Adiós al bipartidismo en El Salvador

En caso de obtener la victoria, Bukele rompería con casi tres décadas de bipartidismo en un país marcado por escándalos de corrupción, un alto rechazo hacia los partidos tradicionales y una histórica tasa de desaprobación del actual presidente.

Por: Enrique López Alonso (@lopezalonso88)

El próximo domingo 3 de febrero los salvadoreños acudirán a las urnas para elegir un nuevo presidente. Las encuestas muestran una clara ventaja del exalcalde de San Salvador, Nayib Bukele, un empresario de 37 años que a pesar de tener en contra a las instituciones del Estado y los medios tradicionales se convirtió en la figura más popular del país gracias a las “benditas redes sociales”. En caso de obtener la victoria, Bukele rompería con casi tres décadas de bipartidismo en un país marcado por escándalos de corrupción, un alto rechazo hacia los partidos tradicionales y una histórica tasa de desaprobación del actual presidente.

Desde 1992, cuando se firmaron los Tratados de Paz de Chapultepec que dieron fin a la cruenta guerra civil, dos partidos se han alternado el poder. Por un lado, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), formado por exguerrilleros de ideología de izquierda y que ha gobernado el país la última década. Por el otro, Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), partido de derecha fundado por Roberto d’Aubuisson, autor intelectual del asesinato del primer santo salvadoreño, monseñor Óscar Arnulfo Romero, durante los primeros años de la guerra[1].

Ambos partidos, distintos en ideología pero muy similares a la hora de gobernar, se han caracterizado por escándalos de corrupción, como lo indica la fortuna de los tres últimos expresidentes—dos de ARENA y uno del FMLN—. Francisco Flores (1999-2004) falleció cuando se encontraba en arresto domiciliario imputado por peculado, Antonio Elías Saca (2004-2009) está en la cárcel purgando una condena por lavado de dinero y Mauricio Funes (2009-2014) se exilió en Nicaragua para evitar un juicio por enriquecimiento ilícito. En tanto, el presidente en funciones Sánchez Cerén ha sido acusado de contar con una millonaria partida secreta[2]. Bajo este panorama, no resulta sorprendente que más de la mitad de la gente repruebe la gestión del actual mandatario y el 71.5% piense que el país va por el rumbo incorrecto[3].

El espejismo de las elecciones intermedias

En marzo pasado se celebraron elecciones para renovar la Asamblea Legislativa y las 262 alcaldías. Con un FMLN en su peor momento, ARENA obtuvo una amplia victoria con más de 30 puntos de ventaja sobre su histórico rival. Sin embargo, al igual que en México los escaños se reparten tomando en cuenta únicamente los votos válidos, ocultando a los verdaderos triunfadores de la elección: el abstencionismo y el voto nulo, una advertencia que los partidos tradicionales no vieron o no quisieron ver.

Aunque recuperó la mayoría en la Asamblea, ARENA obtuvo a nivel nacional 62 mil votos menos que en 2015, pero el FMLN perdió más de 350 mil, es decir, ambos perdieron apoyo, pero el descenso del Frente fue más abrupto. En el caso de la elección para alcalde de San Salvador, la participación se redujo siete puntos y el voto nulo pasó de 0.99% a un sorprendente 10% comparado con 2015. De hecho, ARENA ganó la capital con más de treinta puntos de ventaja en 2018 obteniendo el mismo número de votos con los que perdió tres años atrás, pero para el partido de derecha resultó más cómodo celebrar una “victoria contundente” que darse cuenta del evidente rechazo hacia las viejas formas de hacer política.

Una carrera meteórica hacia la presidencia 

Después de una exitosa gestión en Nuevo Cuscatlán, un pequeño municipio de 7 mil habitantes, Nayib Bukele sorpresivamente venció al candidato de ARENA en la elección para alcalde de San Salvador de 2015. Durante su gobierno, construyó una estructura digital que catapultó su imagen no sólo en la capital, sino en todo el país. Pero el cambio no se limitó a transformaciones estéticas. Desde el inicio de su gestión, Bukele renunció a su sueldo para otorgar becas, implementó una política de austeridad y creó el programa “Una obra por día”, que incluyó el rescate del Centro Histórico. Al término de su mandato, registró una tasa de aprobación histórica del 84%[4].

Bukele no es un político común. Primero, aunque compitió y ganó dos elecciones bajo los colores del FMLN, mantuvo una postura crítica hacia el partido, del que finalmente fue expulsado en 2017, ganando credibilidad ante la opinión pública. Segundo, se viste, comporta y habla como el salvadoreño promedio, por ello es común verlo de jeans y gorra, utilizando expresiones coloquiales o preguntando a sus seguidores si Darth Vader es más poderoso que Thanos. Por este tipo de acciones, sus detractores lo acusan de banalizar la política, cuando lo que realmente hace es demostrar que detrás del atril hay una persona de carne y hueso.

