A propósito de aeropuertos y otras cosas importantes (como el clima…)

El caso de Francia contrasta de manera asombrosa con la ola de ataques por parte de los comentaristas y analistas en radio, internet, televisión y prensa escrita en México, así como por parte de los dirigentes empresariales, que han duramente criticado al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador y a su equipo por haber tomado la decisión de parar el proyecto del aeropuerto.

Por: Laila Porras Musalem

 

“Proyecto del siglo XX, ruinoso, inhumano e inútil”.

Palabras de Nicolas Hulot, exsecretario de la transición

ecológica en Francia sobre el proyecto de construcción

del aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes (NDDL).

 

Como siempre lo hemos dicho, hoy día más que nunca, Vinci queda a disposición del Estado”.

Declaración del principal grupo constructor del aeropuerto

al día siguiente de la cancelación del proyecto por el

gobierno francés, el 17 de enero de 2018

 

“Constato el día de hoy que las condiciones no están reunidas para llevar a cabo el proyecto del aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes. Un tal proyecto de ordenación que estructura un territorio por más de un siglo no se puede hacer en un contexto de oposición exacerbada entre dos partes casi iguales de la población […] Las tierras recobrarán su vocación agrícola […]”. Así dio término el primer ministro francés Edouard Philippe al proyecto del aeropuerto en enero de este mismo año. Según este proyecto, iniciado en los años sesenta (¡Sí, los años sesenta! 1965 para ser más precisos), un nuevo aeropuerto debía construirse a 30 kilómetros de la ciudad de Nantes en Francia.

La historia de los ires y venires es muy larga, pero en resumen la población aledaña y los agricultores de la zona se organizan inmediatamente para oponerse al proyecto por perjudicar a los ecosistemas del territorio en cuestión. La crisis del petróleo de los años setenta y la llegada a la región del tren de alta velocidad (TGV) en 1989 tienen el efecto común de parar el proyecto en ciernes. En los años 2000 el proyecto vuelve a tomar impulso: la idea es solucionar el congestionamiento de los aeropuertos de París: Orly y Roissy. Pero el partido ecologista (uno de verdad ecologista) se opone al proyecto. Comienza de nuevo la discusión: estudios, debates públicos, diálogo ministerial y declaraciones de utilidad pública se siguen. Capacidad prevista del nuevo aeropuerto: 9 millones de personas, costo: 561 millones de euros (43 % con gasto a cargo del Estado y de las colectividades locales).[1]

Pero en 2009, organizaciones y múltiples asociaciones se instalan en la zona… una operación policiaca para desalojarlos termina en fiasco: decenas de heridos en los dos campos. Una nueva comisión se forma bajo la dirección del entonces primer ministro Jean Marc Ayrault (partido socialista) y valida el proyecto. Pero esta vez se cuestionan las medidas de compensación ambiental para supuestamente preservar la biodiversidad en la zona. La batalla jurídica continua y 17 recursos legales (ambientales) remitidos por los opositores son rechazados por el sistema judicial. Estamos ya en 2015 y el gobierno de la región anuncia que se reanudan las obras. En 2016 los jueces validan la expulsión de los últimos agricultores de la zona.

Al estar consciente del grado de conflictividad, el presidente socialista François Hollande anuncia un referéndum local sobre el futuro del proyecto. En el escrutinio gana el sí al aeropuerto: 55 % de votos contra 44 %.[2] Pero llega Emmanuel Macron al poder y respetando su propuesta de candidato organiza una nueva mediación. Los expertos del gobierno dan su veredicto, las dos opciones son potencialmente posibles: construir el nuevo aeropuerto o agrandar el ya existente. Es entonces el ejecutivo quien debe decidir (nadie cuestiona el derecho del ejecutivo a decidir sobre un proyecto de tal magnitud). El presidente Macron y su primer ministro Edouard Philippe deciden escuchar al secretario de la transición ecológica, un ecologista conocido a nivel mundial por su compromiso con el medio ambiente, Nicolas Hulot: el proyecto del aeropuerto de NDDL queda definitivamente cancelado. En vez de construir un nuevo aeropuerto (¡y que no invalidaba la operatividad de ningún aeropuerto existente!) el ejecutivo decidió reorganizar el ya existente en la región Nantes-Atlantique, alargar las pistas y aumentar su capacidad.[3]

A la principal empresa constructora, el grupo Vinci, se le indemnizará, pero curiosamente, una parte de la prensa francesa ha cuestionado más bien el hecho de que el Estado tenga que indemnizar de manera total al grupo Vinci, cuando se trata de una decisión de utilidad pública. Incluso algunos analistas proponen que los poderes públicos limiten esta indemnización con el argumento de que no son las generaciones siguientes las que deban reparar el daño cometido por sus antecesores en el pasado. No leí ni escuché ningún comentario sobre la pérdida de credibilidad del gobierno por esta decisión, ni la mala señal que enviaba el país al mundo globalizado, ni el “mal negocio” para Francia por parar una obra de tal naturaleza. Ninguna agencia calificadora le quitó estrellitas. En general, fueron más los aplausos por la decisión de anteponer, ante un proyecto cuestionado por su polarización social y por los daños irreversibles al medio ambiente, la cordura y la sensibilidad social y ecológica.

Todo lo anteriormente dicho contrasta de manera asombrosa con la ola de ataques por parte de los comentaristas y analistas en radio, internet, televisión y prensa escrita en México, así como por parte de los dirigentes empresariales, que han duramente criticado al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador y a su equipo por haber tomado la decisión de parar el proyecto del aeropuerto. Todo esto evocando a los mercados, a los inversionistas, a la deuda, a las agencias calificadoras, y olvidando que el más grande desafío en la historia de la humanidad es el cambio climático, y que si no se gana esa batalla, todas las demás estarán perdidas.

 

* Laila Porras Musalem es investigadora asociada al Laboratorio Dinámicas Sociales y Recomposición de los Espacios (LADYSS), Universidad París Diderot, París 7; profesora de la materia “Economía Política del Desarrollo Sustentable” en la maestría: Ecología y Medio Ambiente, Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de Occidente (UCO), Francia.

 

 

[1] Sin embargo, el grupo opositor al proyecto mencionó también que esa cifra estaba largamente subestimada y que en realidad los costos se podrían elevar hasta 920 millones de euros al tomar en cuenta la construcción de vías de acceso al aeropuerto.

[2] Disponible aquí.

[3] Disponible aquí.

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