Seguridad, regionalización y futuros secretarios

La regionalización del país en 235 coordinaciones que propone AMLO podría ser una forma para que la política de seguridad regrese al terreno político. Especialmente si consideramos la posibilidad de que, como se ha anunciado, las coordinaciones estén encabezadas por un mando civil.

Por: Fausto Carbajal Glass

En los últimos días, ha habido una secuencia de noticias cuyo contenido será imprescindible para analizar -y evaluar- la política de seguridad de la siguiente administración. Por una parte, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador adelantó que, como parte de su plan para pacificar al país, el territorio nacional será dividido en 265 regiones, cada una con su respectiva coordinación. Por otra parte, el pasado lunes se dieron a conocer los nombres de los futuros secretarios de la Defensa y de la Marina-Armada de México.

Más allá de las implicaciones positivas o negativas que estos anuncios puedan tener en el teatro de operaciones –las cuales no se pretenden desestimar, pero no son el objetivo de esta entrega-, considero que su mayor importancia radica en su dimensión política. Específicamente, estos eventos podrían leerse como primeros pasos para corregir deficiencias a nivel político y estratégico en materia de seguridad.

Me explico. En espacios anteriores, he argumentado que el Estado mexicano ha perdido el control político de la violencia en el combate al crimen organizado. Me refiero, en particular, a que el carácter tautológico del empleo de la fuerza ha pasado a un segundo término, contribuyendo considerablemente a un proceso de escalamiento de la violencia que, como lo advirtiera Clausewitz, no conoce ni fin ni dueño. 

En buena medida, esto ha sido como consecuencia de la falta de conducción política –civil-, así como de la ausencia de objetivos políticos claros que justifiquen el empleo de la fuerza. Esto ha ocasionado, a su vez, que durante los últimos doce años -pero ciertamente con mayor intensidad en este último sexenio-, el estamento militar sea el que haya diseñado e implementado la política de seguridad en México.

De modo que la regionalización del país en 235 coordinaciones podría ser una forma para que la política de seguridad regrese al terreno político. Especialmente si consideramos la posibilidad de que, como se ha anunciado, las coordinaciones estén encabezadas por un mando civil. Aunado a esto, la forma de la designación y el perfil de los próximos titulares de la Defensa y Marina-Armada podrían ser indicios de una nueva forma de interacción entre civiles y militares de cara al combate a la delincuencia organizada. En este sentido, da la impresión de que, en la práctica, el próximo Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, será el encargado de coordinar aquellos esfuerzos de soldados, pilotos y marinos.

Más allá de generar suspicacia y resistencia al interior de la estructura militar, este posible cambio en la forma de conducir las relaciones entre civiles y militares, tendría que ser visto como una oportunidad para definir claramente atribuciones. Por una parte, es abrirle el paso a que los civiles adopten la responsabilidad que les corresponde sobre la conducción política y la definición de objetivos claros, y que las Fuerzas Armadas, por su parte, se enfoquen en la forma de distribuir y aplicar los medios militares que contribuyan a alcanzar los fines de la política de seguridad en su conjunto.

Sin embargo, quedan en el aire algunas preguntas que seguramente tendrán respuesta en los siguientes días. Una en particular es la que considero crucial: ¿Cómo el empleo de las fuerzas federales contribuirá a la generación de capacidades institucionales policiales de carácter civil y local? En tanto no respondamos esta pregunta, las fuerzas armadas seguirán siendo utilizadas para apagar incendios por tiempo indefinido.

  • El anuncio de la regionalización y los nuevos secretarios de las Fuerzas Armadas, tendrían que leerse como un paso para corregir vicios y errores en materia de seguridad.
  • El Estado mexicano ha perdido el control político de la violencia en el combate al crimen organizado.
  • Esto se debe por la falta de conducción política –civil- así como la falta de claridad en los objetivos que se buscan al momento de emplear la fuerza.
  • Mucho de esto ha sido como consecuencia de la falta de conducción política –civil-, y de la ausencia de objetivos políticos que justifiquen el uso de la fuerza.
  • La regionalización del país en 235 coordinaciones podría ser una forma para que la política de seguridad regrese a su dimensión política.
  • La designación de los próximos titulares de las Fuerzas Armadas podría anunciar una nueva forma de llevar las relaciones civiles-militares en nuestro país.
  • Es abrirle el paso a que los civiles adopten la responsabilidad que les corresponde mediante la conducción efectiva y la definición objetivos políticos.

 

* Fausto Carbajal Glass es consultor y analista en temas de seguridad. Internacionalista por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Estudios de Guerra por el King’s College London. Es asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), donde forma parte del Grupo de Trabajo de Seguridad Pública. Miembro de la Federación Mundial de Estudios del Futuro (WFSF) con sede en Paris, Francia. Se ha desempeñado en el servicio público, particularmente en las Secretarías de Relaciones Exteriores y Gobernación.

Close
Comentarios