Tercero, enfrenta un cerco mediático por parte de la prensa escrita. En los últimos cuatro meses, los portales de los dos diarios con mayor circulación han publicado 37 notas relacionadas con Bukele, todas ellas negativas, mientras que las 198 de los candidatos de los partidos tradicionales fueron positivas[5]. Cuarto, utilizó los exitosamente periódicos digitales y las redes sociales para comunicar su mensaje de una forma innovadora. Sus transmisiones en Facebook Live superan el millón de reproducciones y en Twitter tiene 428 mil seguidores más que los demás candidatos juntos.

En octubre de 2017 anunció su intención de competir en la elección presidencial. Fuera del FMLN, Bukele tenía dos opciones: afiliarse a un partido o crear uno nuevo. Fiel a su narrativa, optó por la segunda, pero el Tribunal Supremo Electoral rechazó el registro de “Nuevas Ideas” como partido político pese a que cumplía con los requisitos de ley. Entonces decidió postularse por el partido Cambio Democrático, al cual el mismo Tribunal le quitó el registro semanas después[6]. Literalmente de último minuto, llegó a un acuerdo con GANA (Gran Alianza por la Unidad Nacional), una escisión de la derecha, logrando la tan ansiada candidatura.

Por su parte, ARENA eligió a su candidato presidencial a través del voto de la militancia. El ganador del proceso fue Carlos Calleja, hijo de uno de los empresarios más acaudalados del país, quien a pesar de su juventud y de no tener pasado político fue incapaz de desligarse del estigma de corrupción que pesa sobre el partido. Mientras tanto, el FMLN postuló a Hugo Martínez, quien fungió como ministro de Relaciones Exteriores de la actual administración, por lo que su imagen está ligada a las promesas incumplidas de mitigar la violencia, el desempleo y la corrupción.

Las encuestas confirman lo que anticipaban las elecciones de marzo. Aunque tiene a los medios tradicionales en contra, el exalcalde capitalino no sólo es el puntero de la elección, sino que su tendencia es positiva y todo parece indicar que logrará el triunfo en primera vuelta. Incluso la encuesta de La Prensa Gráfica, medio con una línea editorial contraria a Bukele, lo coloca en primer lugar con números similares al resto de mediciones.

¿No hay marcha atrás?

La estrategia política y de comunicación de Bukele deja lecciones importantes para futuras campañas. El candidato puntero, el que incrementó su de por sí amplia ventaja, fue también el que realizó menos mítines y menos recorridos en calle, recibió la mayor cantidad de críticas en la prensa, no acudió a los debates y produjo los spots más austeros.

Cuando la realidad cambia, cambia también la manera en que los candidatos se comunican con los electores. El efecto tequila alcanza ya a Centroamérica. No es coincidencia, pues, que Bukele haya retomado el slogan “Hagamos historia” de López Obrador. Ambos se dieron cuenta del creciente hartazgo social, construyeron un exitoso discurso antiestablishment y se adueñaron de la narrativa de cambio. Los dos fueron acusados de populistas y de tener vínculos con Venezuela, pero los ataques los fortalecieron e incluso vieron incrementada la cómoda ventaja con la que contaban al inicio de las campañas.

No obstante, aún nada está escrito en El Salvador. ARENA y el FMLN apuestan por una movilización masiva el día de la elección, aunque su fuerza territorial no es la de antaño—como quedó demostrado en marzo pasado— y en la intimidad de la mampara la gente vota libremente. El verdadero peligro radica en la debilidad de las instituciones, específicamente del Tribunal Supremo Electoral, organismo encargado de planear la elección, contar los votos y proclamar al ganador.

Abraham Lincoln decía que ningún hombre es lo suficientemente bueno para gobernar a otro sin su consentimiento. La tarea del Tribunal será precisamente garantizar que quien gobierne los próximos cinco años sea la misma persona que recibió la mayor cantidad de votos. Lo que está en riesgo no es el proyecto de Bukele, los intereses de ARENA o el FMLN, sino la democracia salvadoreña.

Apuntes finales: He tenido la oportunidad de participar en campañas de Centroamérica. Sin embargo, ni la empresa para la que trabajo ni yo formamos parte de la campaña presidencial de El Salvador. Toda la información que sustenta el artículo es pública. Agradezco a Ximena López, Víctor Serrano, Ximo Valls y Luis Oropeza por sus comentarios.

 

* Enrique López Alonso es Maestro en Política y Comunicación por la London School of Economics and Political Science (LSE).

 

 

[1] Esta es una de las conclusiones de la Comisión de la Verdad creada para esclarecer las graves violaciones a los derechos humanos durante la Guerra Civil. El reporte completo está disponible aquí.

[2] Disponible aquí.

[3] Encuesta de La Prensa Gráfica publicada en diciembre de 2018. Disponible aquí.

[4] Encuesta publicada por La Prensa Gráfica en febrero de 2018. Disponible aquí.

[5] Las notas negativas sobre Bukele abordan temas como el presunto plagio de su programa de gobierno, el supuesto fraude del Mercado Cuscatlán y una demanda por malversación de fondos, entre otros. Las búsquedas, con corte al 20 de enero, fueron realizadas en los propios portales de los medios: eldiariodehoy.com y laprensagrafica.com. Se exluyeron editoriales y artículos de opinión.

[6] La sentencia del Tribunal puede consultarse aquí

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