Por una sociedad involucrada

Independientemente de las filias y preferencias partidistas, México merece una sociedad comprometida e involucrada, que exija, y critique, pero que también proponga y ponga el ejemplo. El papel de la sociedad civil será fundamental durante la nueva administración.

Por: Ana Gutiérrez (@AnaBee92), Valeria Mendiola (@ValeMendiola) y Valeria Moy (@ValeriaMoy)

El 1° de julio estuvo marcado por una amplia participación ciudadana, por ser los comicios más grandes de la historia, y por la victoria de Andrés Manuel López Obrador como nuevo presidente electo de México. Tras un largo periodo de campañas, con promesas, discursos y debates, a la nueva administración le esperan seis años de muchos retos, y a la población mexicana le esperan seis años de poner el necesario granito de arena para que el país avance. Se deberán fijar prioridades, aclarar agendas y establecer compromisos.

El país que AMLO recibirá presenta algunos buenos y otros no tan buenos resultados en los indicadores económicos, todos ellos mejorables. En primer lugar, el crecimiento económico y la inversión han sido insuficientes y deberán ser prioridad del próximo gobierno. Un México que crece a tasas altas y sostenidas, con todos los estados incluidos, como se ha prometido en campaña, generará empleo, disminuirá la pobreza, y creará mayores oportunidades. En este sentido, el sexenio que termina creció a un ritmo de 2.5% promedio anual, pero con profundas diferencias regionales. La inversión, que al primer trimestre de 2018 cerró en 22.1% del PIB, estuvo fuertemente concentrada en el sector privado, y estuvo caracterizada por una continua caída de la inversión pública; ésta se contrajo a un ritmo de 4.2% promedio anual.

Por otro lado, AMLO recibirá un país donde se generaron más de 3.6 millones de empleos formales durante los primeros 66 meses de gobierno. Si bien se han hecho críticas bien fundamentadas sobre la calidad de los mismos, se trata de un aumento relevante en los trabajadores que puede tener acceso a las prestaciones de ley que nivelan ligeramente el terreno de juego, como el acceso a servicios de salud del IMSS y sistema de pensiones. Es un avance insuficiente, pero sin duda una buena noticia. Sin embargo, la falta de inversión pública y la aún muy alta tasa de informalidad laboral –de 52.2 %– se reflejaron en un estancamiento de la productividad laboral. Ésta creció a un ritmo de apenas 0.6% promedio anual.

La inflación –el impuesto más regresivo, pues afecta más a aquellos que no tienen acceso al sistema financiero– fue otro tema recurrente durante esta administración. Hace algunos años la inflación en México era de dos dígitos –de 26 % promedio anual en 1990, por ejemplo–, pero ahora vivimos en una época de mayor estabilidad de precios. La inflación general promedio de la administración fue 3.97 %, dentro del rango objetivo de Banco de México. Si bien tuvo un repunte importante por el alza en el precio de los energéticos durante 2017, ha retomado su tendencia a la baja. Esto también es una buena noticia.

En cuanto al combate a la pobreza, que ha sido uno de los bastiones políticos del nuevo presidente electo, debe ir de la mano del buen desempeño de muchos otros indicadores económicos. En casi seis años, el porcentaje de pobreza laboral –la población que no puede adquirir la canasta alimentaria con el ingreso proveniente del trabajo de su hogar– disminuyó en dos puntos porcentuales. La disminución de la pobreza debe atenderse de manera urgente. Pero debe entenderse la importancia de no caer en el mismo error de décadas, al esperar erradicarla a través de medidas asistencialistas que, además, puedan tener efectos nocivos sobre las finanzas públicas. Para erradicarla, el crecimiento económico importa, la generación de empleo formal importa, la inversión –pública y privada– importa, la estabilidad macroeconómica importa.

Todo presidente quiere pasar a la historia como un buen gobernante de México, y no como aquél que destruyó un país. Ningún pueblo quiere enfrentar una debacle económica que sufran generaciones. La población podrá diferir sobre los métodos, pero el objetivo es el mismo: construir una nación que crezca, donde el código postal de nacimiento no determine el futuro, donde el esfuerzo y el trabajo duro sí sean suficientes para tener éxito en la vida profesional, donde las historias de pobreza extrema y falta de acceso a servicios básicos sean cosa del pasado. Si todos buscamos lo mismo, la mejor idea será construir juntos. Si todos buscamos lo mismo, el crecimiento económico, la estabilidad macroeconómica y las finanzas públicas sanas deberán ser una prioridad para este y cualquier gobierno.

Independientemente de las filias y preferencias partidistas, México merece una sociedad comprometida e involucrada, que exija, y critique, pero que también proponga y ponga el ejemplo. En este sentido, el papel de la sociedad civil será fundamental durante la nueva administración. Merecemos ser un país donde trabajar en equipo sea la regla.

 

@MexicoComoVamos

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