Cazar moscas a cañonazos

Este es un momento ideal para recordar los errores del pasado: ni las políticas proteccionistas conducen a un mayor desarrollo económico, ni son instrumentos adecuados para la redistribución de recursos entre los ciudadanos.

Por: Jorge Alonso (@economicliberal) 

Los economistas estudiamos las virtudes del comercio internacional desde hace más de dos siglos y, generalmente, encontramos que abrirse al resto del mundo trae ganancias de bienestar para la sociedad, aunque las ganancias no se repartan de forma igualitaria violentando el sentimiento de justicia de muchos y generando una base política a favor del proteccionismo. Este es un momento ideal para recordar los errores del pasado: ni las políticas proteccionistas conducen a un mayor desarrollo económico, ni son instrumentos adecuados para la redistribución de recursos entre los ciudadanos.

En la actualidad hay tres grandes propuestas que, en mi opinión, van en contra del libre comercio y que perjudicaran a México si son adoptadas: políticas industriales orientadas a aumentar el contenido mexicano de los productos (sustitución de importaciones), políticas de autosuficiencia alimentaria (otra forma de sustitución de importaciones) y políticas que limiten la participación de los extranjeros en las actividades productivas del país a través de la inversión extranjera directa. Las tres son pésimas ideas.

La política de sustitución de importaciones es, en la práctica, una política de redistribución de recursos de los consumidores a los productores mexicanos, que podrán cobrar más caro y ofrecer productos de peor calidad, ya que no se verán en la necesidad de competir con el resto del mundo. Lo único que hace más grande este tipo de políticas es el ego de los nacionalistas pero no el bolsillo de los ciudadanos. A pesar de toda la evidencia acumulada de los enormes costos que este tipo de políticas tienen para la sociedad, las doctrinas económicas equivocadas e históricamente refutadas vuelven a surgir.

Particularmente mala es la idea de la autosuficiencia alimentaria. México tiene demasiada población en el campo, demasiadas personas dedicadas a la producción de subsistencia y demasiadas personas viviendo en zonas remotas que sufren de falta de acceso a cosas tan importantes como la educación y la salud dignas. Establecer un sistema de precios de garantía para incentivar la autosuficiencia agravará el rezago en la transformación estructural que México necesita. Además, este tipo de políticas beneficia desproporcionadamente a los latifundistas que al pequeño agricultor, como podemos observar de las experiencias proteccionistas de la Unión Europea y Estados Unidos de América.

La última política tampoco se salva. Obstaculizar la inversión extranjera directa es absurdo ya que si hay oportunidades de inversión en el país deben ser aprovechadas por quienes lo hagan “mejor”, con independencia de su nacionalidad y con independencia del sector en el que estén invirtiendo. Limitar la inversión basándose en la nacionalidad puede conducir a una menor productividad, a un menor bienestar de los ciudadanos y a menos oportunidades de empleo formal. Esto no quiere decir que el gobierno no juegue un papel importante, ya que debe garantizar los derechos de propiedad de todos y el cumplimiento de la legislación en materias de trabajo y pago de impuestos de las empresas extranjeras. Limitar la inversión extranjera directa es la peor forma de garantizar que los mexicanos se llevan una parte justa de la rentabilidad de las inversiones en el país.

Ninguno de los objetivos reales de estas políticas es malo, buscan potenciar la industria y mejorar la distribución de recursos en la sociedad. Sin duda debe apoyarse a las empresas mexicanas pero no protegiéndolas de la competencia sino preparándolas para ella. Sin duda debe apoyarse mucho más a las poblaciones rurales, que son marginadas en infinidad de dimensiones, pero no mediante precios de garantía que les incentiven a quedarse en el campo, sino con fuertes inversiones en salud, educación e infraestructura que les permitan decidir qué es lo que quieren hacer con sus vidas. Cerrarse al resto del mundo es la forma más costosa para la sociedad de cumplir estos dos objetivos legítimos. Es como “cazar moscas a cañonazos”.

 

* Jorge Alonso cursó la Licenciatura en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid, la Maestría en Economía y finanzas en el Centro de Estudios Monetarios y Financieros, la Maestría y el Doctorado en Economía en la Universidad del Estado de Arizona. Desde 2010 a la fecha, es profesor de tiempo completo e investigador en el ITAM. Forma parte del grupo de expertos de @MexicoComoVamos.

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