Meridificación: la sutil violencia urbana en Yucatán

En un hecho inédito en su historia, Mérida se ha convertido en uno de los principales focos de migración interna en el país gracias a su fama como la mejor y más segura ciudad para vivir. ¿Pero para quién y a costa de quiénes?

Por: Carlos Luis Escoffié Duarte (@kalycho)

En Mérida la gentrificación –si bien no inexistente- no es el principal fenómeno de exclusión urbana y de mercantilización del derecho a la vivienda. La capital de Yucatán, considerada como una de las mejores ciudades del país para vivir[1] e invertir[2], amenaza con destruir a las comunidades mayas en su periferia. Se trata de un nuevo capítulo en la larga historia de discriminación, exclusión y desencuentro entre los mayas y los no-mayas que comparten el territorio del Mayab.

En un hecho inédito en su historia, Mérida se ha convertido en uno de los principales focos de migración interna en el país. La fama que se ha hecho como una de las ciudades más seguras del país[3] –o la más segura, como suelen apuntar algunas fuentes[4]-, así como los precios absurdamente baratos en el mercado inmobiliario –se calcula que las casas son 84% más baratas que en Ciudad de México[5]– son algunas de las causas del acelerado crecimiento de esta ciudad de la que sus habitantes hace apenas un par de años solían afirmar –algunos con orgullo, otros con hastío- que seguía “siendo un pueblo”.

No obstante, los generosos precios del mercado inmobiliario son tan solo una ilusión. No es que estén “regalando” casas, sino que son otras personas las que terminan pagando el precio: la población maya. Debido a que la ciudad no crece hacia arriba[6], la capital continúa derramándose. Los desarrollos privados que florecen principalmente en el norte de la ciudad amenazan con tragar comunidades de mayoría indígena y digerirlas en colonias de clase media-alta, alterando –si no es que desintegrando por completo- su vida comunitaria.

Este es el caso de Chablekal, comisaría del municipio de Mérida ubicada a 21 kilómetros de la capital yucateca. Asediada por muros que esconden zonas residenciales de lujo, no tiene ya más espacio para crecer, ni siquiera para ampliar el espacio de su cementerio. El pasado 2 de septiembre se cumplieron 4 años de la formación de la Unión de Pobladores y Pobladoras en defensa de la tenencia de la tierra, el territorio y los recursos naturales de Chablekal. Conformada por más de 300 pobladores, exige a las autoridades ejidales detener la venta masiva de su territorio para el desarrollo de más zonas residenciales privadas[7].

Por su parte, la comunidad de Santa Gertrudis Copó observó el pasado 8 de mayo la destrucción de 5 de sus casas. Empresarios de Mérida aseguran tener la propiedad del casco de la exhacienda en la que se encuentran asentados sus habitantes. Sin la presencia de policías, le indicaron a la comunidad que serían “reubicados”, que se harían trabajos de construcción en la zona y que ellos, básicamente, ya no vivían ahí[8].

Los desarrollos habitacionales con los que poco a poco se planea remplazar a comunidades como Chablekal o Santa Gertrudis Copó no son ni siquiera una respuesta a las necesidades de vivienda de la población meridana. Los precios extremadamente bajos de las tierras –debido a que son comprados por migajas a campesinos y ejidatarios-, así como el aumento sin precedentes de la población, han generado una economía inmobiliaria de especulación a gran escala. Aproximadamente el 14 % de las viviendas familiares de Mérida están vacías[9].

La realidad que hoy se vive en la capital de Yucatán, no obstante, comenzó a fraguarse hace al menos unas cuatro décadas. Desde los años setenta y ochenta, el mercado inmobiliario fue visto como una alternativa a la agonizante industria henequenera –antes la principal actividad económica de la entidad-, convirtiéndose en la principal fuente de empleo y en la segunda rama en inversión pública y privada. Durante los años noventa, a nivel federal y estatal se adoptó un modelo de desregularización y privatización de las funciones gubernamentales en materia de vivienda. Se priorizó así la liberación del suelo para el desarrollo de proyectos residenciales privados[10].

