sustituyendo a las prácticas que privilegian a las élites que han formado parte de la partidocracia y de los grupos de poder económico que han gobernado desde el cuarto oscuro.

Por: Elio Villaseñor

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador ha tenido (y tendrá) muchas lecturas y todas tienen algo de verdad; sin embargo, mis reflexiones las hago desde una visión ciudadana, la que, a través de muchos años, fue acumulando hartazgo y enojo hacia una clase política que se ha ido adueñando de los puestos públicos como si fueran de su propiedad e imponiendo el uso personal de las instituciones para proteger sus privilegios.

Esta situación generó una relación perversa y también nos colocó a los ciudadanos en un estatus de súbditos respecto a los funcionarios públicos.

Al mismo tiempo, todo esto desencadenó una resistencia de tales dimensiones que el día de la elección la ciudadanía expresó un YA BASTA; la mayoría del país puso por delante su dignidad como también lo habían demostrado luego del terremoto del 85 con el posterior voto de castigo de 1988 y, más recientemente, tras los terremotos de septiembre de 2017, que de alguna forma podemos relacionar con este voto de la esperanza de construir un México de justicia, transparencia y rendición de cuentas.

Esta elección marca un parteaguas en la historia de nuestro país y la ciudadanía ha dejado clara su aspiración de que se combatan los vicios de la clase política que ha ocupado el poder para enriquecerse, con lo cual sus miembros sólo han logrado destruir el tejido social mediante el uso de políticas clientelistas.

Una de las lecturas que se puede hacer del resultado de los comicios en general es la de un reclamo ciudadano para que cambie la cultura política y los actores que formen parte de ese cambio sepan leer que existe un gran disenso de la sociedad con un sistema que, por décadas, ha tutelado los actuales niveles de corrupción, de impunidad, de privilegios y de inseguridad, con una marcada exclusión del bien común y de la aspiración de movilidad social de un amplio segmento de la población, principalmente de la juventud. Es también una señal al nuevo gobierno, que está obligado a ser receptivo de las exigencias de la sociedad, pues está claro que otro gran mensaje del resultado de los comicios es el rechazo social a la partidocracia, lo que se reflejó de manera contundente en las urnas, que obligará hoy a varios partidos políticos a reconstruirse o a su extinción de facto.

Este es el mandato que todos y todas como sociedad le enviamos a AMLO para que los cambios del país sean de fondo y, efectivamente, seamos testigos del cambio de régimen político. La gran mayoría de ciudadanos que votamos lo hicimos con la decisión y la convicción para involucrar al país en un proceso de cambio de largo aliento en los procesos sociales, económicos y políticos que sin duda están por venir.

Las elecciones recientes fueron una fiesta cívica, sobre todo porque fue posible alcanzar la alternancia, que siempre es deseable, y debemos trabajar para que esta no sea como las anteriores, es decir, “más de lo mismo”, sino que sea una alternancia efectiva que esté a la altura de la esperanza de la población mexicana que por tantos años hemos demandado acabar con la corrupción y los privilegios, para recuperar el espacio público y contribuir al bienestar general.

Está claro que la mayoría aspiramos a que se instauren nuevos modos de hacer política en el país, que vayan sustituyendo a las prácticas que privilegian a las élites que han formado parte de la partidocracia y de los grupos de poder económico que han gobernado desde el cuarto oscuro.

Esta fiesta cívica seguramente irá traduciéndose  en una postura vigilante y de colaboración en todos los espacios posibles para que las propuestas de la sociedad civil sean tomadas en cuenta en los nuevos proyectos de política pública de combate a la desigualdad. En este sentido, es de un gran interés que la nueva arquitectura del poder tenga como punto central la participación ciudadana en la tomas de decisiones, de forma que sea parte activa y defienda los principios de respeto y corresponsabilidad.

En este marco, vemos muy promisorio el acercamiento entre el presidente electo de México y la cúpula del sector privado representada en el Consejo Coordinador Empresarial. Así como ocurrió con los empresarios y otros sectores y personajes, incluida una delegación estadounidense, es importante que se reúna con otros grupos y organizaciones, para que la forma de gobernar sea más inclusiva y se cumplan las palabras que López Obrador pronunció la noche de la elección: “Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados; en especial, a los pueblos  indígenas de México. Por el bien de todos, primero los pobres”.

Este no es momento para quedarnos sentados a esperar que otros elaboren las propuestas y los proyectos. Al contrario, tenemos que convertirnos en agentes proactivos y propositivos, a fin de sacar el máximo de esta oportunidad histórica y construir el México que hemos soñado, donde se respeten los derechos humanos  y la ley se aplique igual para todos.

Tenemos que volver a creer en la posibilidad de lograr los cambios que demanda el país y superar esa mentalidad del sospechosismo que lo único que genera es desconfianza para trabajar juntos.

Sabemos que esta tarea no será fácil ya que desgraciadamente la cultura priista con sus usos y costumbres perversos ha permeado en muchos actores políticos y también en la sociedad.

A pesar de esta cultura política que tanto daño le ha hecho a este país, quienes formamos parte de la ciudadanía expresamos este primero de julio nuestro rechazo a esa forma de ejercer la política. Para enfrentarla y superarla, es necesario que nos renovemos, generemos la credibilidad necesaria y, al mismo tiempo, colaboremos, como ya subrayamos, desde una mirada crítica propositiva para que los cambios sean radicales. Estamos ante un reto histórico, pero en la sociedad tenemos la convicción de que en cualquier cambio que se emprenda es necesaria nuestra participación con dignidad.

La edición número 100 de nuestra Revista Brújula Ciudadana coincide con una etapa que puede generar cambios  en la historia del país, por ello se recogen varias reflexiones sobre los desafíos de lo que López Obrador ha llamado la “Cuarta Transformación” en temas políticos, económicos, sociales, de justicia y derechos humanos, entre otros.

 

* Elio Villaseñor es Director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo A. C.

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