Resilencia de mujeres frente a la adversidad

Cuando la empatía sí cuaja entre mujeres conduce a la solidaridad femenina que lleva a la concientización de las realidades adversas de la condición femenina y facilita una clara visión de los verdaderos intereses y metas comunes que unen a las mujeres.

El pasado 10 de octubre, la Fundación Doctora Raquel Berman, la Asociación Mexicana para la Práctica, Investigación y Enseñanza del Psicoanálisis A.C. (AMPIEP), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) llevaron a cabo la ceremonia de premiación de su tercera entrega del Premio Raquel Berman a la resiliencia femenina frente a la adversidad.

El objetivo de la convocatoria fue reconocer a mujeres de 18 años en adelante, mexicanas por nacimiento o naturalización, las cuales ante circunstancias adversas y estresantes emprendieron un proceso de transformación, convirtiendo el daño sufrido en fortalezas, tanto en beneficio propio como de su entorno social.

Este año, entre las mujeres reconocidas, se encontraba Valentina Rosendo Cantú, quien después de 16 años de haber denunciado violencia y discriminación por parte de autoridades militares y civiles, y tras casi ocho de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) emitiera una sentencia en contra de México, el 1º de junio de 2018, logró una histórica sentencia en la que dos de los militares señalados por haber cometido violación y tortura en su contra fueron condenados a 19 años de prisión.

Como parte del jurado, la Dra. Berman dio un poderoso discurso para todas las mujeres que participaron. Pensamos que la reproducción de sus palabras puede ser un medio para amplificar el mensaje, al margen de seguir apoyando iniciativas que a través de diversas estrategias abonan para que las mujeres podamos hacer efectivos nuestros derechos y particularmente asegurar que podamos vivir una vida libre de violencia y discriminación.

Pueden encontrar más información sobre el premio aquí.

 

Por: Raquel Berman

Les dirijo un breve mensaje a las ocho premiadas aquí reunidas y también a las 343 ausentes no premiadas. Sus narrativas escritas o videograbadas, con seudónimos o con sus apellidos son actos de osadía.

Representan voces femeninas atrevidas y no silencias. Son diálogos consigo mismos y son misivas al jurado femenino multidisciplinario constituido por las 4 agrupaciones aquí representadas en el Presidium, que manifiestan su búsqueda de nuestro atestiguamiento, comprensión, apoyo y empatía por las adversidades sufridas. Expresan su clamor de justicia y su anhelo de ser reconocidas por su superación y actos creativos logrados para beneficio propio y para el de otras mujeres.

Han logrado estas metas a pesar de múltiples agravios y obstáculos externos y a pesar de impedimentos psicológicos que todas las mujeres cargan en mayor o menor grado debido a la introyección de mandatos patriarcales milenarios. Es el miedo, a veces hasta terror de ser rechazada, abandonada, maltratada y hasta muerta por atreverse tener voz propia, sentirse autónoma, defenderse, dejar de ser sometida, irracionalmente culpígena y avergonzada.

Las mujeres que constituimos el Jurado leímos, ponderamos, admiramos, empatizamos con sus relatos; al igual sufrimos la opresión en el pecho, cansancio o rabia por las circunstancias injustas sufridas por ustedes, y que inevitablemente evocan memorias de circunstancias traumatizantes parecidas o menos graves, pero siempre acompañadas de reacciones dolorosas.

Desafortunadamente este proceso de empatía que ustedes activaron en este Jurado de mujeres no siempre se logra con todas las mujeres (la desconfianza, la traición, la envidia y la rivalidad pueden interferir en este proceso). Sin embargo, cuando la empatía sí cuaja entre mujeres conduce a la solidaridad femenina que lleva a la concientización de las realidades adversas de la condición femenina (tan idealizada a la vez que satanizada) y facilita una clara visión de los verdaderos intereses y metas comunes que unen o deberían unir a las mujeres. Entonces la solidaridad se convierte en el motor de acciones propositivas y benéficas para las mujeres.

La lectura y reflexión empática de los cientos de narrativas que hemos revisado en tres años nos han confrontado con realidades demasiado dolorosas de las mujeres en nuestro país, pero también nos han mostrado que la resiliencia adquirida por ustedes está ligada con las respuestas empáticas recibidas de personas significativas en momentos o periodos críticos y hasta traumatizantes de su vida.

Resalta en estos relatos la importancia del sostén de otras mujeres a lo largo de su vida. Destaca el rol crucial de contención en periodos difíciles de su vida que jugaron y juegan las agrupaciones femeninas   familiares, las del Estado y de la sociedad civil. Me refiero a aquellos grupos femeninos que les   ofrecieron lazos empáticos y solidarios y herramientas concretas para enfrentar la vida en momentos estresantes.

Salen a relucir en su historia la sed de conocimientos, la inquebrantable aspiración a la educación, a veces como único refugio frente un entorno intolerante y violento. La frecuente y eficaz utilización de la psicoterapia. Es notable la aspiración de autorealizarse y las capacidades cuajadas o nacientes de liderazgo en trabajos profesionales de ayuda a mujeres o en otras áreas creativas que benefician a otras y otros  lo que revela sus capacidades de elaborar sus traumas y a partir de esta transformación interna de sí mismas  extenderla a otras mujeres.

Les felicitamos y nos felicitamos por atravesar juntas este proceso empático y solidario y que culmina con esta tercera premiación anual.

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