El ecocidio en México por la construcción del NAIM

El más claro ejemplo del nulo respeto al medio ambiente por parte de la administración actual es la construcción del NAIM en Texcoco. En México no hay suficientes voces que alerten de los daños ambientales que implica esta obra pero sí un gran desconocimiento y desinterés en el tema.

Por: Patricia Escalante

Según los científicos tenemos hasta el año 2020 para revertir el  cambio climático. Después de esa fecha corremos el riesgo de que sea demasiado tarde para frenar las devastadoras consecuencias para el futuro de la vida en la tierra causadas por nuestros abusos.

Enrique Peña Nieto, el presidente “ambientalista”, lejos poner en marcha estrategias, programas, acciones para coadyuvar a revertir el cambio     climático y minimizar sus efectos, ha mostrado un desconocimiento extremo sobre los retos que enfrentamos en la materia. Entre las múltiples deficiencias de su gestión la más grave ha sido su desconocimiento del tema ambiental. Presume cifras huecas, hectáreas protegidas en el papel, mientras la realidad ha sido una creciente pérdida de capa forestal, contaminación de ríos, lagos y playas, así como cada vez más especies en extinción. De esto son responsables también otros niveles de gobierno ¿Qué papel ha jugado la sociedad ante esto? ¿Cuál es su responsabilidad ante la devastación del ambiente?¿Acaso el aumento en la frecuencia de huracanes cada vez más destructores es gratuita? ¿Qué papel juegan en este fenómeno la deforestación y la falta de cuidado de los ecosistemas? ¿Tanto trabajo nos cuesta comprender que las crecientes sequías son ocasionadas por actividades humanas que han omitido el efecto restaurador de la naturaleza?

Uno de los más aleccionadores ejemplos del desdén hacia el necesario respeto de los equilibrios de la naturaleza del presidente que se va, es el inicio de la construcción del NAIM en Texcoco. Desgraciadamente para México no hay suficientes voces que alerten de los daños ambientales que implica esta obra y sí hay abundantes ejemplos del desconocimiento y aún desinterés hacia las implicaciones para la viabilidad futura de la cuenca de México. Esta situación quedó de manifiesto el 18 de septiembre pasado, durante el debate moderado por Mario Campos, a través de Foro TV, en el que el Dr. Fernando Córdova Tapia defendió la vida, el equilibrio esencial de la ciudad, su futuro, en un muy desventajoso balance contra tres expertos reducidos a su especialidad e incapaces de mirar el problema en su correspondencia con otras disciplinas y consecuencias.

Fascinados ante la idea del triunfo, de la gran medalla que puede significar para la ingeniería una construcción tan pesada y compleja sobre el peor de los terrenos, la arquitecta Gabriela Crespo Tenorio y los ingenieros Edmundo Barrera y Mario Herrera Moro minimizaron los riesgos del proyecto para la ciudad. Se mostraron obsesionados en la defensa de las respuestas que la técnica para resolver el mayúsculo desafío de construir pistas y edificios de gran envergadura en un suelo fangoso, tres veces más salino que el mar y en constante hundimiento : “….eso sí, tendrá un costo”, reconocieron. ¡Claro, si los soportes los tienen que hacer de acero inoxidable en lugar de acero normal costarán cinco veces más!

El objetivo es tener dentro de una década, en una de las ciudades más contaminadas del mundo, un hub, es decir un centro de conexión aérea mundial, si es que se llega a abrir este aeropuerto. El mismo hub se podría tener en Santa Lucía ¿por qué empeñarse en que se destruya un ecosistema y la vida que sustenta, por qué privar a la ciudad de los servicios ambientales que brinda?
El NAIM no sólo implica una afectación contra millones de aves –lo que debería ser suficiente razón en su contra, pone en riesgo la sobrevivencia de la Ciudad de México, que se asfixia en aire contaminado, ahoga en aguas negras y muere de sed.
¿Por qué la consideración que menos importa a la hora de valorar las ventajas y desventajas de esta obra la menos importante es la más trascendente? ¿Por qué damos tan poco valor a la vida y a la viabilidad  esencial de nuestra ciudad?

A  los defensores del desarrollismo por encima de la vida les vendría muy bien leer el libro Colapso de Jared Diamond, para que vean el porvenir que proponen. El autor, científico y escritor excelente, con especialidad en arqueología, ofrece ejemplos de sociedades que se han destruido a sí mismas al tomar decisiones devastadoras para su entorno. Diamond brinda asimismo ejemplos de comunidades sabias, que regularon su crecimiento, respetaron el ambiente y sobrevivieron, que incluso se preocuparon por encontrar la manera de extraer petróleo con las menores consecuencias ambientales.

Entre los casos más ilustrativos de malas decisiones está el de la Isla de Pascua, en el Pacífico, incluido como ejemplo emblemático en libros de texto sobre Ecología: los rapanuis además del legado de sus reconocidas estatuas moáis, nos dejaron restos óseos en sus fogatas, los que nos han permitido conocer de qué se alimentaban, entre otros importantes datos. Lo que se encontró es dramático y aleccionador: Los rapanuí tenían una dieta basada esencialmente en la pesca marina. Para construir balsas destruyeron completamente sus bosques. ¿Qué pasó al cortar el último árbol y sobre explotar su entorno marino? Tuvieron que empezar a comer ratas y tiempo después carne humana, hasta que se devoraron entre sí.

Seguir adelante con el NAIM donde ahora se construye implica eliminar el último lago regulador en Texcoco, un daño enorme al equilibrio de la ciudad. Estamos hablando de 10,000 hectáreas que no hay modo de compensar en la Cuenca de México. ¿Cómo enfrentar las consecuencias de esta obra en términos de aumento en la temperatura y mayor sequía en la ciudad, de más inundaciones y menos agua? Una de las promesas en este sentido es la construcción de 24 plantas tratadoras de agua, lo que implicará por sí solo un exorbitante aumento de los costos del aeropuerto. ¿Qué nos asegura que al llegar a esa inversión no saldrán con que ya no hay dinero?

Si la ciudadanía tiene que votar por Texcoco o Santa Lucía esperamos que predomine su instinto de sobrevivencia y vote en contra del NAIM en Texcoco. Si no lo hace por el ecocidio de las aves –un hecho atroz al que inexplicablemente se da una ínfima importancia- al menos que lo haga en favor de no llevar a la ciudad a una crisis mayor en lo referente al agua y el clima.

Mientras se llega a la decisión de seguir o no con el proyecto de Texoco, donde se juega el futuro de los habitantes de la ciudad, seguiremos rodeados por las múltiples voces que nos prometen un ilusorio futuro de grandeza, un porvenir imposible fincado en una obra faraónica, que no significará sino desastre tras desastre, si se continua poniendo por encima de la vida el ciego desarrollismo que ha devastado sociedades enteras.

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