El primer sexenio de Ramón

Empecé a publicar a Ramón el 15 de octubre de 2012. No me ha dado premios o cantidades considerables de dinero, pero lo que atesoro más es cuando alguien me dijo que en su casa gritan: “¡Ya salió la nueva de Ramón!”; cuando le regalé un dibujo a un amigo y lo ha tenido como portada en su cuenta de Twitter desde hace 5 años; cuando me dicen: “¿sabes cuál me gusta de Ramón?” y me la actúan; cuando hacen que sus parejas se vuelvan fans.

Por: Jorge Penné (@Perrovagabundo)

Ésta no es una historia de éxito.

Llevaba un par de horas intentando, trazando, borrando, iniciando de nuevo. Dibujar es una batalla. En mi caso, una de supervivencia. De pronto empezó a salir lo que mi mente y mi intuición de toda una vida de dibujante quería: un dibujo simple y bonito, nada más. Dibujé a Ramón.

Era 2011 y mi amigo Iván Martinez me había invitado a colaborar en la página en Facebook de un podcast que hacía en ese entonces. Tenía en mis apuntes un cartón sobre un niño que toma un libro y se pregunta en dónde tiene los botones, pero la idea de una sola viñeta no me inspiraba, así que decidí hacerla como tira cómica, lo cual me permitía dibujar a un personaje más sencillo, cosa que me llevó más trabajo de lo que pensé. Sintetizar es una ardua labor. Hice la tira, pues, y se la mandé. Para mí era todo, la próxima semana dibujaría cualquier otra cosa y no volvería a trazar a ese personaje en la vida. A cinco años de esa primera vez habré dibujado esa redonda cabeza con cabello negro centenares de veces.

Luego vino una segunda idea para ese niño de playera de rayas y los amigos estaban encantados. Me alentaban a seguir con la tira y terminaron convenciéndome de Ramón, ahora se llamaba Ramón.

Recuerdo la primera vez que hice una tira cómica. Fue en 2002 durante un fin de semana en la que descubrí que Garfield fue una historieta antes de pasar a los dibujos animados gracias a un libro que me prestaron y vi la película “I want to go home”, en la que sale Depardieu. De Garfield tomé el formato de tres cuadros y de la película el tema: un vagabundo. Hacer algo que empiece y termine en tres cuadritos es arduo, me tomó mucho tiempo dominarlo. Las primeras tiras que hice estaban llenas de letritas y muchos de los chistes eran trillados. Sin embargo, para junio de 2008 mi tira Parches y Napoleón se publicaba en el periódico El Universal.

Parches y Napoleón no duraron ni un año en las páginas del periódico porque retiraron el suplemento en el que aparecían y no hubo interés por conservar la tira en otro espacio. Un editor, sentencioso, me dijo: “Nosotros no publicamos tiras cómicas, sólo cartón político”. Busqué espacios en otros medios sin obtener éxito y luego mis líneas guardaron silencio.

Cuando, en esa época, me preguntaban a qué me dedicaba, respondía que caricaturista. Aún sin publicar, vamos, aún sin dibujar. Pero eso era yo. Fracasado, derrotado, sin talento, con talento, incomprendido o comprendido de tal manera que se sabía que era malo, pero yo era caricaturista.

Ramón llegó en 2011 y me costó trabajo dejar atrás a Parches, que además era yo y pensaba como yo. Incluso llegué a trabajar ambas tiras simultáneamente y a incluirlas en mi portafolios junto con otras cosas que hacía. Pero decidí enfocarme de lleno a Ramón porque, como profesional, sabía que era una tira mejor construida desde el inicio y que tenía más futuro por el tema que trata.

Más o menos cuando hice la segunda tira de Ramón decidí trabajar en el personaje, sentarme con él a conversar, descubrir quién era ese niño de cabello negro, sin boca y ojos de puntito. Qué quería decir a través de mí y qué no iba a decir nunca, qué cosas le gustaban, cuáles detestaba, quiénes eran sus padres. Aunque muchas de las características de Ramón se han ido definiendo sobre la marcha y hay cosas que, aunque no lo parezca, no son importantes para la creación de un personaje. Por ejemplo, todavía no sé qué tipo de música escucha Ramón o cuál es su comida favorita o qué edad tiene exactamente, todo eso no importa, lo relevante es lo que sucede en el terreno de la psique, sus opiniones, su personalidad, y en ese sentido, es un personaje sólido. No se necesita más. Llegó un punto en el que él ya era un ser. Dependía de mí, sí, tenía cosas de mí, también, pero a diferencia de mi personaje anterior, no era yo, era él, ya era Ramón.

