Me canso ganso y el neoliberalismo

Durante las administraciones de Luis Echeverría y de José López Portillo, cuando la política era un gobierno actuando como motor de la economía, fue una de las épocas más complejas y con más corrupción en este país. Y pareciera que eso está por volver.

Por: Efraín Gala

En esta semana he leído varios comentarios de personas que están a favor del cambio que ha prometido Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena. Realmente están esperanzados en que nuestro país cambie para bien. La verdad es que todos deberíamos esperar los mismo; sin embargo, lo veo muy difícil por el discurso de López Obrador en su toma de posesión. Tal vez lo único que puedo rescatar de ese largo y tedioso discurso es el regaño que se llevó Enrique Peña Nieto durante buena parte del tiempo; aunque me hubiera gustado mucho más, que el primer acto de López Obrador hubiera sido que antes de terminar su discurso hubiera ordenado la captura de Peña y ponerlo a disposición del poder Judicial, para ser investigado por corrupción, enriquecimiento ilícito, traición a la patria, más todo lo que se pudiera comprobar con las investigaciones. El pueblo entero lo hubiera aplaudido, hasta su servidor se hubiera “reventado” las manos de tanto aplaudir.

Pero su discurso se centró en descalificar al neoliberalismo, sin saber lo que es y lo que busca esta teoría económica y política. Simplemente la calificó de ser fuente de corrupción, cuando la verdad es que la fuente de la corrupción somos los seres humanos, no el neoliberalismo. Lo que busca el neoliberalismo, como muchas de las diferentes teorías económicas y políticas, es mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes de un país, donde el papel del gobierno sea más regulador que promotor. Que el gobierno cumpla con sus dos funciones principales que son el estado de derecho y el combate a la pobreza, mientras la producción y comercialización de la mayoría de los bienes y servicios sea el mercado. Los que nos decimos neoliberales no pensamos que todo lo pueda resolver el mercado; muchos mercados tienen fallas, pero es justo ahí donde entra el papel regulador del gobierno, evitando prácticas monopólicas u oligopólicas, tratando de corregir las externalidades negativas que existen en algunos mercados y fomentando la competencia, entre otras cosas.

López Obrador mencionó que la política neoliberal se había implantado a partir de la administración de Miguel de la Madrid. Sin embargo, se olvidó que durante las administraciones de Luis Echeverría y de José López Portillo, cuando la política era un gobierno actuando como motor de la economía, fue una de las épocas más complejas y con más corrupción en este país. Aumento de la inflación y devaluaciones provocados por el mismo gobierno, cuando populistamente trataba de que los salarios crecieran más que la inflación, gastando más de los que recaudaba, creando cientos de empresas paraestatales (para generar empleo), la mayoría de las cuales debía recibir subsidios para poder operar. También la deuda se incrementó significativamente, por un lado el descubrimiento de nuevos yacimientos petroleros y por otro una banca internacional que le interesaba colocar crédito, sin importarle la rentabilidad social de los proyectos que haría el gobierno mexicano con ese dinero. Todo eso nos llevó a que en 1982 el crecimiento de la economía fuera de -0.6 por ciento en términos reales. Desde mi punto de vista, estos años son en los que en México se ha observado mayor corrupción. Pero justamente fueron los años en los que se tenía una política económica que no era neoliberalismo y puedo asegurar sin temor a equivocarme que el neoliberalismo nunca ha sido una política económica que se haya implantado en el país, justo porque los políticos no han querido dejar ese papel protagónico del gobierno. Sin embargo, en términos de corrupción, no se puede dejar de mencionar el sexenio de Peña Nieto, en el cual el “capitalismo de cuates” fue el sello de su política económica.

López Obrador dijo en su discurso que los salarios aumentarán más que la inflación, que regalará dinero a personas de la tercera edad, a “ninis”, a personas con discapacidad. Que el gobierno hará obras faraónicas como el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas, el Tren de Tehuantepec y muchos otros proyectos más. Proyectos que no tienen estudio de análisis costo–beneficio y que, de acuerdo con mi experiencia, no hay manera de que sean rentables. Pero según sus propias palabras, esos proyectos se harán “me canso ganso”. Nuevamente, el gobierno como motor de la economía, nuevamente el cuento de la autosuficiencia no sólo en alimentos, sino también en gasolina. Lo único que puedo decir es que parece que volveremos a la época de Luis Echeverría y José López Portillo, que los mexicanos o muchos mexicanos no aprendemos de la historia. De verdad siento mucho no poder compartir la esperanza y optimismo de las personas que creen en López Obrador, pero no puedo. En sus promesas, en sus proyectos y en sus políticas públicas veo un horizonte muy negro, por el que ya pasamos. Ojalá estuviera equivocado.

 

* Efraín Gala es director del Centro de Evaluación de Proyectos del ITAM.

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