Crónicas de la transformación: la iconoclasia

La denuncia del despilfarro frívolo de administraciones anteriores sólo queda como un ejercicio propagandístico si no se acompaña de acciones concretas para erradicar las condiciones del despilfarro, y sancionar los actos que se cometen para ello.

Por: Armando Luna Franco (@drats89)

La apertura de la Residencia Oficial de Los Pinos el primero de diciembre, y la puesta en venta del avión presidencial, representan dos símbolos de un proceso mediático fundamental del nuevo gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador: una ruptura con la “frivolidad” que denunció de los gobiernos precedentes, y con quienes fue abiertamente antagónico.

Recuerdo una breve entrevista, hecha a un guía contratado para la apertura de Los Pinos, donde dijo que no podían ofrecer un tour de la residencia sin guion, pues el trabajo curatorial no se ha realizado. También es importante destacar la manera en que se presentó a la ciudadanía el interior de la Residencia (y que destacó en las transmisiones y fotografías): una gran cantidad de la casa vacía, habitaciones cuya única cualidad es formar parte de una residencia presidencial, la ya famosa sala de cine, y la oficina del presidente con los muebles y aditamentos.

¿Qué mensaje transmite esto? Puesto en el contexto de su apertura, y como han destacado distintas notas, era una muestra de la opulencia que se destilaba al interior de Los Pinos; las habitaciones vacías fueron un mensaje potente de denuncia. Independientemente de preguntarse por qué estaban vacías, la primera idea era la asociación del vacío con el saqueo: ya que el presidente entrante no ocuparía la casa, bien valía despojarla. “Se llevaron todo” como una forma no velada de denuncia, pero dejar dos espacios —a primera vista intrascendentes— como la oficina presidencial y la sala de cine, como muestra del tiempo que ya no será.

La toma de Los Pinos por la ciudadanía, el acceso libre, y los actos propiamente populares (como el caso de la quinceañera que acudió a fotografiarse), sirven para resignificar un espacio asociado con los excesos del poder. La puerta que significó por 80 años el límite material del poder político, estaba abierta. ¿Esto significa que se abran las puertas del poder político a la ciudadanía? No necesariamente, pero es un mensaje claro de ruptura. Es importante que dicho mensaje no se quede sólo en el simbolismo, sino que lo acompañe un programa concreto donde esas puertas sí se abran para fortalecer a una ciudadanía que se apropie de los espacios públicos.

Por otro lado, está el avión presidencial. Una de las promesas más populares de campaña de López Obrador se cumple: poner en venta el avión presidencial y dedicarse a realizar sus viajes oficiales mediante vuelos comerciales (como ya lo hizo en su primera visita como presidente a Veracruz). El día lunes partió hacia San Bernardino, California, donde se realizará la propuesta de venta. Denise Maerker, en su noticiero, transmitió un reportaje donde especificaban una cualidad que haría difícil su venta: que antes de ser el avión presidencial fue un avión de prueba para Boeing.

Como en el caso de Los Pinos, se dieron a conocer fotografías del interior del avión, así como los detalles de los pagos que se hicieron al respecto, como una forma de denunciar el despilfarro de las administraciones anteriores. El alto costo de las adecuaciones, así como el sobregasto en materia de equipo de mantenimiento sirven como recordatorio de la opulencia y el malgasto de los recursos públicos que se han señalado (correctamente) de dichos gobiernos. No sabemos aún cuál será el destino del avión presidencial, ni cuál será el beneficio concreto de su venta y el uso de la aviación comercial, pero sabemos bien, gracias al ejercicio mediático del nuevo gobierno federal, que el avión presidencial no es de utilidad pública.

Acompañando la venta está el primer viaje oficial realizado en aviación comercial por Andrés Manuel López Obrador. Hecho como una muestra de cercanía, se presenta un escenario de arraigo popular, de austeridad republicana. Se ve a un presidente que dialoga y que entra en contacto con la ciudadanía, contrario a la pompa y protocolo de los vuelos oficiales hechos en un avión oficial. A la vera de una estrategia clara, en el futuro inmediato se presenta como la manera en que operará la administración actual.

Dos críticas merecen estas acciones. Tanto Los Pinos como el avión presidencial tenían funciones administrativas y estratégicas para el poder ejecutivo: la primera no era sólo residencia, también eran oficinas donde el equipo de trabajo del Presidente realizaba sus labores diarias, concentrando en un lugar los recursos institucionales para un ejercicio del poder eficiente. El segundo, por su parte, era una extensión de la primera: además de la cuestión logística de concentrar en la nave la transportación del equipo de trabajo, y de los equipos de medios que acompañan al presidente, estaba equipado para mantener el ritmo de trabajo que se daba en las oficinas.

Es entendible, bajo una perspectiva mediática, explotar estos actos como medidas de austeridad, mas no significa que sus resultados apoyen la medida tomada. Trasladar las oficinas de presidencia al Palacio Nacional significa trasladar los costos de un espacio a otro: adecuar una instalación ya preparada para otras funciones, que tendrá que cohabitar ahora con un uso nuevo. La residencia del presidente trasladará la logística y seguridad necesarias a un espacio habitacional que verá trastocada de manera permanente su vida cotidiana, en perjuicio de vecinos.

La logística de viaje también se ve afectada. Lo que antes concentraba una aeronave, ahora se verá dispersado en más unidades y costos. La insistencia en el uso de la aviación comercial se tornará insostenible para una práctica responsable de transportación del presidente, y que también alterará las dinámicas de viaje para las y los usuarios de la aviación nacional e internacional. Desde esta perspectiva, las acciones de ruptura del nuevo gobierno con los anteriores plantean más preguntas que respuestas sobre la viabilidad de su austeridad republicana. Y esto me lleva a otra dimensión que es igualmente importante.

La iconoclasia del nuevo gobierno —rechazar la tradición heredada y destruir sus símbolos— resulta incompleta, coja, si no va acompañada de un fortalecimiento institucional que asiente las bases de un régimen austero, que enfoque su gasto público en un ejercicio responsable del presupuesto en favor del bienestar social. La denuncia del despilfarro frívolo de administraciones anteriores sólo queda como un ejercicio propagandístico si no se acompaña de acciones concretas para erradicar las condiciones del despilfarro, y sancionar los actos que se cometen para ello.

Esto significa hacer investigaciones minuciosas y sustanciales sobre los gastos cometidos. En el caso de Los Pinos, es investigar y rastrear cada peso invertido para que Los Pinos y el avión presidencial se convirtieran en símbolos de gobiernos despilfarradores, sancionar a los funcionarios e instancias involucradas, sentar un precedente que sirva de fundamento para una nueva política gubernamental de rendición de cuentas, de un gasto responsable, y una austeridad republicana que, mediante la sanción y la investigación, erradique de la vida pública los excesos cometidos al amparo institucional.

Hay que insistir en esto, ante las declaraciones del presidente de no perseguir y sancionar los actos de corrupción cometidos previamente. Una transformación de la vida pública que se haga omitiendo e ignorando los errores y excesos cometidos previamente, será una transformación endeble que no ofrecerá una garantía a la ciudadanía de que el nuevo statu quo realmente rompe con el anterior. Nos toca como ciudadanía exigir la sanción y la rendición de cuentas que abra las puertas del poder político, y que nos haga partícipes de él.

 

* Armando Luna Franco es Politólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, especializado en filosofía y teoría politica, y sistemas electorales. Sus principales intereses son la participación política y construcción de comunidad republicana.

 

 

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