El papel de México ante el éxodo centroamericano

La crisis migratoria de centroamericanos no se detendrá con muros ni tampoco con promesas. Tenemos que cambiar nuestra mentalidad doméstica acerca de lo que les sucede a nuestros vecinos, pues también nos afecta a todos en la región y es un desafío para los gobiernos implicados que deberían actuar regionalmente.

Por: Elio Villaseñor

La migración ha acompañado a la humanidad desde su origen y su aumento ha sido constante, aunque la razón por la que las personas migran ha ido variando al paso del tiempo. En los últimos años, se han visto en diversas partes del mundo éxodos de migrantes que inician con grupos pequeños, después con varios cientos y, conforme avanzan hacia un destino ya definido, se suman otras hasta sumar miles. Así ha ocurrido con las caravanas de migrantes de Centroamérica, que salieron de los países del denominado Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), en un intento por llegar a Estados Unidos para solicitar asilo. Su desplazamiento forzado y masivo ha hecho visible la razón y los problemas por los cuales abandonaron su país de origen, como son los altos índices de violencia, represión y corrupción.

En los últimos meses de 2018, México fue testigo de la travesía de muchos migrantes centroamericanos en cinco caravanas. En diversos puntos de México, sus integrantes fueron recibidos por una cadena humanitaria en albergues, en donde se les ofreció un espacio para acampar y, en algunos casos, los residentes les abrieron sus casas.

En esta cadena, personas voluntarias se sumaron para apoyar en las colectas, ofreciendo también servicios sociales y médicos. En esta tarea participaron de manera destacada organizaciones civiles proinmigrantes como Hermanos en el Camino (Oaxaca), Casa del Migrante de Nuestra Señora de Guadalupe, Casa del Migrante en Tijuana A.C., Centro Binacional de Derechos Humanos (CBDH), Centro de Apoyo al Trabajador Migrante (CATM-BC), Albergue Misión México Dando Amor, Vida y Esperanza (Chiapas), Casa del Migrante en Tapachula, Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova (CDHFMC-Chiapas), Sin Fronteras IAP (CDMX), entre otras.

A la atención de los migrantes se sumaron también instituciones como la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCDMX), la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Chihuahua y de Baja California, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) y la Cruz Roja.

Igualmente, la Secretaría de Gobernación (SEGOB) por medio del Instituto Nacional de Migración (INM), la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y las Secretarías del Trabajo Federal y Local de Tijuana.

Durante su travesía, los migrantes fueron apoyados por las autoridades y sociedad civil de los municipios de Tapachula, Huixtla, Mapastepec, Suchiate, Arriaga, Pijijiapan y Ciudad Hidalgo, en Chiapas; San Pedro Tepanatepec, Santiago Niltepec y Juchitán de Zaragoza, Matías Romero en Oaxaca; Sayula de Alemán, Acayucan, Isla y Córdova en Veracruz; Puebla de Zaragoza, en Puebla; alcaldías de Iztacalco y Venustiano Carranza en la CDMX; Santiago de Querétaro, Tepeji del Río y San Juan del Río en Querétaro; Irapuato, Guanajuato; Guadalajara y Zapopan en Jalisco; Ixtlán del Río en Nayarit; Escuinapa en Sinaloa; Navojoa en Sonora; Ciudad Juárez y El Paso en Chihuahua; Tijuana y Mexicali en Baja California.

Desde el Estadio Corregidora (Santiago de Querétaro) grupos más pequeños de migrantes decidieron transitar por San Luis Potosí, Nuevo León, Coahuila o Tamaulipas para acercarse a la frontera por Nuevo Laredo.

Este ejemplo humanitario es la otra cara de quienes ven a los migrantes como criminales, argumento que esgrimen para abusar o violar sus derechos humanos. La acción solidaria de la sociedad civil en apoyo a los migrantes sirvió para que recibieran un trato digno y humano, con lo cual se subrayó su condición de personas que han salido de sus países por diversas razones, principalmente por la violencia y la pobreza en que vivían.

