Lo que la reforma educativa necesita y no necesita

¿Qué puntos de la reforma educativa son salvables y cuales son menos defendibles? El nuevo acuerdo educativo tendrá que plantearse cómo podemos lograr que el maestro se vea motivado para mejorar su práctica y aumentar significativamente el aprendizaje de los alumnos.

Por: Lucrecia Santibañez @lucasantibanez

El propuesto secretario de Educación, Esteban Moctezuma, ha anunciado que el 27 de agosto comenzarán los foros para discutir la Reforma Educativa. De dichos foros, saldrá la nueva propuesta para una acuerdo nacional para la educación básica. Algunos especialistas consideran que la Reforma educativa se mantendrá y que no habrá cambios radicales. Si esto es así, habrá que pensar qué puntos de la reforma son salvables y cuales son menos defendibles. A continuación mis ideas al respecto.

  1. La evaluación de ingreso y promoción deben mantenerse. Aunque su implementación nacional es reciente hay estudios que sugieren que ha tenido beneficios. Independientemente de sus resultados empíricos, los concursos de ingreso y promoción mandan una señal importante: la entrada a la docencia es meritocrática. Además, pone a competir a escuelas normales con otras IES (dado que cualquiera puede ahora presentarse al concurso). Incluso ha servido para revalorar la labor de algunas normales públicas. El concurso de promoción da vías a personas no tradicionalmente aliadas a los grupos de poder sindical de lograr promociones verticales. Esto genera mayor diversidad en los cuerpos administrativos.
  2. La evaluación de desempeño debe reformarse a profundidad. Este es el punto álgido de la Reforma. En teoría la evaluación de desempeño tiene grandes virtudes: seleccionar a los “mejores,” identificar para capacitación a los que presentan “debilidades” en su práctica, tener elementos documentados para sacar del sistema a maestros que no “funcionan.” El problema es que todo lo que puse entre comillas es increíblemente difícil de medir. ¿Quien es un buen maestro? ¿Que lo hace mejor? ¿Las debilidades identificadas son realmente las que tendría que mejorar para tener un impacto positivo en los alumnos? ¿El maestro no funciona realmente en el aula, o no funciona en el examen? Como ya escribí en otro artículo no tenemos en México ahora elementos para contestar esas preguntas.Sin embargo, sabemos por estudios de otros países que el reto no es particular a la Reforma Educativa. El programa de Carrera Magisterial –pionero en la evaluación docente– arrojó nulos o casi nulos efectos en el aprendizaje de los alumnos. Es preocupante que el discurso actual suene un poco a disco rayado de los 90s. Ojalá puedan aprender de sus virtudes y errores.Un recién publicado estudio de RAND Corporation sobre las “Intensive Partnerships in Education” (IPE)” (colaboraciones intensivas en educación) arrojó efectos (o falta de efectos) similares. Tanto el estudio como el programa IPE fueron financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates–punta de lanza en temas de evaluación docente a nivel mundial.
  3. El IPE es un programa sumamente bien diseñado. Se rige por la siguiente lógica: una evaluación del desempeño docente, bien diseñada, que tome en cuenta diversos indicadores (incluyendo observación en el aula) y una definición común sobre lo que constituye una docencia efectiva, llevará al sistema educativo a tomar mejores decisiones. Por ejemplo, con base a los resultados de la evaluación el sistema puede dar retroalimentación más efectiva a los maestros sobres sus áreas de oportunidad. Puede diseñar programas de formación continua individuales, el famoso “traje a la medida.” Puede tomar decisiones de permanencia y despedir a maestros que año con año muestran malos rendimientos. Puede motivar a los mejores maestros ofreciendo incentivos económicos y acceso a promociones horizontales (posiciones de liderazgo, mentoría, etc.). Todo esto resultará en un sistema más eficiente y meritocrático que atrae y retiene a los mejores maestros.

Después de cuatro años de implementación no se observaron efectos ni en el aprendizaje de los alumnos, ni en las tasas de deserción en media superior (excepto por un distrito donde si hubo menor deserción). Los autores concluyeron que simplemente con medir un fenómeno no se logra mejorarlo. El tema no fue de recursos. El IPE costó aproximadamente $500 millones de dólares –la fundación Gates dotó a los distritos/organizaciones participantes de más de $200 millones y los distritos-organizaciones aportaron $300 millones más.

4. Hay que repensar completamente el sistema de formación profesional continua. “Capacitar antes de evaluar” suena muy bien, pero en la práctica este slogan es difícil de concretar. Hay que abandonar esa idea. Ligar la evaluación a la capacitación no generará beneficios, será difícil de implementar adecuadamente, y constituirá una carga adicional al sistema y probablemente, un dispendio de recursos.

En el estudio de IPE los distritos no lograron ligar los resultados de la evaluación con programas individualizados de formación continua. Esto sorprendió a todos, incluyendo a los propios evaluadores. Nadie esperaba que un proceso tan riguroso y detallado de evaluación tuviera tan poca utilidad práctica. El problema no fue de información: lo amplio de las evaluaciones mismas (observación en el aula + aprendizaje de los alumnos) arrojaron suficiente información para realizar acciones concretas de mejora docente. El problema fue aún más complejo: por un lado no existían los cursos para “la medida” de los maestros o buenas prácticas que otras escuelas hubieran utilizado que pudieran aplicar a su contexto particular. Por otra parte, incluso cuando en algunos casos hubo cursos, los maestros no cambiaban fundamentalmente lo que sucede en su aula a partir de ellos.

En un proyecto piloto sobre tutorías docentes que actualmente llevo a cabo nos topamos con algo similar. A pesar de ofrecer un programa de tutorías en matemáticas de muy alta calidad, con costos de implementación muy bajos para todos los involucrados, observamos una renuencia de un gran número de docentes y escuelas a participar.

En resumen. La evaluación por sí sola no servirá de nada si el maestro no toma la decisión de mejorar lo que hace día con día. Tampoco hay fórmulas mágicas para convertir los resultados de las evaluaciones en programas de superación personal. El nuevo acuerdo educativo tendrá que plantearse lo siguiente: ¿cómo podemos lograr que el maestro se vea motivado para mejorar su práctica y aumentar significativamente el aprendizaje de los alumnos? Esa es la pregunta del millón.

 

* Lucrecia Santibañez es especialista en temas de política y evaluación educativa. Es Profesora Asociada en Claremont Graduate University. Fue anteriormente profesora del CIDE y Economista en RAND Corporation. Tiene un Doctorado en Educación y una Maestría en Economía por la Universidad de Stanford. Su investigación puede encontrarse aquí.

 

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