Hablando de perdones y olvidos

El discurso de Andrés Manuel López Obrador gira en torno a la promoción de la pacificación del país. Así pues nos encontramos inmersos en una situación privilegiada, y sin precedentes porque se está intentado transitar de un orden social de violencia desbordada a uno de construcción de paz.

Por: Paula Cuellar Cuellar (@pauscuellar)

Toda vez que se inicia una transición política, la sociedad se enfrenta con un difícil legado de transgresiones a derechos humanos que debe ser abordado si, efectivamente, se pretende cimentar las bases para un orden pacífico duradero. Así, para promover la justicia, la paz y la reconciliación de una sociedad cuyo tejido social se encuentra resquebrajado por un legado de graves violaciones a derechos humanos, recientemente se han decidido adoptar medidas de justicia transicional entre las que están la creación de comisiones de verdad, el desarrollo de juicios contra perpetradores de crímenes internacionales, la reparación de los daños causados a las víctimas del conflicto y la implementación de reformas institucionales que impidan la repetición de los actos que generaron el mismo.

En México, con los Foros de Escucha para Trazar la Ruta de la Pacificación del País y Reconciliación Nacional, recientemente se ha abierto una puerta para escuchar a las víctimas de la “Guerra contra el Narcotráfico” y a sus familiares, quienes, al igual que las anteriores, también son víctimas de este conflicto. Sin embargo, este loable esfuerzo impulsado por el gobierno entrante lidereado por Andrés Manuel López Obrador se quedará corto si no es acompañado del siguiente paso lógico que es la creación de una comisión de la verdad para el país.

Las comisiones de la verdad son aquellos órganos cuyo estudio se centra en el pasado reciente, casi siempre en aquellos hechos que han precedido a una transición política. Asimismo, son aquellos entes que investigan un patrón de abusos durante un período determinado y, además, que indagan represiones políticamente motivadas o políticamente dirigidas, las cuales han sido implementadas como medio para mantener u obtener el poder y debilitar a opositores políticos, afectando así un sin número de personas. De igual manera, hace referencia a órganos temporales que son aprobados, autorizados o facultados oficialmente por un Estado, lo cual les permite, en algunas ocasiones, tener un mejor acceso a fuentes oficiales de información, mayor seguridad para emprender investigaciones sensibles y una mayor probabilidad de que sus informes y recomendaciones reciban mayor atención de las autoridades. Finalmente, la mayoría son creadas como parte de la transición de un gobierno autoritario a uno democrático o de una guerra civil a la paz.[1]

Estas comisiones, más allá de descubrir y revelar la verdad, generalmente llevan a cabo una misión de mayor alcance, ya que en algunos casos se convierten en las iniciativas más notables del gobierno para lidiar con los crímenes del pasado y, además, en el eje central a partir del cual se desarrollan otras medidas para impulsar la rendición de cuentas, los programas de reparación y los planes de reformas institucionales.

Durante el primer Foro de Escucha para Trazar la Ruta de la Pacificación del País y Reconciliación Nacional que se celebró en Ciudad Juárez, Chihuaha, Andrés Manuel López Obrador habló del perdón y del olvido, avalando el primero y descartando al segundo para la promoción de la pacificación del país. Su principal argumento es que “el mal no se puede enfrentar con el mal”.[2] Sin embargo, al mismo también dijo también estar abierto a las demandas de las víctimas y sus familiares, quienes en el mismo foro manifestaron su negativa a la propuesta del presidente electo.

Y es que, entendida la reconciliación como un proceso en el que “la víctima ‘comprende’ al criminal, intercambia, habla, se entiende con él”[3] y, por otro lado, el perdón como una potestad que incluye únicamente al perpetrador y a la víctima, es imposible concebir cómo las autoridades estatales se pudieran arrogar con tanta ligereza facultades que no les corresponden, tal como el perdón, privando así a las víctimas del “derecho a la palabra, o de esa libertad, de esa fuerza y ese poder que autorizan, que permiten acceder a la posición del ‘te perdono’”[4] sin que exista un previo conocimiento de los hechos y las causas que motivaron su sufrimiento.

Tampoco es posible comprender cómo esas autoridades estatales pudieran hablar de reconciliación sin la existencia de una comisión de la verdad que permita la construcción de una verdad global. Más aun cuando los perpetradores no han sido sometidos a la justicia ni se vislumbre un atisbo de la misma y, finalmente, cuando las víctimas del conflicto y sus familiares continúen siendo olvidadas y sepultadas en su condición de pobreza.

Sin un proceso de justicia transicional en el que se establezcan claramente los hechos y las circunstancias en que sucedieron los mismos, en el que los perpetradores reconozcan su responsabilidad por los crímenes cometidos, permitiéndoles así a las víctimas y a sus familiares perdonarlos o, al menos, comprenderlos e iniciar así la reconstrucción del tejido social roto, no será posible hablar de una verdadera reconcialiación de la sociedad. Y es que, “la reconciliación no es susceptible de ser impuesta por decreto”,[5] ni el perdón tampoco, sino por el cumplimento de una serie de medidas que efectivamente tiendan a ello, como el irrestricto respecto a los derechos humanos y a la institucionalidad democrática.

El perdón es un sentimiento que se construye únicamente entre la víctima y el perpetrador y puede surgir solo después que ciertas condiciones son cumplidas por parte de este último, a saber: a) El perpetrador debe aceptar el delito que cometió; b) No solamente debe aceptar que cometió un delito, sino además reconocer que obró mal; c) El perpetrador debe expiar su culpa por el acto y comprometerse a no volver a cometerlo; y d) El perpetrador debe reparar a quienes fueron afectados por el delito.

En México, en la actualidad, nos encontramos inmersos en una situación privilegiada, decisiva y sin precedentes en la historia nacional porque se está intentado transitar de un orden social de violencia desbordada a uno de construcción de paz. En este momento, la verdad es prioritaria porque es buena noticia y la sociedad mexicana necesita con urgencia este tipo de noticias. La verdad es vida que se coloca por encima de la muerte para vencerla y es fundamento sólido para la paz después de tanta guerra en sus diversas manifestaciones. La verdad es verdad sólo cuando es conocida y reconocida lo más ampliamente posible y es asumida como un desafío para no repetir la historia de atrocidades y terror. La verdad nos libera de la mentira y nos proyecta hacia un mejor porvenir.

 

* Paula Cuéllar es investigadora del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia.

 

Referencias: 

[1] Véase Hayner, Priscilla B., “Unspeakable Truths: Confronting State Terror and Atrocity”, Routledge, New York and London 2001, 14.

[2] Animal Político. Olvido No, Perdón Sí, López Obrador Llama a la Reconciliación en el Primer Foro de Pacificación. Consultada en su página web el 12 de agosto de 2018.

[3] Derrida, Jacques, “El Siglo y el Perdón”. Entrevista con Michel Wieviorka, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2003.

[4] Ídem.

[5] Méndez, Juan, La Justicia Penal Internacional, la Paz y la Reconciliación Nacional en “Verdad y Justicia. Homenaje a Emilio F. Mignone”, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, San José 2001, 314.

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