María Fernanda y #UnaSomosTodas

“¿Qué esperaban vestidas así, enseñando lo que enseñan?”. No se equivoque, nadie debe ser agredido verbal ni físicamente por cómo se vista, o se vea, o en lo que trabaje.

Cuando las animadoras de los equipos de la NFL se acercan a los aficionados, varias son víctimas de todo tipo de abusos físicos y o verbales. Algunos equipos no hacen mucho por evitarlo, al contrario. Les piden que sonrían, que no usen palabras fuertes ni ademanes groseros para defenderse, que no lo denuncien, e incluso les enseñan tácticas de bloqueo físico ante el manoseo durante las fotos, o las despiden.

“¿Qué esperaban vestidas así, enseñando lo que enseñan?”. No se equivoque, nadie debe ser agredido verbal ni físicamente por cómo se vista, o se vea, o en lo que trabaje.

María Fernanda Mora, reportera de deportes, realizaba su trabajo cuando fue víctima de acoso por parte de un grupo de aficionados de Chivas. Ese mismo día en redes sociales se hizo viral un video donde otra reportera en Francia pasaba por lo mismo.

Ambas al aire, no había manera de hacer lo que hemos hecho muchas: tragarnos la impotencia, la indignación, la rabia y la injusticia.

 

El tema ha disparado las opiniones de manera radical, empática, solidaria, violenta. No ha faltado quien dice que a los reporteros hombres también los molestan. Por un lado está el comportamiento eufórico, protagónico, irracional del fanático, pero no nos engañemos ni nos desviemos del tema. A las mujeres nos manosean, nos tocan, se nos arriman de manera lasciva porque somos mujeres. ¡Y eso es acoso! No es aventar cerveza, espuma o meterse en medio de la toma; no es saltar y gritar alrededor, o robarte la gorra, ¡es acoso!

¿Por qué no se denuncia? Porque no es fácil hacerlo, porque implica la posibilidad de ser reasignada a otras tareas, criticada, revictimizada, agredida.

“No deberían mandarlas, no deberían estar ahí, mira cómo iba vestida, qué caso tiene ponerlas ahí, no las expongan, no las pongan, no las metan, no, no no”.

La solución, para las miles de mujeres que experimentan lo mismo en el metro y el resto del transporte público, no es dejar de usarlo; en vía publica no es dejar de salir; en centros de trabajo o diversión, no es dejar de ir. La solución está en otro lado, porque el problema está en un lugar claro. La cultura machista. Ese lugar de privilegio que se le dio al hombre, por el hombre, para el hombre, por ser hombre.

Por eso al deporte llegó primero y cumple con el ritual arcaico de probar su “hombría”, cuando en realidad el deporte tiene un sentido lúdico, universal y de valores, aplicables indistintamente a hombres y mujeres.

Como prueba, la narrativa en el deporte asocia a los hombres con la fuerza, virilidad, hazañas, competencia, calidad, análisis, estrategia. El lenguaje hacia las mujeres se relaciona con belleza, edad, estado civil, peso, apariencia, fragilidad, adjetivos diminutivos o “la esposa de, la hija de, la novia de”.

¿Qué se ha hecho con ese privilegio? Tristemente en muchas ocasiones algo indigno, injusto, violento como el acoso.

Pocos están dispuestos a ceder o compartir una posición de privilegio. Adjudicarlo por raza, clase social, religión, preferencia sexual o género, no es ganárselo.

Un privilegio que ofende, minimiza y agrede a los demás no es un beneficio, es un boomerang que regresa y golpea a todos.

Usted, aficionado hombre, ¿cree que acosar es parte de sus derechos y privilegios por el ser hombre? ¿Por estar eufórico, por ser chistoso? ¿Cree que la mujer en el deporte es un “artículo para caballeros”? Y usted que al verlo se ríe, lo minimiza, lo justifica o voltea para otro lado, ¿cree que no es parte del problema?

Hablemos de acoso, registremos su denigrante origen y significado, combatámoslo con una cultura distinta, donde el deporte no se convierta en otra “estación del metro”.

Decídase a ser la urdimbre de un tejido social distinto. Por supuesto que cabe la indignación y rechazo por el acoso. Pero después de pensar en lo violenta que sería su reacción si le pasara a alguna de las mujeres que conforman su vida, urge reflexionar en las veces que contribuye usted a la cultura sexista con chistes, comentarios, frases, estereotipos, retuits, imágenes, posturas, o hasta no compartiendo su posición de privilegio.

Si no sabe -que no sabe- qué es el sexismo, acérquese, infórmese. Y si decide evitarlo, ahí comienza el cambio. Porque en el caso de Fernanda #unasomostodas, pero necesitamos que #unoseaninguno.

 

@Geo_Gonzalez

Close
Comentarios