Periodistas, a unirse ante la declaratoria de guerra

En septiembre, más de 300 periódicos de EU contraatacaron la ofensiva de Donald Trump contra la prensa libre (a la que califica como “el enemigo del pueblo”) con la publicación de artículos sobre la libertad de prensa.

Por: Dan Gillmor

 

Cuando la persona más poderosa del mundo le declara la guerra al periodismo, los reporteros pueden reaccionar de dos maneras.

La primera equivale a la rendición. Lamento decir que este pareciera ser el caso de algunos periodistas. No son pocos los reporteros que están contribuyendo a la desaparición del periodismo al normalizar las acciones extremadamente anormales del actual presidente de los Estados Unidos —así como las de varios líderes antidemocráticos que están surgiendo alrededor del mundo— y al permitir que estos tiranos en potencia se aprovechen de las debilidades inherentes a la profesión del periodismo.

La segunda manera de responder es buscar aliados —tanto dentro como fuera de la profesión— y adoptar una postura ofensiva, juntos. Es posible que ya estén apareciendo algunos indicios de esta segunda opción.

El mes pasado, los consejos editoriales de más de 300 periódicos de los EE. UU. utilizaron sus plataformas para contraatacar la creciente ofensiva de Donald Trump contra la prensa libre: así coordinaron la publicación de una serie de artículos sobre la libertad de prensa en respuesta a los repetidos ataques del presidente contra los medios de comunicación (entre los que se incluye un episodio reciente donde llamó a la prensa “el enemigo del pueblo”). Según Marjorie Pritchard, Editora Adjunta de The Boston Globe, el periódico que coordinó la iniciativa, el objetivo era explicarles a los lectores que un ataque a la prensa libre es inadmisible.

Si bien esto representa un avance positivo, no es suficiente.

Es por ello que decidí realizar el siguiente pedido a todos mis colegas que no se dedican al periodismo de opinión aquí en los Estados Unidos y en el extranjero: si ustedes no se unen a este reclamo colectivo con fuerza, quedará demostrado que sus organizaciones presentan el tipo de debilidad que las figuras como Trump y sus seguidores están convencidos —quizás de manera acertada— que yacen en la esencia de la profesión.

No pueden —tanto ustedes como la libertad de expresión— vivir con una postura defensiva constante. No vencerán si muerden el anzuelo de Trump (que puede ser el de cualquier otro político) y empiezan a catalogarlo como un “enemigo”. Es necesario ir más allá de la famosa advertencia de Marty Barton, Editor del Washington Post: “No estamos en guerra. Estamos en el trabajo”.

Los periodistas tienen que iniciar una misión radical. La lucha no debe ser en contra de Trump ni de otros reaccionarios, sino que debe ser a favor de la libertad de prensa y de expresión, en todos los aspectos posibles. Pero, sobre todo, se tiene que hacer más periodismo, que esté marcado por una pasión y habilidad renovadas, que sea implacable y —aún más esencial— que represente una acción colectiva.

Esto significa romper con las costumbres y con algunas tradiciones: significa cambiar el periodismo y algunas de sus prácticas para poder hacer frente al ataque deliberado de información falsa que tiene como objetivo menoscabar la creencia del público en los hechos. Los periodistas pueden empezar por considerar las necesidades de información desde la perspectiva del público y no solamente desde la propia.

La colaboración periodística debe ser amplia y profunda, a lo largo de organizaciones y plataformas. Además, puede ser inmediata: por ejemplo, establecer un acuerdo entre reporteros para resistir la marginación o prohibición absoluta de periodistas que no sean del agrado de aquellos en el poder, como ha sucedido en la Casa Blanca en la era Trump. Si se prohíbe la presencia de un reportero legítimo en un evento, o si se le hace a un lado verbalmente en una rueda o conferencia de prensa, otros periodistas deberían boicotear el evento o, al menos, volver a hacer la pregunta una y otra vez hasta que sea contestada.

Resulta aún más importante colaborar con el periodismo en sí mismo y debería convertirse en una práctica estándar. Uno de los elementos esenciales debería ser proporcionar el contexto que —con frecuencia— falta. En la actualidad, la cobertura fugaz de noticias de última hora comprende pequeñas primicias seguidas en una repetición continua y, por lo general, sin ninguna explicación sobre de qué manera se relaciona esa noticia con el panorama general: es un clásico ejemplo de cómo se mira el árbol y no el bosque detrás. Como expresó recientemente Todd Gitlin, de la Escuela de Periodismo de Columbia, no tener en cuenta el contexto se asemeja a “relatar un juego de béisbol como si fueran simplemente personas con uniformes que corren alrededor de un diamante tras una bola sin razón aparente”.

