Islas y mares: el México por explorar

Las islas y mares mexicanos contienen recursos naturales renovables y no renovables que son de gran importancia para el país, ya sea para su conservación o para su aprovechamiento sustentable. Es primordial contar con una Marina Nacional que vigile el vasto territorio marino y que tenga mayor presupuesto, tecnología y personal para proteger ese patrimonio de los mexicanos.

Por: Juan Esteban Martínez Gómez

 

“El pabellón mexicano flotará sobre los mares y cubrirá nuestras costas”

Guadalupe Victoria 1824.

Con poco más de 3 millones de km2, la superficie marina del país rebasa a los casi 2 millones de km2 de su superficie terrestre. Son las islas las que permiten que nuestro país sea más extenso en el mar. Las islas incrementan la Zona Económica Exclusiva del país; en particular, las islas Revillagigedo son las que aumentan más la superficie en el Océano Pacífico. Porciones de patria de un México distante que le otorgan al país recursos naturales de uso exclusivo.

Los pueblos originarios de México vieron en las islas lugares especiales, sagrados, donde erigieron observatorios y centros ceremoniales. Los mayas han dejado un rico legado arqueológico en las islas que bordean la península de Yucatán como Cozumel, Isla Mujeres, Holbox, Isla Piedras y Jaina. En el Golfo de México, la Isla de Sacrificios fue depositaria de una muestra especial de la cerámica Totonaca.

En las islas del Golfo de California se pueden rastrear los primeros pasos del hombre en el continente gracias a los vestigios arqueológicos que los Pericú dejaron en las islas Cerralvo, Espíritu Santo y San José. Los Seris viven aún en la isla Tiburón donde se puede apreciar un patrimonio cultural de cientos de años. En el Pacífico, las islas Cedros y Natividad albergan vestigios arqueológicos de los Cochimí. Además de las islas marinas, en las aguas interiores del país hay varias islas que albergan un gran legado histórico y cultural.

En el siglo XVI, los españoles exploraron el Mar Caribe y el Golfo de México. Muchas islas habitadas, inhabitadas e inexistentes fueron añadidas al islario español y cartas de navegación. Al parecer el primer contacto entre americanos y europeos tuvo lugar en Cozumel. Con sus navíos, los españoles pudieron incluir en los mapas a los arrecifes de Alacranes, islas triángulo, cayo Arenas, entre otras. La Isla Bermeja y los bajos de Negrillos, fantasmas en medio del mar, aparecen en las cartas náuticas desde mediados del siglo XVI.

De esa época provienen relatos de naufragios e infortunios, como el de Alonso de Zuazo y otros, cuyo barco se impactó y hundió en los arrecifes de Alacranes. En medio del mar, recorrieron los bajos para encontrar algo de tierra. Sobrevivieron alimentándose de pájaros bobos y bebiendo sangre de tortugas. El sol candente poco a poco reclamó la vida de los más desafortunados. Los pocos que sobrevivieron fueron rescatados por otro barco. Una muestra de lo difícil que era la vida de los marinos de esa época y un recordatorio para valorar el enorme Patrimonio Cultural Subacuático que yace en el fondo de los mares mexicanos.

Hernán Cortés, interesado en la exploración del Océano Pacífico, entonces conocido como Mar del Sur, envío a sus exploradores al occidente. Les ordenó que al ver el mar lo reclamasen en nombre del Rey de España. En pocos años estableció astilleros y puertos desde el Golfo de Tehuantepec hasta Manzanillo. En 1527, la expedición de Álvaro de Saavedra Cerón partió de Zihuatanejo para rescatar a los náufragos del Capitán Loaisa en las Molucas. Juan Sebastián Elcano, uno de los náufragos, falleció en esta expedición; el joven Andrés de Urdaneta era otro.

Las islas Marías serían descubiertas por el capitán Diego Hurtado de Mendoza en 1532. En 1533, Grijalva y Becerra realizarían otra expedición. Grijalva descubriría las islas Santo Tomás (Socorro) e Inocentes (San Benedicto) en el archipiélago de Revillagigedo. Becerra moriría en manos de unos amotinados que al cambiar la derrota de su barco descubrirían la bahía de La Paz en lo que les pareció una isla gigantesca. En 1539, Francisco de Ulloa recorrería todo el Mar de Cortés o Golfo de California confirmando que no era una isla sino una península. Descubriría muchas de las islas que alberga este mar. Una vez en el Pacífico desaparecería con sus hombres cerca de la isla Cedros.  Sebastián Vizcaino en 1602 exploró la costa de California y descubriría la isla Guadalupe. Otros exploradores llegarían desde las costas de Alta California hasta Alaska.

