La lista abierta

Existe una alternativa narrativa que vale la pena rescatar en estos tiempos: Sentimientos de la nación, un texto que plantó los cimientos políticos, ideológicos y jurídicos de nuestro país que ahora brillan por su ausencia.

Por: Carlos Luis Escoffié Duarte (@kalycho)

Quizá en estos tiempos valga la pena recordarlo: el derecho es un proceso de comunicación. No solo instituye, sino que legitima discursos y acciones de la autoridad.[1] Representa un puente entre el mundo narrativo de una sociedad y el mundo material.[2] Además, su fuerza radica, en gran medida, en que se presenta como algo neutral, sin que la gran mayoría sepa cómo fue que llegó a promulgarse en primer lugar.[3] Frente a los últimos días, considero pertinente hacer un espacio para recordar de manera brevísima cómo el derecho ha contribuido a reforzar un rechazo de cariz autoritario hacia los extranjeros. Sobre todo ante un contexto geopolítico en el que los discursos de extrema derecha parecieran florecer.

Si bien durante los 60, 70 y 80 existieron actitudes loables hacia la disidencia extranjera que buscaba asilo en el país –no siendo, desgraciadamente, consecuente con el trato dado a la disidencia interna-, existieron también capítulos de profunda xenofobia hoy casi olvidados. Por ejemplo, la discriminación apoyada por el propio derecho hacia los inmigrantes chinos a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX.[4] En 1932, la Segunda Sala de la SCJN consideró constitucional que el Estado de Sonora prohibiese el matrimonio entre mujeres mexicanas “e individuos de raza china”.[5]

El Constituyente de 1917, si bien contempló la igualdad salarial sin tener en cuenta la nacionalidad,[6] también consagró la preferencia a mexicanos frente a extranjeros para ocupar empleos.[7] Incluso el actual artículo 33 es heredero –o más bien, sobreviviente- de la Constitución de 1857:[8] nuestra tradición constitucional reconoce la posibilidad de que el Presidente expulse del país a cualquier extranjero y prohíbe que cualquiera de estos se “inmiscu[ya] en los asuntos públicos del país”.[9]

A pesar de que ha sido aparentemente amortiguada por las reformas del 2011 –en las cuales se incluyó la garantía de audiencia y un procedimiento administrativo-, la idea de “inmiscuirse en los asuntos públicos del país” no deja de ser tan generalísima como arbitraria. ¿Implica inmiscuirse en asuntos públicos del país que un extranjero proteste contra un trato de libre comercio en negociación entre su país y el nuestro? ¿O participar en una organización de derechos humanos en México? ¿O ser miembro activo de una campaña para exhibir las omisiones de las autoridades frente a la amenaza de extinción de la vaquita marina?

Es verdad que el artículo 33 pareciera ladrar más de lo que suele morder. Quizá los últimos episodios en los que se planteó su aplicación –al menos hasta donde tengo conocimiento- fueron en contra de Manu Chau en 2009[10] y en contra de Belinda este 2018.[11] No obstante, la Ley de Murphy pareciera ser suficiente para que genere un efecto simbólico sobre las personas extranjeras que se encuentran en nuestro país. La legitimidad con la que cuenta el artículo 33 se ha manifestado en casos de repudio público en contra de extranjeros, como ocurrió en el caso de la peruana Laura Bozzo.[12]

Sin que sea el objeto remplazar un discurso nacionalista por otro aparentemente más inocuo, creo que existe una alternativa narrativa que vale la pena rescatar en estos tiempos. Proviene de un texto que, junto a las Leyes de Reforma, plantó los cimientos políticos, ideológicos y jurídicos de nuestro país: Sentimientos de la nación. Casi dos años antes de la famosa Carta de Jamaica de Simón Bolívar, José María Morelos y Pavón escribe estos planos de país en el cual México como concepto brilla por su ausencia. Se refiere a la independencia de América y a distintos derechos liberales –aunque con un atávico corte religioso- que se reconocerían a los americanos.

Posteriormente, en 1814, la Constitución de Apatzingán declaraba como ciudadanos “de esta América [a] todos los nacidos en ella”.[13] Además, se imponía como únicos requisitos para que un extranjero tenga carta de naturalización el ser católico –como ya he dicho, el proyecto de Morelos no logró adoptar el enfoque secular- y no “opon[erse] a la libertad de la nación”.[14] Incluso se reconocían, con algunas restricciones, derechos a “los transeúntes” por el país y se señalaba que serían “protegidos por la sociedad”.[15]

Antes de los distintos procesos que buscaban una identidad cultural homogenizada, los primeros pasos de México se marcaron por su negación a España –en tanto el antiguo régimen-, pero no por un rechazo al extranjero que decidiese formar parte de nuestra comunidad política. Sobre todo porque las fronteras eran apenas trazos provisionales ante la anexión de otras colonias recién independizadas. Entre ellas Honduras.

Por supuesto que lo anterior no es, en sí mismo, un argumento jurídico para atender el actual paso masivo de migrantes hondureños. Es más bien un llamado a recordar que, incluso desde sus orígenes, este país no fue ideado para un grupo restringido de destinatarios, sino para una gama amplia y todavía por definirse de personas que estuviesen en su territorio. Lo que entendemos hoy como México y lo que podría alguien entender como ser mexicano/a es simplemente la última fotografía de un proceso aún no concluido, en el cual han intervenido no únicamente indígenas y españoles, sino libaneses, judíos, chinos, argentinos, franceses, irlandeses, cubanos, colombianos y coreanos, entre otros indudables etcétera. La lista de personas mexicanas ha estado y debe permanecer abierta.

