Mitos sobre la población en asentamientos informales

Las personas que habitan en asentamientos informales no son “paracaidistas”. Cuando hablamos de ellas, no nos referimos a personas que ocupan un terreno privado, sino a familias que habitan zonas desarrolladas sin planeación, no reconocidas como “parte formal” de la mancha urbana.

Por: Carlos Luis Escoffié Duarte

¿Por qué una organización civil como Techo México querría preocuparse por las personas que habitan en los asentamientos informales? No son pocas las personas que creen que los habitantes de esas zonas son “paracaidistas”, “invasores”, “oportunistas”, “gente ignorante que amenaza zonas protegidas”, “huevones que no quieren pagar sus impuestos”, entre otros. En días pasados, Techo México hizo pública la demanda de amparo que presentó en contra del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) por no haber generado información estadística sobre ese sector de la población. La noticia es una gran oportunidad para desmantelar algunos mitos y prejuicios alrededor de los asentamientos informales.

En el imprescindible Ciudades Invisibles de Ítalo Calvino, Marco Polo advierte al tártaro Kublai Kan de nunca confundir la ciudad con el discurso que la describe. “La mentira no está en las palabras, está en las cosas”, concluye el viajero veneciano. En efecto, las ciudades son más de lo que son en la realidad. Las construimos no solo con ladrillos y vigas, sino a través de narraciones e imaginarios. Las postales, las panorámicas en series y películas, las guías de viaje, las canciones y los discursos políticos evocan constantemente a las principales urbes del mundo. A través de esas idílicas imágenes creemos conocer incluso las capitales que nunca hemos visitado. Cuando se vive en las zonas céntricas de las grandes urbes -en las cuales se concentra gran parte de sus riquezas y de los esfuerzos estatales- es fácil creer que la ciudad es única y exclusivamente los sitios que transita uno.

Pero las narraciones no son solo lo que decimos, sino aquello que callamos. Todas las ciudades niegan partes de sí, que resultan fundamentales para comprenderlas: los asentamientos informales, en donde habitan los nadie descritos por Eduardo Galeano. Aquellos que no existen por encontrarse fuera de lo que (queremos creer) sí es nuestra ciudad. Precisamente por irrumpir en la narrativa que preferimos de nuestras ciudades, optamos por obviarlos del paisaje, en el “mejor” de los casos. En el peor, salen a relucir los estigmas en contra de los habitantes en los asentamientos. En este espacio quisiera concentrarme sobre todo en aquellos que tienen a culpabilizarlos por su situación precaria.

No es verdad que las personas que habitan en asentamientos informales sean “paracaidistas”. Es verdad que a lo largo del país existe la vieja práctica de apropiarse de un terreno ajeno a través de una ocupación de mala fe. Sin embargo, cuando hablamos de asentamientos informales no estamos hablando de una o dos personas ocupando un terreno privado, sino de grupos de familias enteras. En la gran mayoría de las veces, no habitan en predios que legalmente le pertenecen a otras personas, sino en grandes zonas desarrolladas sin planeación y que no se encuentran debidamente reconocidas por las autoridades como “parte formal” de la mancha urbana.

De hecho, no es extraño encontrarse con personas en asentamientos informales que tengan títulos de propiedad sobre sus viviendas. Si bien la situación legal de los predios en los asentamientos informales es un factor de suma importancia, en los últimos tiempos se ha optado por una visión que centra la atención en tres características esenciales de estas zonas: I) características del desarrollo[1]; II) características físicas[2]; y III) características socioeconómicas[3].

Tampoco es verdad que los asentamientos informales se conformen de oportunistas que “lo que no quieren es pagar predial y servicios”. Los procesos por los cuales se generan pueden ser múltiples: la falta de planeación urbana o una planeación que busca alejar a los estrato económicos bajos fuera de las zonas centrales; los altos costos de compra y renta de hogares, así como de servicios públicos; la gentrificación; la migración nacional e internacional por motivos económicos; los desplazamientos forzados internos; la falta de garantías y controles para enfrentar desahucios; entre muchos otros. Pero sea cual sea el proceso, la principal raíz que genera este tipo de zonas es la exclusión.

Afirmar que vivir en asentamientos informales es una forma cómoda de evadir pago de servicios e impuestos es caricaturizar de forma indolente la realidad. La gente que habita en ellos no tiene acceso íntegro a servicios públicos básicos. Muchas veces, como en el caso de las 70 familias del Nuevo San Antonio Ebulá en Campeche, tienen que satisfacer su necesidad de acceder al agua por sus propios medios, generándoles un costo por familia mayor al que se comúnmente se paga en la Ciudad de Campeche.

Además, los asentamientos informales pueden también generarse por la actividad legislativa. La comunidad de El Sifón en Tlalpan en Ciudad de México es un ejemplo. Los habitantes cuentan que los orígenes de la comunidad se remontan hace aproximadamente hace cien años, cuando un hacendado de San Miguel Topilejo le dio las tierras a uno de sus trabajadores. Posteriormente, la designación del suelo de conservación y de Áreas Naturales Protegidas –principalmente a partir de la Ley de Desarrollo Urbano del Distrito Federal de 1996[4]– generó que comunidades como El Sifón pasaran a ser, de la noche a la mañana, “ilegales”. La justa y necesaria legitimidad de la protección ambiental ha sido utilizada para tergiversar la forma de entender este fenómeno, generando una narrativa de estigmatización en contra de quienes habitan en asentamientos dentro del suelo de conservación de la Ciudad de México.