Hernando de Grijalva volvería a internarse en el Pacífico en 1537, en el viaje más extenso sin avituallarse y sin tocar tierra de esos tiempos. Como otros, no pudo encontrar la forma para retornar a Nueva España y fue asesinado por su tripulación. Ruy López de Villalobos descubriría Isla Clarión, la más occidental del Archipiélago de Revillagigedo en 1542, y culminaría su expedición bautizando a las islas Filipinas al año siguiente. Le correspondería a Andrés de Urdaneta, aquel joven rescatado por Saavedra, encontrar la ruta del tornaviaje, retornando a Acapulco el año de 1565. Esa ruta sería usada por muchos años por la “Nao de China” hasta la separación de México y España.

En 1825, la independencia plena de México tuvo como testigo a las islas de Veracruz. El Capitán Pedro Sainz de Baranda comandó la primera escuadra naval nacional que impidió el abastecimiento de la guarnición española de San Juan de Ulúa, logrando con ello la capitulación del último bastión español. Aunque la constitución de 1824 reclamaba como parte de su territorio a las islas adyacentes al territorio continental, el país carecía de una marina nacional capaz de realizar actos de soberanía en ellas. No existiendo una presencia continua, las islas más alejadas se convertirían en blanco de la ambición de otras naciones. Las guerras intestinas y la inestabilidad política del país postergaron la creación de una marina capaz de vigilar el territorio insular mexicano.

Fue el presidente Porfirio Díaz quien fortaleció a la Marina Nacional. Al recibir noticias de que otras naciones pretendían adueñarse de porciones del territorio insular envío buques para contener esas acciones y refrendar la soberanía mexicana en esas islas. El presidente Díaz enfrentó por la vía legal dos reclamos de naciones extranjeras sobre islas que se consideraban mexicanas.

El caso más famoso es el del litigio por la isla de La Pasión, Médanos o Clipperton. Francia reclamaba soberanía de la isla basándose en un acto de soberanía realizado a su nombre a mediados del siglo XIX. El presidente Díaz aceptó dirimir el caso por medio del laudo arbitral del rey Víctor Emmanuel de Italia. México argumentó que España le había cedido la soberanía de esa isla al consumarse la independencia. Para demostrarlo, presentó lo que se consideró evidencia de que España la había poseído. El gran cartógrafo mexicano Antonio García Cubas reconstruyó las travesías de varias expediciones que reportaban a la isla para apuntalar la argumentación mexicana.

Sin embargo, Víctor Emmanuel encontró que la soberanía española no podía comprobarse y observó que no existía ningún acto de soberanía por parte de México previo a las acciones ordenadas por el presidente Díaz. Así, la gesta del Capitán Arnaud y sus hombres, que mantuvieron la guarnición de Clipperton hasta su último aliento, parecía inútil. El fallo resultó favorable para Francia y México tuvo que modificar su constitución para borrar a la isla Clipperton como parte de su territorio.

A pesar de este hecho desafortunado, las islas y mares mexicanos contienen recursos naturales renovables y no renovables que son de gran importancia para el país, ya sea para su conservación o para su aprovechamiento sustentable. Es primordial que México cuente con una Marina Nacional que pueda vigilar el vasto territorio marino. Es necesario dotar a la Secretaría de Marina con mayor presupuesto, tecnología y personal para que pueda cumplir con la misión fundamental de proteger ese patrimonio de los mexicanos.

Es ahora que las antiguas naves de exploración deben convertirse en modernas plataformas para la generación de conocimiento. Se requiere de la modernización de la flota de buques oceanográficos de diversas instituciones nacionales para conocer mejor nuestros mares y explorar regiones desconocidas. En particular, se debe equipar a nuestros buques oceanográficos para que puedan explorar el océano profundo que aún contiene grandes secretos y formas de vida que aguardan a ser descubiertas. Todo esto sin soslayar la investigación científica en las islas, espacios de tierra colmados de especies endémicas y únicas, verdaderos tesoros de biodiversidad.

 

* Juan Esteban Martínez Gómez es investigador del Instituto de Ecología del CONACYT. (INECOL – CONACYT).

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