SOS para Calakmul

La Reserva de la Biosfera Calakmul en Campeche es una de las áreas más prioritarias al constituir la porción de selva continua más importante después de la selva del Amazonas. Sin embargo sufre saqueo de especies por parte del crimen organizado por lo que es necesaria una denuncia de carácter URGENTE para tratar de salvarla.

Por: Juan Román Moreno *

Es común escuchar en spots por parte de la SEMARNAT que México avanza en la protección de la biodiversidad. Año tras año se decretan más áreas naturales protegidas, en las que en teoría se preservarán las especies, genes y ecosistemas con que este bendecido país cuenta aún. Sin duda, son buenas noticias y buenas intenciones cuando se atiende a este gran compromiso de conservación y desarrollo sustentable mediante los decretos de más tierras y mares a esta categorización, pero ¿qué es lo que pasa realmente, más allá del papel, en estas áreas?

La Reserva de la Biosfera Calakmul en Campeche es una de las áreas más importantes y prioritarias, porque junto con otras reservas estatales y las de la selva maya en Guatemala y Belice constituye la porción de selva continua más importante en el continente americano después de la selva del Amazonas (Galindo C., CONABIO). Sin embargo, hay una gran amenaza a esta reserva por parte del crimen organizado, y en estos momentos es necesaria esta denuncia con carácter de URGENTE para tratar de salvarla.

La demanda China de madera rojiza para la construcción de muebles ha ido en aumento en las últimas décadas a la par del incremento adquisitivo de sus ciudadanos. Esto ha creado un tráfico ilegal en todo el mundo de madera tropical ya que se pagan precios muy altos por ella. Se ha intentado controlar dicho tráfico a través de la inclusión de cientos de especies de árboles tropicales en la CITES (Convención  sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), pero se necesita bajar la demanda.

El tráfico de madera de Palo de Rosa o Granadillo del género Dalbergia se encuentra entre los más violentos de los tipos de tráfico de vida silvestre del mundo. Al igual que con los buches de Totoaba, el tráfico está controlado por mafias chinas y el crimen organizado a nivel local y regional. Cientos de traficantes y personal de las fuerzas del orden mueren cada año en países tropicales en la lucha por detener el tráfico. Las grandes ganancias producen codicia, corrupción y destrucción del entramado social en las comunidades que son afectadas. México no es la excepción y anualmente son asegurados docenas de cargamentos de Dalbergia con destino a China, en varios puertos en el Pacífico y la Península de Yucatán.

La Reserva de Calakmul (723,185 hectáreas) está protegida a nivel federal, y la responsable del plan de manejo es la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). En su lado oeste está la Reserva Balam-Kú (409,200 hectáreas) protegida a nivel estatal, y más al oeste se encuentran reservas forestales de ejidos que son grandes extensiones (más de 100,000 hectáreas) principalmente en el municipio Candelaria donde se combinan lagunas, aguadas, y ríos con selvas íntegras. En estas áreas que preservan los ejidos se conservan las poblaciones más viables de grandes mamíferos (jaguar, tapir, mono aullador, temazate, jabalí de labios blancos, entre otros) puesto que no están sufriendo tanto la sequía que hay en las otras áreas a raíz del cambio climático. Estos ejidos llevan a cabo un aprovechamiento de madera autorizado por la CONAFOR en pequeñas extensiones, los árboles que les autorizaron por ejemplo este año son tzalam, machiche y cencerro, y estos permisos se hacen con base en estudios en el terreno en el que técnicos capacitados determinan las especies que tienen una densidad y tamaño suficientes para dicha extracción, se respetan por ejemplo los grandes “árboles madre” y hay un tiempo especificado para hacer la operación.