El 23.5% de los habitantes de ciudades en América Latina viven en asentamientos informales[5]. Muchos prejuicios hacia ese sector de la población han impedido que su situación sea un tema prioritario en la agenda pública. Mucho menos como un asunto de violaciones a derechos humanos. En el caso de México, la invisibilización institucional es tal que no sabemos cuántos asentamientos de ese tipo existen en el país, cuánta gente habita en ellos, en qué condiciones y si tienen acceso a los servicios básicos.

Incluir a quienes forman parte de esa no-ciudad es un acto de congruencia con aquel discurso de derechos humanos tan difundido y en boga pero tan poco tomado en serio. Cuando exigimos “todos los derechos para todas las personas”, en verdad debemos estar dispuestos a incluir a todos los sectores, sin excepción. La sentencia que deberá emitir el Juzgado Cuarto de Distrito en Materia Administrativa de la Ciudad de México en el amparo de Techo México contra el INEGI pudiera ser un hito no solo para establecer estándares de protección a las personas en asentamientos informales, sino para desmantelar los mitos entorno a ellas.

¿Qué estamos haciendo para que, mientras sectores de ciudades como Ciudad de México, Monterrey, Mérida, Tijuana y Cancún viven en condiciones óptimas para ejercer sus derechos humanos, otros sectores se ven obligados a vivir afuera, en esa parte de la urbe que los gobiernos prefieren mantener bajo la alfombra?

 

* Carlos Luis Escoffié Duarte. Litigante independiente en derechos humanos. Abogado voluntario en @TECHOmx. Miembro del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Yucatán.

 

 

Referencias:

[1] Fernandes, Edésio; “Regularización de asentamientos informales: Informe sobre Enfoque en Políticas de Suelo”, Lincoln Institute of Land Policy, Cambridge 2011, pp. 11-13. Disponible en formato digital aquí. Pérez-Valecillos, Tomás; Castellano-Caldera, César Enrique; “Creación del espacio público en asentamientos informales: Nuevos desafíos urbanos”, Revista Bitácora Urbano Territorial, vol. 23, núm. 2, julio-diciembre, Bogotá 2013, p. 102. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[2] Fernandes, Edésio; “Regularización de asentamientos informales: Informe sobre Enfoque en Políticas de Suelo”, Lincoln Institute of Land Policy, Cambridge 2011, pp. 11-13. Nahoum, Benjamín, “Los asentamientos irregulares, entre prevenir y curar” en  Escritos sobre los sin tierra urbanos: causas, propuestas y luchas populares de Gustavo González y Benjamín Nahoum (coord.), Montevideo 2011, p. 13. Disponible en formato digital a través de este enlace. Pérez-Valecillos, Tomás; Castellano-Caldera, César Enrique; “Creación del espacio público en asentamientos informales: Nuevos desafíos urbanos”, Revista Bitácora Urbano Territorial, vol. 23, núm. 2, julio-diciembre, Bogotá 2013, p. 102. Disponible aquí.

[3] Fernandes, Edésio; “Regularización de asentamientos informales: Informe sobre Enfoque en Políticas de Suelo”, Lincoln Institute of Land Policy, Cambridge 2011, pp. 11-13. Fernandes, Edésio; “Consideraciones generales sobre las políticas públicas de regularización de asentamientos informales en América Latina”, Revista Eure, Vol. XXXIV, Nº 102, agosto 2008, p. 28. Disponible aquí. Magri Díaz, Altaïr Jesica; “Los barrios populares y el desarrollo de la ciudad: Montevideo y su área metropolitana”, Revista América Latina Hoy, núm. 68, septiembre-diciembre, Salamanca 2014, p. 101. Disponible aquí. Nahoum, Benjamín, “Los asentamientos irregulares, entre prevenir y curar” en  Escritos sobre los sin tierra urbanos: causas, propuestas y luchas populares de Gustavo González y Benjamín Nahoum (coord.), Montevideo 2011, p. 13. Disponible aquí. Mignone, Aníbal Marcelo et al; “Caracterización Socio-Geográfica de los asentamientos informales en el aglomerado Gran Resistencia”, Revista Geográfica Digital, Facultad de Humanidades-UNNE, Año 12. Nº 24, Julio – Diciembre 2015, Resistencia, Argentina, p.2. Quintero Agudelo, Carmenza; “La configuración social de los asentamientos marginales urbanos en la ciudad formal”, Revista Universitas Científica, Universidad Pontificia Bolivariana, Volumen XII, Medellín 2009, p. 121. Disponible aquí.

[4] Al respecto, véase: Mollá Ruíz-Gómez, Manuel; “El crecimiento de los asentamientos irregulares en áreas protegidas. La delegación Tlalpan”, Investigaciones Geográficas (Mx), núm. 60, agosto, 2006, pp. 83-109. Disponible en formato digital aquí.

[5] Centro de Estudios Legales y Sociales – CELS et al., “Informe ante la CIDH sobre los asentamientos urbanos precarios de América Latina y el Caribe”, 20 de marzo de 2015. Disponible en formato digital aquí.

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