Tabasco: los escombros de una economía petrolera

Durante años Tabasco y Campeche, los estados petroleros de México, parecían ser una amplia ventana para el desarrollo del país. Sin embargo, dichas expectativas se disolvieron con el tiempo, y la promesa de prosperidad no trajo consigo más que unos cortos años de auge mal aprovechado.

Por: Ana Gutiérrez (@AnaBee92), Valeria Mendiola (@ValeMendiola) y Valeria Moy (@ValeriaMoy)

 

“Diseñaremos y ejecutaremos una política de desarrollo económico integral que impulse los sectores productivos dentro de una estrategia de gran aliento para retomar la senda del progreso sostenido y sustentable”.

Arturo Núñez, 31 de diciembre de 2017

 

El 8 de febrero de 1979, el diario estadounidense New York Times (NYT) escribía desde Villahermosa, Tabasco, sobre el “boom petrolero” de México, haciendo referencia al crecimiento sustancial en la producción. Mientras a inicios de 1970 se extraían apenas 60 mil barriles de petróleo diarios, pocos años después la cifra ascendía a 1,075 millones de barriles. El NYT enfatizaba que los nuevos descubrimientos petroleros generaban “la esperanza de que México tiene un futuro mejor”.

Al unísono, el entonces presidente José López Portillo utilizaba la frase “administrar la abundancia” como uno de los principales lemas de su administración en videos promocionales gubernamentales. Con dicha frase, se comprometía a hacer uso eficiente de los recursos públicos derivados de la actividad petrolera.

Pero el ánimo de la nota publicada por el NYT dio un giro de 180 grados cuatro años después. A pesar de haber sido Villahermosa la ciudad más beneficiada por los nuevos descubrimientos petroleros, con la apertura de tiendas y restaurantes en medio de la prosperidad, la crisis económica los había alcanzado a la vez que las ineficiencias de PEMEX se hacían evidentes. De acuerdo con una nueva nota publicado en el mismo diario, la producción petrolera estaba cayendo en el país y, tras el auge de expectativas e inversiones, Villahermosa se estaba convirtiendo en una ciudad donde la inversión se interrumpía, y construcciones de edificios y autopistas se estaban dejando incompletas.

Las perspectivas no mejoraron con los años. En agosto de 2013, incluso con una nueva administración federal en el poder que prometía una Reforma Energética que hiciera a PEMEX más eficiente, la revista británica The Economist mostraba diversas preocupaciones. El problema de PEMEX, decía, es estructural. Se trataba de un monopolio gubernamental que entre 2007 y 2012 había sufrido pérdidas equivalentes a 360 mil millones de pesos debido a que el negocio de PEMEX refinación perdía una fortuna, a pesar de las ganancias en la producción de petróleo y gas. Uno de los principales obstáculos en la eficiencia de PEMEX era el mito de soberanía nacional en el que estaba envuelto.

Bajo este escenario, no debe sorprender el pobre desempeño económico que ha vivido Tabasco durante la actual administración. En los últimos cinco años ha decrecido a un ritmo de 3.1% promedio cada año. Es el segundo estado con el más bajo crecimiento en el periodo, únicamente después de Campeche. Particularmente el sector minero, que representa más de la mitad de la economía de Tabasco, se contrajo en 4.2% promedio anual, con las mayores caídas observadas en 2017, cuando éste decreció en 14.4% anual.

Por otra parte, la generación de empleo formal ha sido negativa. México, ¿cómo vamos? estima que se deberían general 22 mil 200 empleos formales cada año en Tabasco para darle cabida en el sector formal a la población que se incorpora al mercado laboral. Sin embargo, entre 2013 y 2017 15% de estos empleos desaparecieron. Esto repercutió en la tasa de informalidad laboral, que se ha incrementado en tres puntos porcentuales en lo que va de la administración, al pasar de 56.8% a 59.8% de la población ocupada. Fue el segundo estado con el mayor incremento, únicamente después de Chiapas.

La productividad laboral, medida como el valor de la producción por hora trabajada, también ha sufrido un fuerte decremento. En los últimos cinco años, ésta ha caído en $38 pesos por cada hora trabajada. Por el contrario, la productividad nacional se incrementó en $6 pesos durante el mismo periodo.

En este entorno de falta de dinamismo económico, la proporción de la población que no puede adquirir la canasta alimentaria con el ingreso proveniente del trabajo de su hogar se incrementó en 4.7 puntos porcentuales durante la administración, al pasar de 41.5% a 46.2%. Es el tercer estado con el mayor aumento en pobreza laboral en el país, únicamente después de Morelos y Veracruz.

La decadencia económica de Tabasco es reflejo de las ineficiencias con las que PEMEX operó durante años y de una Reforma Energética que, aunque necesaria, se aprobó demasiado tarde para poder competir en los mercados energéticos internacionales. La mejor solución para que Tabasco salga de la espiral que lo hunde económicamente es continuar con la implementación de dicha Reforma. Al mismo tiempo, la próxima administración debe fomentar un entorno que permita que el resto de las actividades económicas prosperen. Solo así se impulsará la inversión privada que se traduzca en generación de empleos en todos los sectores e impulse el consumo y la economía interna del estado.

 

@MexicoComoVamos

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