México no es el único país de América Latina en el que han reaparecido distintas voces xenófobas en contra de otros latinoamericanos. Brotes similares se han visto en Costa Rica, Colombia, Perú, Brasil, Argentina y Chile, al mismo tiempo en que sube la marea de apoyo a propuestas políticas de extrema derecha. Espero estar exagerando. En verdad, deseo con muchos ánimos avergonzarme de estas líneas en un futuro, pero el resurgimiento de un discurso xenófobo a la par de otras manifestaciones conservadoras –como el movimiento de “rescate” ético a Porfirio Díaz bajo argumentos muy similares a los que Bolsonaro y simpatizantes usan para justificar la dictadura militar en Brasil- pronostican tiempos impensables.

De ahí la importancia de recordar que, también en nuestra historia, nuestro país ha sido entendido no como algo ya asequible y determinado, sino como en constante modificación. Existe otra tradición para entender México –actualmente no consolidada en el Derecho- como un espacio que, como señalaba José María Morelos, “sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud”.

 

* Carlos Luis Escoffié Duarte es litigante independiente en derechos humanos. Miembro investigador del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Yucatán.

 

Referencias: 

[1] Véase: García Villegas, Mauricio; Eficacia simbólica del derecho, Segunda Edición, Penguin Random House Editorial, Bogotá 2014.

[2] Véase por ejemplo, el trabajo desarrollado por Robert Cover en su célebre Nomos and narrative. Originalmente publicado como “The Supreme Court, 1982 Term-Foreword: Nomos and narrative”, Harvard Law Review, 97, 1983. Reimpreso como “Nomos and narrative” en Martha Minow, Michael Ryan, y Austin Sarat (Editores), Violence and the law, University of Michigan Press; Ann Arbor, 1992. Traducido al español por Christian Courtis en Derecho, narración y violencia. Poder constructivo y poder destructivo en la interpretación judicial, Editorial Gedisa, Barcelona 2002.

[3] Véase por ejemplo: Caudill, David S; Freud and Critical Legal Studies: Contours of a Radical Socio-Legal Psychoanalysis, Indiana Law Journal: Vol. 66 : Iss. 3 , Article 1. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[4] Para profundizar en este capítulo de nuestra historia, sugiero el artículo “Igualdad a la mexicana: un poco de historia” publicado en Borde Jurídico el 26 de junio de 2015. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[5] Ídem.

[6]Artículo 123.- El Congreso de la Unión y las Legislaturas de los Estados deberán expedir leyes sobre el trabajo, fundadas en las necesidades de cada región, sin contravenir a las bases siguientes, las cuales regirán el trabajo de los obreros, jornaleros, empleados, domésticos y artesanos, y de una manera general todo contrato de trabajo: […] VII.- Para trabajo igual debe corresponder salario igual, sin tener en cuenta sexo ni nacionalidad. […].” Texto original de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917.

[7]Artículo 32.- Los mexicanos serán preferidos a los extranjeros, en igualdad de circunstancias, para toda clase de concesiones y para todos los empleos, cargos o comisiones del Gobierno en que no sea indispensable la calidad de ciudadano. En tiempo de paz, ningún extranjero podrá servir en el Ejército, ni en las fuerzas de policía o seguridad pública.” Texto original de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917.

[8] “Art. 33. Son extranjeros los que no posean las calidades determinadas en el art. 30. Tienen derecho á las garantías otorgadas en la sección primera, título I de la presente Constitución, salva (sic) en todo caso la facultad que el Gobierno tiene para expeler al extranjero pernicioso. Tienen obligación de contribuir para los gastos públicos, de la manera que dispongan las leyes, y de obedecer y respetar las instituciones, leyes y autoridades del país, sujetándose á los fallos y sentencias de los tribunales, sin poder intentar otros recursos que los que las leyes conceden á los mexicanos.” Constitución Política de la República Mexicana de 1857.

[9] “Artículo 33. Son personas extranjeras las que no posean las calidades determinadas en el artículo 30 constitucional y gozarán de los derechos humanos y garantías que reconoce esta Constitución. El Ejecutivo de la Unión, previa audiencia, podrá expulsar del territorio nacional a personas extranjeras con fundamento en la ley, la cual regulará el procedimiento administrativo, así como el lugar y tiempo que dure la detención. Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.” Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917. Texto actual.

[10] En marzo de 2009, la Secretaría de Gobernación inició un procedimiento de expulsión en contra del cantautor Manu Chau por realizar durante un concierto en México diversas manifestaciones respecto a las violaciones a derechos humanos cometidas en Atenco en 2006.

[11] Si bien una sala del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) acusó a la cantante de actos proselitistas siendo extranjera, la Secretaría de Gobernación declaró posteriormente que no era aplicable el artículo 33 constitucional.

[12] Merchan Rojas, Yarima; ¿El 33 para Laura Bozzo?, publicado el 2 de octubre de 2013. Disponible en formato digital a través de este enlace. Política y Estilo. Piden aplicar artículo 33, a Laura Bozzo, publicado el 21 de febrero de 2014. Disponible en formato digital a través de este enlace.

[13] “Artículo 13. Se reputan ciudadanos de esta América todos los nacidos en ella”. Constitución de Apatzingán de 1814.

[14] “Artículo 14. Los extranjeros radicados en este suelo que profesaren la religión católica, apostólica, romana, y no se opongan á la libertad de la nación, se reputarán también ciudadanos de ella, en virtud de carta de naturaleza que se les otorgará, y gozarán de los beneficios de la ley”. Constitución de Apatzingán de 1814.

[15] “Artículo 17. Los transeúntes serán protegidos por la sociedad; pero sin tener parte en la institución de sus leyes. Sus personas y propiedades gozarán de la misma seguridad que los demás ciudadanos, con tal que reconozcan la soberanía e independencia de la nación, y respeten la religión católica, apostólica, romana”. Constitución de Apatzingán de 1814.

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