El largo sexenio obradorista

López Obrador ha sabido situar al que será su gobierno, no solo como una administración, sino como una época histórica. La Cuarta Transformación, como concepto, hace difícil la vida a quienes nos asumimos como sus rivales. ¿Cómo oponerse a la historia? ¿Qué hacer ante este largo sexenio?

Por: Saul Vazquez Torres (@SawieV)

“Atento recordatorio, Peña Nieto sigue siendo nuestro presidente”

Promocional en Ibero 90.9 FM.

El pasado 21 de agosto inició el proceso de transición formal entre la administración federal saliente y la electa; algo nunca hecho con ésta anticipación acorde al prospectivo Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. Lo cierto es que el gobierno peñanietista parece repetir el episodio en el que el entonces Procurador General de la República, Jesús Murrillo Karam, dijera “ya me cansé”. Ante el desgaste, la baja aprobación y el naufragio electoral pareciera que el presidente y su gabinete son los más ansiosos por ver el cambio de estafeta.

Sin embargo, éste fenómeno parece haber comenzado desde la noche del 1 de julio, incluso antes de tener la constancia como presidente electo ya anunciaba acciones de su gobierno, daba nombramientos e incluso empezó gestiones diplomáticas ante sus contrapartes en el mundo. Estamos ante un fenómeno muy extraño, pareciera que en los hechos el sexenio de AMLO ya comenzó aunque aún está a meses de tomar posesión.

AMLO anunciando nuevos nombramientos el pasado 21 de Agosto. En el fondo aparecen los ex presidentes Juárez, Madero y Cárdenas. (FOTO: Saul López/Cuarto oscuro)

El historiador Eric Hobsbawm dató en sus libros el s. XIX como un siglo largo, cuyos sucesos comenzaron en 1789 con la Revolución Francesa y culminaron en 1914 con el comienzo de la Primera Guerra Mundial; por el contrario, el s. XX para él es uno corto, puesto como era histórica comenzó justo con las Guerras Mundiales y culminó con la caída de la Unión Soviética[1]. En ese sentido un proceso histórico comienza con los sucesos que lo desencadenan en cuanto a era. Hobsbawm muy probablemente estaría de acuerdo con decir que el sexenio obradorista ya inició en los hechos aunque no lo haya hecho aún formalmente.

En ese sentido, López Obrador ha sido brillante para situar su gobierno no solo como una administración, sino como una época histórica. El desarrollo de La Cuarta Transformación, en cuanto concepto hace difícil la vida a quienes nos asumimos como sus rivales. ¿Cómo oponerse al tren de la historia? Oponerse a AMLO hoy parece también oponerse a las figuras históricas de las cuales se asume heredero. ¿Qué hay que hacer entonces ante este largo sexenio?

Quizá retomar algo de su ejemplo, otra máxima teórica que el obradorismo pareciera retomar es esa de que el poder no es algo que se detenta sino, como enunciaba Foucault, algo que ejerce. Así, AMLO aprovecha el vació de poder formal para discursivamente construir una agenda y un ejercicio de poder aparente. Durante la campaña, en la ahora oposición fuimos reactivos, cuestionamos la postura de Andrés Manuel sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), la probidad de sus aliados, pero nunca logramos hablar de nuestra agenda. Quizá al principio un poco se debatió la idea de Ingreso Básico Universal, pero poco más de eso.

Hoy la oposición tiene la obligación de salirse de la narrativa del régimen, como comenta el politólogo Gustavo Rivera: no reivindicar los símbolos ni la narrativa obradorista. Quizá un primer paso fue el saque de Movimiento Ciudadano (MC) en su más reciente spot ofreciendo sus votos en las cámaras al presidente electo para “dar reversa al gasolinazo”. No es un simple cambio de bando después de la derrota del Frente, me parece que los dirigentes de MC toman esta postura después de que el prospectivo secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, ya matizó la propuesta de AMLO sobre los precios de la gasolina.

Tomado originalmente como un cambio de bando, el más reciente spot de Movimiento Ciudadano bien puede ser un reto a AMLO para cumplir con una agenda de la que ya se distanció.

Claro que la oposición no tiene que renunciar a su rol como contra peso, ni dejar de denunciar las fallas que seguramente tendrá el nuevo gobierno. Sin embargo, las amplias mayorías de MORENA en ambas cámaras hará difícil justificar que propuestas hace tiempo demandadas por la ciudadanía no avancen. Quizás sea más inteligente como oposición tomar la vanguardia en las propuestas. Hay que mostrar a esta futura administración como una más, con sus defectos, no ceder a que son una etapa nueva etapa histórica. Esperar y reaccionar al discurso obradorista solo nos seguirá encuadrando en su narrativa, es momento de ofrecer una historia distinta, eso no vendrá del PRI que prefiere salir hoy por la puerta de atrás, tendrá que venir de una oposición democrática que no tenga miedo de asumir la voz y ofrecer una alternativa distinta.

 

* Saul Vazquez Torres es internaccionalista por el ITESM Campus Santa Fe, consejero nacional del PRD e integrante de la Iniciativa Galileos.

 

Referencia:

[1] Sobre esto vale la pena consultar “La Historia del s. XX” de Eric Hobsbawm, editado por Crítica.

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