¿Qué hacer con el PRD?

¿Vale la pena intentar rescatar o es necesario empezar de cero una nueva forma política que pueda representar ese sector de izquierda democrático y liberal que incluso está fuera de él?

Por: Sergio Leyva Ramírez (@LeyvaSergio)

Hace un mes se despertó con gran intensidad en diversos actores del partido, principalmente dentro de sus juventudes, la pregunta de qué hacer con el registro del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Para más de uno es una pregunta obligada ante el valor histórico de un instituto que descansa nada menos que sobre los cimientos del Partido Comunista Mexicano, y es también un planteamiento válido en términos del sentido estratégico en la lucha: ¿qué hacer con el tiempo que tenemos?

En el PRD permanece una parte de la izquierda mexicana que no está representada en MORENA, heredera de los valores populistas y tradicionales del nacionalismo revolucionario priista. En algunos actores, dentro de algunos grupos del PRD, hay destellos de una vocación liberal y socialdemócrata que sobrevive a cuestas de apagarse como vela en vendaval por el uso patrimonial y clientelar del partido, que se ha vuelto su nomenclatura interna. Ni siquiera por la vía del debate interno en su Consejo Nacional, ni en el órgano de dirección (representativos de la incondicionalidad a los grupos de presión), se ha podido enderezar la espina dorsal.

Por otra parte, fuera del partido hay otras opciones de izquierda electoral o en vías de volverse electoral que tímidamente germinan con posibilidad de generar mayor entusiasmo. Como el proyecto independiente de Pedro Kumamoto en Jalisco que logró obtener más votos que los partidos políticos por sí solos, pero fue derrotado ante las coaliciones electorales, o la iniciativa AHORA que tiene representación en el Congreso Federal, así como un semillero de actores en colectivos que han decidido hacer política desde sociedad civil con diversas causas progresistas hastiados de la falta de representación en los partidos de izquierda.

¿Vale la pena intentar rescatar o es necesario empezar de cero una nueva forma política que pueda representar ese sector de izquierda democrático y liberal que incluso está fuera de él?

Si existe algún futuro para el PRD habría que preguntarse como lo hicieron los viejos socialistas mexicanos en su proceso unificación: ¿qué tipo de partido podría surgir? y ¿qué espacio político podría ocupar? Más con este aparente viraje progresista del próximo gobierno de AMLO producto de su alianza con actores como Olga Sánchez Cordero a favor de la libertades que podría desdibujar al PRD.

El nuevo tipo de partido podría ejemplificar en su vida interna la democracia a la que se quiere arribar en el país, cuya condición “base cero” sea la desaparición de los grupos de presión mal llamadas “corrientes de opinión”, acabar con la corrupción y el sistema de botín interno, depurar el padrón clientelar de afiliados por uno confiable de militantes, acabar con el patrimonialismo de las candidaturas para hijos, esposas y parientes. El nuevo espacio político del partido estaría en impulsar sin incongruencias el proyecto socialdemócrata en el país, donde seguramente MORENA no meterá sus narices: principalmente en la exigencia de aumentar impuestos redistributivos al capital y no a expensas de recortes de gasto que es una agenda de la derecha, una izquierda con vocación de pactar para ganar márgenes de igualdad, libertad y justicia, una izquierda reformista del poder donde se desmantele el andamiaje autoritario del sistema presidencial y federal. Se trata de construir una nueva casa común para una izquierda reformista, liberal y cívica.

Este escenario se ve difícil, y sin autocrítica y voluntad política de los grupos de presión que prefieren ver “quién es el nuevo dueño” del partido en lugar de detener su degradación, requerirá mucho tiempo. Pero a pesar de lo tortuoso o sombrío tiene la ventaja que el registro legal se conservó y con una nueva institucionalidad, nuevo programa y nuevos actores (jóvenes, incluso externos) podría recomponerse electoralmente.

El segundo escenario es más riesgoso, pero más entusiasta: una mutación política creativa de la izquierda podría surgir de diversos actores liberales de las filas del PRD y de estas nuevas iniciativas electorales que decidan formar un nuevo partido político con vocación cívica y socialdemócrata. No se tendrían que vencer resistencias y podría en el mediano plazo obtener un lugar electoral. En esta opción habría que vencer dos obstáculos: el primero es realizar los asambleas legales necesarias con aproximadamente 60 mil personas en todo el país y posteriormente obtener el 3% de la votación nacional en la elección intermedia para sostener el registro.

Tentación que todo cambie para seguir igual. En noviembre de 2015 con el golpe ya de morena a la puerta, arribó Agustín Basave Benitez a la presidencia nacional del partido, con una mayoría casi absoluta que lo eligió en el Consejo Nacional. Se decidió que un socialdemócrata externo tomara las riendas de su renacimiento, expuesto en aquel célebre discurso: “Allá afuera”. Sin temor a equivocarme Agustín era el único actor externo con prestigio y credibilidad, tanto dentro como fuera, que estaba dispuesto a dirigirlo. Dos meses después presentó su carta de renuncia denunciado la corruptibilidad política de sus dirigentes. Una de las mejores posibilidades de reconducción del partido, regresó a su curul azuzado por el fratricidio de las tribus.

En mi cabeza, como seguramente en la de miles de militantes resuena el epitáfico cuestionamiento de Heberto Castillo que yace en la rotonda de los hombres ilustres: “no preguntes de dónde venimos sino a dónde vamos”. Lo averiguaremos en próximos meses.

 

* Sergio Leyva Ramírez consejero Nacional del Partido de la Revolución Democrática.

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