Una oportunidad de política exterior

Es momento de que México pase de observador a miembro en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), organismo fundado en 1991 a través del Protocolo de Tegucijalpa y que cuenta con un Parlamento Centroamericano, una Corte, un Banco de Integración Económica y un pasaporte común.

Por: Saul Vazquez Torres (@SawieV)

 

Cuando yo era niño aprendí en el colegio, con los jesuitas, que México era Centroamérica. Luego fui creciendo y nunca supe si hubo algo mal en mi geografía básica, o México se volvió Norteamérica, sin duda un mejor vecindario. Y qué mal se ha portado México con los centroamericanos.

Sergio Ocampo Madrid

 

En pocas ocasiones, los temas de política exterior juegan un papel central en la discusión pública mexicana; regularmente en la prensa impresa sólo se le dedican un par de páginas al día. Sin embargo, durante la transición entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y el de Andrés Manuel López Obrador dos temas de política exterior han ocupado mucha de la discusión pública mexicana. Por un lado, la invitación a Nicolás Maduro a la toma de protesta del próximo presidente ha despertado una furibunda crítica de amplios sectores de la sociedad civil y la oposición institucional. Celebro el interés, de hecho, sería de alegrarse ver a la sociedad protestando ese día en torno a la causa de los venezolanos, sin embargo lamento de la oposición (de la que soy parte) que no se entienda que la invitación es consecuencia de la política exterior mexicana marcada por el artículo 83 constitucional. No fue una invitación selectiva, sino universal, por lo cuál me parece que para quienes nos movemos en el marco de las instituciones es un poco infantil cuestionarla. Como dice Carlos Bravo Regidor: “Pero México es un país, no un campamento. Tenemos relaciones diplomáticas con otros países, a cuyos jefes de Estado o representantes invitamos para la inauguración del nuevo gobierno. Invitarlos no significa validarlos”.

Al mismo tiempo otro tema que me parece ofrece alternativas más interesantes al debate, y que además será cada vez más importante para nuestro país, es el de la inmigración centro y sudamericana en el contexto de la Caravana Migrante. Similar al fenómeno del narcotráfico, cada vez más México deja de ser sólo un territorio de paso para convertirse en el destino final de muchos migrantes en su camino hacia Estados Unidos, y nos encontramos carentes de respuestas. Desde un colectivo nacer del Trumpismo a la mexicana que pide cerrar las puertas a los migrantes, hasta respuestas más complejas como la de la exdiputada Cecilia Soto que pide evitar que la Caravana llegue a la frontera para evitar que esta sirva a la retórica de Trump de cara a las elecciones intermedias para el congreso y senado de EEUU[i]. En fin, que razones para impedir el paso de los centroamericanos no han faltado en la discusión pública, pero quisiera aprovechar la coyuntura para proponer una política más audaz.

Es momento de que México pase de observador a miembro en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA). Tal vez para la gran mayoría de los lectores la primera pregunta sea ¿qué es el SICA? Es un organismo que incluso entre internacionalistas (mexicanos) es poco estudiado y discutido. Fundado en 1991 a través del Protocolo de Tegucijalpa, cuenta con un Parlamento Centroamericano, una Corte, un Banco de Integración Económica y un pasaporte común. México desde 2004 es un observador regional de este proceso, los miembros son Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.

Durante la década de los 80 y principios de los 90, México dio un viraje a su política exterior clásica y abandonó el latinoamericanismo para formar un bloque con Norteamerica a través del TLCAN. En su clásico El Choque de las Civilizaciones[ii], Samuel Huntington narra con entusiasmo este proceso como el cambio de identidad de México. Huntington no oculta su simpatía por Salinas, Serra Puche y el resto del equipo económico mexicano en torno al TLCAN, incluso lamentando que el bloque asiático impulsara (e impusiera) un candidato distinto a Salinas a la dirección de la Organización Mundial del Comercio (OMC). No se trata de abandonar el TLCAN (ahora T-MEC o USMCA), sino de un giro distinto al derrotero político.

Hoy México no es visto como socio en el bloque norteamericano, sino como un aliado más bien forzado. Las dinámicas económicas y cadenas productivas enlazadas con Canadá y Estados Unidos son irreversibles; ni toda la voluntad de Trump las pudo romper. Sin embargo el énfasis político ya no puede llevarse con esta región. El TLCAN nunca pasará de ser un instrumento comercial para convertirse en un mecanismo de integración política, SICA sí. México sería la economía más grande, el país más poblado e industrializado de la región centroamericana, además la promoción al desarrollo a través de la Agencia Mexicana para la Cooperación (AMEXCID) podría garantizar el avance de la agenda de México en los organismos internacionales a través de un bloque de votos centroamericanos.

Quizás con fortuna esta semana Marcelo Ebrard, quien se prospecta se encargará de la Secretaría de Relaciones Exteriores, se reuna con el Secretario General de SICA. Ebrard se comprometió a fortalecer la articulación con el organismo regional, pero ¿por qué no pensar en entrar de lleno como miembros? Como he expuesto, esta ruta no está peleada con el NAFTA/T-Mec en lo comercial, pero sí es una mirada radicalmente distinta al desarrollo político regional.

 

* Saúl Vazquez Torres es Internacionalista por el Tecnológico de Monterrey, Consejero Nacional del PRD e Integrante de Iniciativa Galileos.

 

 

[i] Estas elecciones ocurrirán el martes 6 de noviembre de 2018, éste artículo fue escrito el viernes 2, es posible que la fecha de publicación sea posterior a las mencionadas elecciones.

[ii] Lo menciona varias ocasiones a lo largo de todo el libro pero dedica un énfasis especial en las páginas 149-151 de la edición de Simon & Schuster (2011).

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