Las diferentes manifestaciones de apoyo humanitario registradas por los medios de comunicación y las redes sociales permitieron que se diera prioridad a los migrantes como individuos con igualdad de derechos y no como un simple dato estadístico. Además, se enfatizó en su situación particular como personas que traen una enorme carga de dolor, porque han vivido en carne propia y en la de sus familias, verdaderas tragedias humanas.

Ante esa realidad, generalmente, los gobiernos ofrecen una aparente solución a los migrantes, haciendo declaraciones de muchos proyectos y de acciones de apoyo legal, económico y social que, en la mayoría de los casos, sirve solo para plasmar su imagen en las fotos y decorar su escritorio.

Sin embargo, las caravanas de migrantes son una manifestación de la crisis humanitaria que estamos viviendo en la región, la cual exige no solo voluntad sino acciones concretas de emergencia social y la creación de las condiciones para que las comunidades de origen tengan alternativas de bienestar y el respeto a sus derechos.

No basta con instrumentar políticas migratorias que se limitan a contar el número de personas que cruzan México para llegar a Estados Unidos. Las autoridades migratorias de México afirman que cada año cerca de 500 mil personas atraviesan el territorio nacional con esa meta. La mayor parte de estas personas proviene de los países del Triángulo Norte; huyen de la violencia y buscan mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. Datos divulgados en noviembre pasado por la Secretaría de Gobernación revelan que, desde el 19 de octubre, cerca de 11 mil migrantes centroamericanos han sido deportados y devueltos a sus países de origen por el Instituto Nacional de Migración.

La crisis migratoria de centroamericanos no se detendrá con muros ni tampoco con promesas. Tenemos que cambiar nuestra mentalidad doméstica acerca de lo que les sucede a nuestros vecinos, pues también nos afecta a todos en la región y es un desafío para los gobiernos implicados que deberían actuar regionalmente. Además, debemos reconocer que necesitamos la contribución de los migrantes para mejorar nuestra economía y fortalecer el tejido social, un aspecto que generalmente se omite en situaciones como la actual.

Nuestro país no es solo un territorio de paso de migrantes y deportados, sino que se está convirtiendo en una nación de destino, como puede constatarse con el dato de los 3 mil migrantes que aceptaron el ofrecimiento de México para quedarse aquí. Según la COMAR, las solicitudes de refugio de extranjeros a México aumentaron un 1,026% en cuatro años, al pasar de mil 296 en 2013 a 14 mil 596 en 2017 con Honduras a la cabeza de la lista de solicitantes.

Por otro lado, hasta agosto de 2018, se habían registrado 14.544 solicitudes de refugio en ese año, de las cuales 12.442 estaban pendientes del resolutivo, en tanto que solo a 796 se les otorgó refugio, a 495 la protección complementaria, a 286 les emitió una respuesta negativa, a 485 se les clasificó como “abandono” y a 28, “desistido”.

Ojalá las caravanas y su trascendencia hagan ver al gobierno federal que la política de la contención y rechazo de los migrantes está agotada o, en todo caso, está rebasada. Es un hecho que en situaciones de crisis como la reflejada en las caravanas, las decisiones unilaterales suelen ser insuficientes, ineficaces e injustas, de ahí la necesidad y urgencia de fortalecer las relaciones multilaterales, a fin de encontrar salidas a la grave situación que enfrenta la región.

No cabe duda que las caravanas van a continuar y, en ese sentido, también debe mantenerse el espíritu de las redes humanitarias. Al mismo tiempo, deben impulsarse las políticas públicas de protección de los derechos humanos de nuestros hermanos centroamericanos y ese objetivo debe orientar todos los esfuerzos en el corto, mediano y largo plazo.

El desarrollo de los acontecimientos y las reflexiones y experiencias recogidas en la edición de enero de la revista Brújula Ciudadana nos enfrentan a los siguientes dilemas: 1) ¿Cuál será la posición del gobierno de Andrés Manuel López Obrador ante las presiones y los chantajes de Trump? 2) ¿Cómo podemos ir creando un nuevo clima de colaboración entre el gobierno federal y la sociedad civil para atender las necesidades de la población desplazada de América Central? y 3) ¿Qué ruta podemos ir abriendo para la construcción de las políticas públicas que le permitan a México responder como país de destino?

 

* Elio Villaseñor es director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo A. C.

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