La producción y adquisición de vivienda, así como la planificación urbana, pasó a control del vaivén del mercado. Si el henequén fue llamado en su momento el “oro verde”, sin duda alguna en Yucatán el sector inmobiliario se ha convertido en el “henequén de asfalto” de las últimas décadas.

El investigador y articulista yucateco Rodrigo Llanes ha advertido un “colonialismo urbano”[11] en el despojo sistemático de las comunidades mayas en la periferia de Mérida. Esta apreciación no resulta exagerada si recordamos que el mote de “Ciudad Blanca” –nombre dado por antonomasia a Mérida- surge en el contexto de la Guerra de Castas (1847-1901) cuando se prohibió la entrada de indígenas a la ciudad. Debido a que continúa siendo una ciudad pensada por y para los no-indígenas, la meridificación de las comunidades en la periferia implica una gentrificación no de un barrio, sino de un territorio, justificada por una lógica racista y clasista.

El crecimiento arbitrario y especulativo de Mérida –que persigue lógicas del mercado y no a las necesidades reales de viviendas- es el que decide la planeación, el desarrollo y el futuro de las comunidades como Chablekal y Santa Gertrudis Copó. Después de siglos de ser ignoradas por la capital yucateca, ésta se encuentra pisándoles los talones, acusándolas de “estorbar” el crecimiento económico y asumiendo que la gente que en ellas habita siempre “encontrará a dónde irse”.

Cuando se dice que Mérida es la mejor ciudad para vivir en el país, debemos preguntar: ¿mejor para que ahí viva quién? ¿Los mayas? Cuando se dice que Mérida es la ciudad más segura del país, debemos preguntar: ¿Segura para quién? ¿De qué seguridad hablamos? ¿Si soy maya estaré libre de desalojos con uso de la fuerza pública para no impedir el “desarrollo” de esa “Ciudad Blanca”?

 

* Carlos Luis Escoffié Duarte es abogado litigante en derechos humanos. Miembro del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Yucatán.

 

Referencias: 

[1] Animal Político. Zona metropolitana de Monterrey y Mérida, los mejores lugares para vivir, según estudio, 21 de agosto de 2018. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[2] Diario de Yucatán. Mérida, entre las 10 mejores ciudades para emprender y hacer negocios, 6 de junio de 2018. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[3] Milenio Novedades. Confirma BBC la seguridad de Mérida, 5 de noviembre de 2017. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[4] Animal Político, Si se acaba el mundo, me voy a Mérida: cómo se vive en la ciudad más pacífica de México, 4 de noviembre de 2017. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[5] Publimetro. Mérida, la ciudad más segura para vivir y más barata que la CDMX, 11 de abril de 2017. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[6] Si bien no existe una respuesta clara a este fenómeno, interviene sin duda el hecho de que en Yucatán, históricamente, no ha existido la costumbre de vivir en edificios de departamentos. Además, la gente proveniente de otros estados, al ver los precios bajos en el suelo, deciden cumplir el sueño de comprar una casa en lugar de un departamento.

[7] Indignación. Unión de Pobladores y Pobladoras de Chablekal celebra 4 años de lucha por la defensa de su territorio (Comunidado), 2 de septiembre de 2018. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[8] La Jornada Maya, Santa Gertrudis Copó denuncia invasión y defiende pueblo maya, 8 de mayo de 2018. Disponible en formato digital a través de este enlace. Llanes, Rodrigo; Invasión y desalojo, publicado en el Diario de Yucatán el 21 de mayo de 2018. Disponible en formato digital a través de este enlace. Me he referido al caso de Santa Gertrudis Copó como un posible caso de domicidio. Véase: Revista Nexos, Tenemos que hablar del ‘domicidio’ y sus costos sociales, 31 de mayo de 2018. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[9] Diario de Yucatán, Casas desperdiciadas, 25 de marzo de 2015. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[10] Véase: Bolio Osés, Jorge; En unas cuantas manos. Urbanización neoliberal en la periferia metropolitana de Mérida, Yucatán, 2000-2014, Mérida: Universidad Autónoma de Yucatán, 2016.

[11] Llanes, Rodrigo; El colonialismo urbano, publicado en el Diario de Yucatán el 17 de septiembre de 2018. Disponible en formato digital a través de este enlace.

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