Estos ejidos han sufrido invasiones y han perdido algunas de sus extensiones de reserva forestal. Algunas personas llegan y se establecen porque piensan que las tierras no tienen dueño y como antes, hay que “desmontar y ponerlas a trabajar”. Así cambian el uso del suelo. En los estados de Campeche y Tabasco, con el problema del crecimiento negativo debido a la baja en la producción de PEMEX, llega gente que está buscando otras opciones, pero también llega gente de otros estados como Veracruz o Chiapas y de Guatemala, hay un tráfico de personas que los ayudan a invadir, y luego el gobierno local les pone servicios (¡!). Los legítimos dueños a veces pueden defenderse, pero otras veces tienen que buscar un buen arreglo. Pero además de estas invasiones, hay un problema más grave que es el saqueo de especies de parte del crimen organizado.

En una visita del 17 al 18 de julio del presente año, un grupo de personas estuvimos en los ejidos para conocer la situación de la vegetación, los mantos de agua y buscar opciones de ecoturismo, pero nos topamos con esta alarmante situación. En el lapso de una hora detectamos al menos 5 camiones extrayendo madera en forma ilegal, y toda la noche los seguimos escuchando. Temprano en la mañana salen y empiezan a regresar por la tarde, es curioso que niños de 11-14 años en motocicletas se adelantan a ver si la cosa está calmada y regresan a avisarles que todo va bien, que pueden pasar. Al parecer los operadores van armados, los camiones muchas veces no tienen placas. Los ejidos han interpuesto muchas demandas que no son atendidas a cabalidad, solo ponen letreros de “clausurado” donde estaban saqueando, o curiosamente el día que van a hacer el operativo, ese día no encuentran nada pues alguien los puso sobre aviso. Aún con esto, los saqueadores han dejado sus reservas un poco en paz, pero se han ido moviendo hacia las Reservas de Balam-Kú y Calakmul que nadie vigila, de hecho, nos dijeron que estaban trayendo esa madera de “la Biosfera” porque de Balam-Kú ya no hay, ya la saquearon. Sacan la madera “bajo pedido”, están sacando “Granadillo, Ziricote y Navá. Es decir, Dalbergia granadillo, Cordia dodecandra y Myroxilum balsamum. En la foto se aprecian los camiones con Granadillo. Ya después en manos de los traficantes, alguien le pone el sello de legal y sale del país.

Entonces, no son las comunidades aledañas a la reserva las que por necesidad van usando los recursos, son agentes externos de codicia sin medida, protegidos por funcionarios corruptos, los que están actuando en este saqueo. “No piden caoba” nos dicen, porque esa ya se terminó aquí. También nos cuentan detalles preocupantes. En abril de este año hubo un operativo, en este participó tanto la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) como la Gendarmería Ambiental, traían las coordenadas para hacer los decomisos y proceder contra los infractores, pero de repente recibieron la contraorden de no hacer nada. Los saqueadores reclamaban “¿por qué, si pagamos protección?” La protección viene de más arriba por lo que es necesario que esto se atienda al más alto nivel.

Ojalá que alguien pueda detener esto antes de que sea demasiado tarde. La canícula ha empezado y pueden seguir saqueando, y tampoco es seguro que el clima los detenga en los meses por venir.

La CONABIO podría monitorear vía satélite estas operaciones, si bien la extracción no equivale al desmonte, si se deben poder detectar los caminos que abren las madereros y los camiones cargados. Y la Conanp debería alertar también de lo que está pasando en esta reserva, en el mismo terreno. Por supuesto, dado el alto riesgo, los operativos de PROFEPA deben estar respaldados por la Gendarmería Ambiental, equipada y entrenada justo para lidiar con los mayores problemas de saqueo de especies como este que tenemos, y que lleguen los indiciados a un poder judicial limpio.

Las selvas tropicales en México están sumamente reducidas, fuera de las Áreas Naturales Protegidas como Calakmul, Lacandona, Chimalapas/El Ocote y La Chinantla, no quedan extensiones significativas e íntegras, y además Calakmul no debe fragmentarse más. Esto es lo que nos queda, y es lo que estamos perdiendo en lo que ustedes leen estas líneas.

 

* Juan Román Moreno es el seudónimo de los autores de este texto, quienes ya interpusieron una denuncia ante las autoridades correspondientes y prefieren mantenerse en el anonimato por temor a represalias.

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