¿Revocación de mandato o la cuarta campaña presidencial?

La revocación de mandato se constituye así en un derecho político de los ciudadanos, no una potestad de los gobernantes. Son aquellos quienes pueden activar el procedimiento, pero si se da la potestad para que lo pueda hacer el mismo gobernante, se pervierte su lógica y, de ser un derecho ciudadano, se puede convertir en un pretexto del gobernante para amasar su popularidad y afianzar su poder.

Por: Luis Carlos Ugalde (@LCUgalde)

La revocación de mandato que aprobó la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados hace dos días puede ser pretexto para que el presidente de la República haga campaña política y distorsione la equidad de las campañas en 2021, cuando se renovará la Cámara de Diputados y 15 gubernaturas.

El dictamen aprobado dice que el proceso de revocación de mandato del presidente de la República podrá ser solicitado por éste mismo, lo cual es contradictorio ya que su propósito central es cesar a un funcionario electo antes del término de su encargo. Es ilógico que López Obrador pueda solicitar su propia deposición, a menos de que sea pretexto para realizar una campaña política.

La consulta de revocación es un caso extremo y excepcional para remover del cargo a un gobernante que ha faltado a la verdad, traicionado su ideario o mostrado incapacidad para cumplir su encomienda. Hay otros métodos para deshacerse de un gobernante incompetente –como el desafuero y el juicio político–, pero la revocación es mediante voto directo del pueblo elector.

La revocación de mandato se constituye así en un derecho político de los ciudadanos, no una potestad de los gobernantes. Son aquellos quienes pueden activar el procedimiento, pero si se da la potestad para que lo pueda hacer el mismo gobernante, se pervierte su lógica y, de ser un derecho ciudadano, se puede convertir en un pretexto del gobernante para amasar su popularidad y afianzar su poder.

Según Jorge Alcocer, nuevo coordinador de asesores de la Secretaría de Gobernación, “son contados los países en que, tratándose del presidente de la República, existe la revocación, son los casos de Venezuela y Bolivia, en donde se instauró como parte de las reformas para consolidar el poder del gobernante que la promovió”. (Reforma, 18 de octubre de 2018).

La revocación de mandato es muy atractiva para discursos de candidatos y políticos. Suena bien, hace sentido y todos la aplauden. Iniciativas en la materia han sido impulsadas en el Congreso por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. Ricardo Anaya se mostró a favor de implementar ese mecanismo de participación ciudadana como candidato presidencial. López Obrador ha alabado en múltiples ocasiones su carácter democrático y popular porque, en sus palabras, “el pueblo pone y el pueblo quita”.

Si el Congreso aprueba la revocación, debe eliminar antes la opción de que el presunto afectado pueda solicitar la consulta de su propia revocación. Es un riesgo muy grande. Durante los últimos 30 años, el país ha hecho sucesivas reformas electorales para contener la injerencia indebida del gobierno en los procesos electorales. El mismo López Obrador acusó a Vicente Fox y a Felipe Calderón de entrometerse en las dos primeras campañas en las que él fue contendiente. Si en 2021 hay una consulta detonada por el mismo López Obrador y/o por Morena, lo veremos haciendo campaña en todo el país, no sólo para defender su causa, sino para apoyar a los candidatos de Morena a la Cámara de Diputados y a las 15 gubernaturas que se compiten ese año.

 

* Luis Carlos Ugalde es director general de Integralia Consultores. Conferencista y profesor universitario. Consejero presidente del IFE en 2003-2007.

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