El tipo de colaboración que les pido a mis colegas no es completamente ajena al periodismo. Definitivamente no es una idea nueva. En el año 1976, luego del asesinato del reportero de investigación del Boston Phoenix, Don Bolles, docenas de los más influyentes periodistas de investigación del país se dirigieron a Boston para continuar con su trabajo, en el que investigaba a políticos y a figuras destacadas de la región que estaban relacionados con el crimen organizado. A principios de este año, luego del asesinato de Daphne Caruana Galizia, en Malta, un grupo de periodistas publicó Forbidden Stories”, una iniciativa que reunió a 45 periodistas de 15 países diferentes para completar y publicar las investigaciones que había iniciado Galizia, una clara advertencia a los responsables para que no vuelvan a intentar nada parecido.

Mientras tanto, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación está realizando un trabajo asombroso con un equipo de periodistas y organizaciones alrededor del mundo en proyectos como los Papeles de Panamá. En los Estados Unidos, ProPublica ha colaborado ampliamente en investigaciones específicas que han sido reconocidas con importantes y merecidos premios. En México, Verificado, una iniciativa independiente de verificación de hechos, recibió la colaboración de docenas de medios de comunicación para investigar y publicar la verificación de hechos o noticias falsas que circularon antes de las elecciones presidenciales del 2018.

Sin embargo, aún no es suficiente.

La colaboración que más necesitamos en la era Trump debería contar con varios principios de organización. Se deberían investigar en profundidad y con amplitud temas que aún sean demasiado importantes o difusos, para que las más destacadas organizaciones periodísticas los aborden de manera integral solas. Los temas y las problemáticas deberían ser de evidente interés para un gran segmento del público. En general, ya deberían haber sido cubiertos en cierta medida, pero mayormente de una manera excepcional o esporádica que no transmita su importancia general. Se debería contratar a especialistas para que ayuden con estas colaboraciones: investigadores, científicos de datos, contadores, forenses, abogados y más, incluso invitar al público a que contribuya con sus propios conocimientos. Y, además, debería existir un plan conjunto para garantizar que los resultados de estas colaboraciones se trasladen a la agenda pública.

¿Qué tipo de temas? Puedo contribuir con algunas ideas: cambios bruscos en políticas, leyes y normas de larga data (que se han vuelto uno de los blancos del gobierno de Trump y el Congreso de los EE. UU.), la corrupción en el gobierno, la libertad de expresión. Frente a esta realidad, los periodistas tienen que ser verdaderos activistas. Tenemos un caballo que compite en esta carrera proverbial y, ante los ataques al periodismo alrededor del mundo y el peligro que representa el poder de los gigantes de la tecnología, debemos estar a la altura de las circunstancias.

Es cierto que cada uno de estos temas más amplios ya fue cubierto. No obstante, los esfuerzos del periodismo por ponerlos en primera plana y en el centro de la opinión pública (donde deberían estar) y por proporcionar un contexto completo en el que se muestre tanto el árbol como el bosque detrás fueron escasos o nulos. Las tradiciones del periodismo “competitivo”, junto con la cantidad cada vez menor de recursos que las organizaciones de noticias pueden invertir, han convertido gran parte de nuestras noticias en un alud de impactos rápidos y un cebo de clics casi idénticos. (Las versiones sutilmente reescritas de las historias de otras personas son una plaga del nuevo mundo del periodismo. También lo es la duplicación innecesaria de esfuerzos, por ejemplo, tener a cientos de reporteros para cubrir eventos diseñados para la televisión que podrían cubrirse de mejor manera por un conjunto de reporteros.)

El tipo de colaboraciones de las que estoy hablando serían, para decirlo de cierta manera, difíciles de organizar y gestionar. Sin duda, hay ejemplos que confirman que esto puede funcionar estupendamente para cierto tipo de historias. ¿Es el caso de las historias más importantes y de mayor cobertura? ¿Quizás podría hacerse con la ayuda económica externa de fundaciones y filántropos? ¿Por qué, al menos, no intentamos?

Háganlo de la manera correcta y lograrán algo que todos necesitamos en este momento: una afirmación de por qué el periodismo todavía importa.

Los editores de la página editorial de más de 300 periódicos de los EE. UU. hicieron su mejor esfuerzo por lograrlo mediante la colaboración del mes pasado. Sin embargo, el resto de nosotros en el ecosistema del periodismo deberíamos utilizar sus comentarios como plataforma para lanzar para una campaña más grande y amplia, de esas que pueden cambiarlo todo. Hay mucho en juego. Quizás, hasta la democracia misma.

Este artículo de opinión fue adaptado de una pieza que originalmente se publicó en inglés en Medium.

 

* Dan Gillmor es un autor reconocido internacionalmente que imparte la asignatura de medios digitales en el Walter Cronkite School of Journalism and Mass Communication de Arizona State University, la universidad más innovadora de Estados Unidos por cuarto año consecutivo. Dan es director de la iniciativa News Co/Lab, que trabaja con periodistas, profesores, bibliotecarios y técnicos digitales para aumentar el alfabetismo de noticias y la atención sobre la relevancia de la información en nuestras culturas.

 

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