Ahora, una cosa es tener un personaje sólido en apariencia y un tema que puede dar de sí y otra es poder hacer una tira a la semana durante seis años sin que la fórmula se agote. Una mañana se me ocurrieron cuatro ideas, ¡cuatro! Ese día supe que estaba listo para hacer a Ramón el tiempo que fuera necesario y empecé a trabajar en una muestra de trabajo de doce tiras. He de confesar que uno de mis mayores temores es quedarme sin ideas. Que un día despierte y no se me ocurra nada y al siguiente tampoco, ni a la semana próxima. Nada. A veces trabajo pensando en que quizá éste es el día en el que ya no se me ocurrirá nada y empiezo a pensar y a pensar y, de repente: una idea. Una semana más, me digo.

El siguiente paso es el más complicado de todos. Me precio de ser un profesional y de haber publicado en algunos de los medios más importantes del país y de tener algún prestigio internacional. Sé hacer mi trabajo, no hago otra cosa. Mi vida se trata de estar listo para crear, estar bien nutrido espiritualmente, sufrir un poco, gozar, aburrirme, disfrutar del ocio, sufrir un poco más, soñar despierto… y soltarlo todo en un par de líneas o en tres cuadritos. Digamos que eso lo domino. Lo que no domino es colocar mi trabajo en los medios, es tan difícil, es tan frustrante. Nadie te recibe, no contestan los correos ni los WhatsApps, no tienen el valor de mirarte a los ojos y decirte: “no nos interesa tu propuesta, gracias”.

Hay personas que, en la vida, tienen que tocar puertas porque nada se les dará fácilmente. Pues a mí me tocó patearlas. Pateé las puertas de dos importantes directores de dos importantes periódicos para mostrar a Ramón y también mi trabajo como caricaturista editorial. Uno escapó cobardemente sin darme una respuesta y el otro me dijo que me dedicara a otra cosa, que no iba a vivir de la caricatura.

Un día le mandé la tira a Ana Francisca Vega, entonces subdirectora de Animal Político, y me dijo que sí. Tan fácil. No tuve que hacer grandes proezas ni patear nada. Y fue mediante un correo electrónico que mandé. ¿Quién contesta un correo electrónico? Pues los de Animal. Desde ahí me di cuenta de qué es Animal Político y es, entre muchas cosas, un medio sin vicios. Limpio, de a pie, para todos. Para mí también.

Empecé a publicar a Ramón el 15 de octubre de 2012 y lo sigo haciendo con la misma ilusión del principio. La tira está lejos de ser un suceso, no es la nueva Mafalda como algunos pronosticaron, pero es una tira que se hace con mucha honestidad, con mucho cariño, con profesionalismo y con seriedad. Tampoco me ha dado premios o cantidades considerables de dinero, pero lo que me ha dado y atesoro más es cuando alguien me dice que su hijo es igualito a Ramón, o él mismo es como Ramón; cuando salí en la tele para promover el libro digital que se hizo en 2013; el propio libro; cuando alguien me dijo que en su casa gritan: “¡Ya salió la nueva de Ramón!”; cuando alguien me comentó: “Ramón me hace reír bonito”; cuando le regalé un dibujo a un amigo y lo ha tenido como portada en su cuenta de Twitter desde hace 5 años o la amiga que lo colgó en la puerta de su baño o la que lo tiene en su espacio de trabajo; cuando me dicen: “¿sabes cuál me gusta de Ramón?” y me la actúan, cuando hacen que sus parejas se vuelvan fans; cuando me entrevistan, no porque yo sea famoso, sino porque les gusta mi trabajo y quieren que otros lo conozcan; cuando me invitan a dar conferencias y dicen que ése fue el día más feliz de su vida universitaria; cuando mi sobrina de nueve años dijo: “Ramón representa lo que somos los niños actualmente”; cuando Iván imprimió camisetas y tazas de Ramón y los dio como regalo en el baby shower de su hija; cuando los que viajan a otros países le muestran la tira a los amigos que hacen allá y hacen la traducción; cuando mi mamá dice que Ramón es su nieto; cuando alguien me dijo que se quería casar con Ramón; cuando me enseñan que lo tienen de fondo en su celular o de avatar en redes sociales. Ésos son mis premios, ésos son mis trofeos.

Dije al principio que no iba a contar una historia de éxito, me falta mucho y cada vez parece todo más difícil, lo que sí sé es que no me voy a rendir, así que no es una historia de éxito, es una historia de lucha.

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